MERY
Me senté para descansar, el turno había sido muy largo. Coloqué mi mano sobre mi mejilla, tratando de no quedarme dormida. Ayer habían venido a sacarme medidas para el vestido de novia. A Noah no lo eligieron; y quería estar en su lugar. Había llorado tanto estos días que me sentía seca, sin ganas de nada. Me sentía tan indefensa y chillona como antes, cuando estaba en las celdas. Mi corazón no podía asimilarlo, aunque mi cabeza estaba repitiéndoselo todo el día.
Guardé todas mis cosas como de costumbre, pero Tyron levantó dos dedos para hablarme; miré a los lados, viendo como los demás ya se iban.
—Ven un momento —volvió a hablar y dejé mi bolso para ir a donde estaba.
—¿Qué pasa? —inquirí cuando me hizo seguirlo dentro, en donde había enfermos conectados a aparatos.
—Quiero que me acompañes a visitar a los abandonados —mencionó muy despacio, mirando a todos lados.
—¿A los abandonados? —quise saber, mirándolo con mucha incógnita.
—Quisiera mostrarte cómo viven fuera, y cómo ayudamos muy pocos aquí dentro.
Me detuvo un par de minutos a pensar en lo que quería que haga, no me parecía correcta la idea de romper las reglas; era secundaria y el papel decía que a la primera se acaba todo.
—Mañana es mi boda, necesito dormir porque me han contado que es un proceso muy largo —Quise zafarme con esa, pero Tyron alargó el ceño, insistente.
Escuché que dio un suspiro, y asintió poco después.
—De acuerdo, pero quiero que sepas que después de la boda, tu marido te dirá qué hacer —amenazó.
Lo recordaba, mi madre me lo dejó claro, la presidenta tenia leyes en contra de la libertad de la mujer. Mi cabeza estaba bloqueada entre hacer lo que quería u obedecer.
No encontraba valentía.
—Está bien, iré contigo —susurré, y Tyron alargó una sonrisa.
Caminé tras de él, mirando a todos lados para que nadie del turno nocturno nos viera pasar. Pero al parecer sabía por dónde irse, y no ser visto. Me incorporé a su lado, tratando de llevarle el paso.
—Esta gente está muy manejada por la presidenta —comenzó a platicarme—, no ayudan ni a su vecino, Mery, hemos trabajado por años para ser aceptados, tener una vida mejor.
—¿Eres de afuera? —pregunté asombrada.
—Me incorporé a la ciudad hace mucho, la presidenta me dejo quedarme porque tenía demasiados conocimientos para su medicina —detalló todo—, pero al poco tiempo me tomó del pie, comenzó a amenazarme; y ya no pude seguir con mi deseo.
—¿Cuál era?
—Solo el ser parte de la ciudad; trabajaríamos como los demás, ella no lo aceptó. Cada mes se lleva toda nuestra naturaleza para su ciudad, asesina niños y padres. No permite que entremos a las pruebas...
—¿Chad es uno de ustedes? —pregunté de inmediato, él me miró.
—Sí, fue el primero en poder entrar, la presidenta quería vengarse, pero le fascinó el rendimiento del muchacho, y lo dejó continuar —miró enfrente, caminando por la oscuridad, me dejo que me agachará un poco—. Por eso capturo más, pero todo se le está revirtiendo, tenemos que sacarlo o los asesinará a todos.
Todavía tenía muchas dudas rondando mi cabeza, y tan poco tiempo que quería escapar. Al parecer esa mujer era peor de lo que imaginaba, y amenazaba gente porque sí.
Nos metimos a un túnel, pisando agua estancada y restos de basura. Se me erizó la piel, y me abracé, caminando más rápido hasta que pude ver una luz al interior.
Tyron colocó ambas palmas de las manos juntas e hizo un sonido de como de ola marina; no sabía si era una contraseña o algo, pero al llegar al final dos mujeres me miraron y después a él.
—Ha venido a destruir casa, Tyron —habló una mujer con preocupación—, cree que tuvimos algo que ver con la bomba.
Una de las mujeres bajo la poca luz me miró, inspeccionó todo mi cuerpo y mi ceño. Al poco rato me tendió la mano para ayudarme a bajar del túnel. Vestían de negro y parecían a ver manchado su rostro a propósito.
—No podemos quedarnos más tiempo a que hagas tu movimiento —murmuró la mujer de nuevo cuando no hubo respuestas de Tyron—, queremos recuperar a nuestros hijos y huir al norte.
Tyron negó de inmediato.
—Ella nos encontrará, siempre lo hace —habló molesto en su tono en voz—, hemos perdido bastante.
La otra mujer parecía toda más molesta, de hecho, arrancó su andanza mucho más rápido que nosotros, bufando mientras lo hacía.
—Ya no tenemos comida, se ha llevado nuestros cultivos —escupió entre dientes—, ¡Es una perra arpía!
No pude estar más de acuerdo en ello.
Llegamos a un campamento, ni siquiera eran remolques como lo había visto antes en el recorrido de los secundarios. Solo eran lonas acomodadas y fogatas bien estructuradas; sentí el olor de humo y carne asándose. Niños corrían de un lugar a otro, sin zapatos, sucios.
—¡Bienvenida a la rebelión! —aclaró Tyron, señalando todo el campamento.
Esto me decía que sin duda estaban preparando una, pero les hacía falta algo, un botón, un incentivo, algo.
—¿Es la secundaria de la que hablabas? —inquirió la mujer que parecía vivir molesta—, no es como la imagine.
Su comentario me ofendió, todos me juzgaban por mi imagen, flacucha y fea, estaba un poco harta de ello.
—¿Ayudará? —preguntó la otra mujer.
¿Ayudar? ¿yo? Negué de inmediato, levantando las manos para que se dieran cuenta.
—No, yo no tengo nada que ver con esto —aclaré de inmediato.
Ambas me miraron, juzgándome con sus ojos entornados a mí. Pensarían que soy una cobarde, pero no sabía en que implicaba esto, no quería meter a mis padres, a mi hermano.
Chad.
—¿Por eso me has traído? —pregunté de inmediato a Tyron, en modo de protesta—, estas equivocado conmigo, tuviste que buscar a Chad.
Me di la vuelta tratando de irme por donde vine.
Tyron me siguió de inmediato, moviendo la mano en calma, tratando de detenerme con un poco de fuerza.
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Editado: 07.05.2026