CHAD
—Déjame tocarte —susurra, colocando ambas manos en mi abdomen, tocando la zona alrededor.
Siento que baja la mano, tocando debajo de mi vientre, hace tanta fuerza que me lastima.
—¿Qué pasa, Seis? —inquiere, todavía meneando la mano en esa zona—, ¿quieres que te inyecté como la última vez?
Respiro profundo, tratando de concentrarme y que todo esto acabe. Me concentro en esa zona, sin abrir los ojos, sintiéndola en mí, moviéndose y jalando mi cabello con fuerza. Los ruidos que hace me perturban, me da asco.
Entierra sus uñas en mi piel y me muerdo el labio sobrellevando el dolor que me marca la espalda y mi zona, sus movimientos son demasiados fuertes, como si quisiera acabar conmigo de una vez por todas.
Grita y se deja caer sobre la cama, me levanto de un salto y me dirijo al baño para vomitar, sacando la bilis con amargura. Me siento mareado y meto mi cuerpo desnudo debajo del chorro de agua caliente, tratando de sentirme vivo de nuevo, limpio, liberado.
Me caigo sobre el suelo helado, bajo el chorro de agua caliente que me cubre por completo, intento respirar, y no volver a vomitar.
—¡Seis! —grita del otro lado de la habitación, y no respondo, espero hasta que las copas de más le hagan efecto y se quede dormida, que no me vuelva a tocar.
Chillo bajo el agua, aguantando las ganas de correr a ella y asesinarla con mis propias manos. Salgo cuando escucho sus ronquidos por toda la estancia, me pongo ropa ligera y me voy de la habitación.
Los guardias me siguen con la mirada, pero no me importa, de todas formas, nadie dice nada, la odian tanto como yo.
—¡Seis! —escucho tras de mi pero no me giro, sigo mi paso para salir—, no puede irse, la presidenta me ha dejado la orden.
Lo miro, un guardia un poco mayor me mira, tomando su arma en su cinturón; y sigo mi paso.
—¡Debe quedarse! —grita antes de que yo atraviese el umbral, y vuelvo para encararlo.
—Me importa una mierda lo que ella ordene —escupo con ira, caminando y viendo como comienza a caminar hacia atrás, cohibido—. Ya he cumplido por hoy, y tengo derecho a irme —bufo, dejándolo pegado a la pared de las escaleras.
No dice nada, y solo me mira irme. Tengo tiempo, ella estaba ebria y no despertará hasta que el sol le pegue en el rostro. Ya es media noche y voy tarde para encontrarme con Mery y Tyron, me darán indicaciones y yo haré de todo para poder formar un ejército con los secundarios, antes de que entren a su prueba final.
Me ajusto el arma al cinturón, me percato que no haya nadie cerca y me adentro a la oscuridad detrás de la ciudad, respiro irregular por las ganas de vomitar de nuevo, siento que mi estómago se hunde y trato de soportarlo, sentir el aire fresco y olvidarlo.
Veo de lejos la diminuta luz roja que Tyron dijo que avisaría su llegada y me apresuro. Solo veo a Mery sonreír y corro para poder abrazarla, al parecer la tomó por sorpresa porque se sorprende cuando caigo entre sus brazos.
Me reconforta sentir su calor y me trae de nuevo a la vida.
—Andando —interrumpe Tyron y ambos asentimos entrando al túnel para encontrarnos con la rebelión.
—Tardaste un poco creí que no vendrías —aclara Mery, tomando mi mano por la oscuridad.
No contesto, y frunzo el ceño. La luz nos da en la cara y por fin pasamos del otro lado. Emer está del otro lado esperándonos, y bajamos de un salto.
—Tenemos que movernos de inmediato, los secundarios ya están siendo seleccionados para morir dentro de la última prueba —Señala—, y todos son de los nuestros.
Miro de reojo a Emer, me quiero imaginar que es parecida a mi padre, lo más cercano que tengo de él.
—La demanda esta puesta, todos están avisados del golpe —responde Tyron y no sé a qué se refiere.
—¿Cuál golpe? —inquiero.
—Ellos confían en ti, te seguirán, debes dar el golpe, mejor, no como la última vez —Se burla Emer.
—Tendrás que entrar y sacar a todos los que quieran unirse a la rebelión y que estén dispuestos a pelear la revolución —explica Tyron como mejor posición—, los guiaras, Seis.
No digo nada, todas las miradas están puestas en mí, no puedo decidir algo así como si nada.
—Y después de sacarlos y traerlos —comienzo—, ¿podré quedarme aquí y no volver? —inquiero.
—Nos moveremos al norte, ahí tendremos más soldados, la presidenta tiene mucho poder en armas, necesitamos mucha gente —dice Emer, metiéndonos a su tienda cuando por fin llegamos al campamento—, todos nos iremos, si quieren salvar a sus seres queridos, ahora es cuando.
Mery se tensa en mi agarre, y siento que está preocupada.
—¿Y si ellos no quieren venir? —pregunta, mirando a Emer con seriedad.
Emer da un trago a su vaso, y frunce los labios sin importancia.
—Solo hay dos lados, Mery, y no podemos hacer nada más —contesta.
Emer es tan alta como, y todo su semblante se ve rudo, su ceño fruncido da miedo y se le nota a leguas que es letal en batalla.
Miro a Mery.
—No te preocupes, ellos querrán venir —La animo sin siquiera saber si lo harían.
Ella asiente, pero no se queda tranquila, su agarre sigue siendo tieso.
—Tenemos alguien en el sistema de la ciudad falsa —explica Tyron, colocándose con los brazos cruzados—, trabajaras con él muy de cerca, su nombre es Yordy, dueño de los guardias de prisión y uno de los que tanto alegó para tenerte entre sus guardias —Me mira y asiento.
—Él te reconocerá de inmediato —comienza Emer robándole la palabra a Tyron—, solo es cuestión de que te acerques a él.
—¿Cómo puedo acercarme sin levantar sospecha? —cuestiono, y ambos se miran mutuamente.
—Debes cometer un crimen lo suficientemente fuerte para que ella te encierre —responde Tyron.
—Ella no lo encerrará —Tira Mery, con molestia—, no perderá a su amante.
Me repudia más escuchándolo de sus labios.
—Ella lo hará, la conozco —explica Emer—, solo tira todo su licor por la ventana, ella estará furiosa y te enviará a las celdas como castigo, fue lo que le hizo a Logan.
#38206 en Novela romántica
#4032 en Ciencia ficción
guerra civil, distopia juvenil, romance accion aventura postapocalíptico
Editado: 17.08.2026