La prueba del cielo

CAPÍTULO 3 — Lugar y apellido

Lyra aprendió pronto que había dos Valaris.

Una se mostraba al pueblo: plazas enormes, estatuas vigilantes, calles diseñadas para hacerte sentir pequeño. La otra vivía detrás de puertas altas y corredores silenciosos, donde el mármol brillaba y las decisiones se tomaban lejos de los oídos comunes.

La recepción previa al Torneo pertenecía a esa segunda ciudad.

Lyra avanzó por la galería junto a su madre. Las paredes estaban cubiertas de relieves antiguos: dioses guiando ejércitos, dioses castigando ciudades, dioses bendiciendo reyes muertos.

El cielo siempre aprobaba.

O eso decían.

—Sonríe un poco más —susurró Lady Maera—. Esto no es la plaza.

Lyra ajustó el gesto.

El salón estaba lleno de luz dorada. El murmullo de títulos, apellidos y promesas flotaba en el aire como perfume caro.

—Casa Valen —anunció un heraldo.

Lyra supo que Kael estaba allí antes de verlo.

Kael caminó hacia ellas con facilidad estudiada.

—Lady Lyra. Lady Maera. El cielo nos concede un día memorable.

—Kael —respondió su madre—. Tu presencia honra este evento.

Kael volvió sus ojos hacia Lyra.

—Estuviste impecable en la procesión —dijo—. Valaris necesitaba verte hoy.

Yo no, pensó Lyra.

—Valaris necesita creer —respondió.

Kael sonrió.

—Y tú haces que creer sea fácil.

Antes de que Lyra contestara, una risa discreta sonó cerca.

—Siempre tan poético, Valen.

Aren Nox estaba a unos pasos, sosteniendo una copa como si fuera un escudo.

Kael ladeó la cabeza.

—Nox. No te había visto entrar.

Mentira.

—El orden de los invitados es claro —continuó Kael—. Casas mayores primero. Luego… apoyo.

—Mi casa sirve al reino —replicó Aren—. No a desaparecer dentro de él.

El ambiente se tensó.

—Qué discurso tan valiente —dijo Kael—. Aunque peligroso.

Lyra intervino:

—El Torneo aún no ha comenzado. Quizá podamos guardar esto para el Círculo.

Ambos la miraron.

Kael estaba entretenido. Aren, sorprendido.

—Hoy no es día de disputas personales —admitió Kael—. Hoy recordamos quién representa qué.

Apoyó una mano cerca de Lyra, sin tocarla.

—Eres ese recordatorio.

Lyra sintió el peso invisible posarse de nuevo.

Más allá, los rumores circulaban.

—Un Nox no debería estar aquí.

—Los Lyren siempre obedecen.

—Valen ganará. Siempre ganan.

Aren se inclinó hacia Lyra.

—No tienes que interponerte —dijo en voz baja.

—No lo hice.

Aren pareció dudar, luego aceptó.

—Claro.

Kael observó todo, en silencio.

—Dime, Nox —preguntó—. ¿Esto es ambición o ignorancia?

Aren no levantó la voz.

—Es participación. Así lo proclama el Templo.

—El Templo proclama muchas cosas.

Kael dio un paso más cerca.

—Pero el cielo no responde igual a todos.

Lyra habló antes de pensar:

—Tal vez el cielo esté cansado de escuchar siempre los mismos nombres.

El salón entero pareció contener el aliento.

Kael sonrió.

—Eso es lo que hace única a Casa Lyren.

Luego se retiró.

Aren soltó el aire.

—No deberías hacer eso.

—¿Existir? —respondió Lyra.

—Eso tiene consecuencias.

—Lo sé.

Y por primera vez, Aren tuvo la sensación incómoda de que Lyra estaba más atrapada que él.

Una campana sonó a lo lejos.

El Torneo se acercaba.

Y Valaris, desde sus estatuas y salones, seguía mirando.



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En el texto hay: fantasia, juvenil, romance

Editado: 01.05.2026

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