La que desapareció del tiempo:el lamento de los dragones.

Capitulo 2: Fingir normalidad

Luego de esa pesadilla intenté retomar mi día con normalidad, pero algo en el pecho no me dejaba tranquila

Luego de esa pesadilla intenté retomar mi día con normalidad, pero algo en el pecho no me dejaba tranquila. Tomé una ducha caliente para despejar la mente. Funcionó, y ahora, un poco más tranquila, me dispuse a bajar a desayunar con mis padres, que ya me esperaban.

—Buenos días —saludé.

Mi padre estaba leyendo el periódico, mientras mi madre preparaba el desayuno. Ambos, al escuchar mi saludo, dirigieron su vista hacia mí.

—Buenos días, princesa —saludó mi padre, dejando de lado el periódico que tenía en mano.

Me senté en la silla que está a su derecha, y mi madre dejó el plato con la comida frente a mí y me besó la frente.

—¿Te sentís mejor, corazón?

—Sí, solo fue una recaída —contesté mientras tomaba un poco de los huevos revueltos que tenía en el plato.

Puedo ver cómo me analiza con la mirada, intentando descubrir si hablo en serio o no. Mientras tanto, mi padre vuelve a retomar su lectura, aunque no quiere quedarse fuera de la situación, y suelta un comentario:

—Querida, tener una recaída significa que algo te estresó o te hizo sentir mal. ¿Qué fue esta vez? —Pasa de página mientras levanta la vista por encima de sus lentes. Sus ojos marrones me interrogan sin esfuerzo.

—Yo... —me tomo un momento para responder, en esta ocasión no tengo una respuesta para explicar por qué los sueños volvieron—. Estoy estresada por el comienzo de clases, ya saben, siempre tengo pesadillas cuando vuelven —me encojo de hombros, restándole importancia a la situación.

Vuelvo la mirada al plato, pero de reojo puedo ver cómo mis padres se miran entre ellos. Sé que no están convencidos por mi excusa, pero por lo menos no me van a seguir preguntando cosas durante el desayuno.

Cuando miro el reloj, veo que faltan cinco minutos para que Sigrid pase por mí para ir juntas a la universidad. Me apuro lo más posible para terminar mi desayuno y organizar mis cosas. A ella no le gusta llegar tarde, y si es por mi culpa, me va a matar.

Cuando termino de guardar el último libro, escucho la bocina de su auto sonar afuera de casa. Estoy por salir cuando la voz de mi madre me detiene.

—Aida, cariño, les preparé esto para el camino —me extiende una lonchera—. Y recordá: todo va a estar bien.

Me envuelve en un cálido abrazo y entonces todos mis miedos, todas las dudas y el frío que se había instalado en mi corazón desaparecen. Ese... ese era el poder que tenía mi madre: no importa cuántas veces la oscuridad intente llevarme, ella siempre me salva.

—Gracias, mamá —la abrazo con más fuerza antes de soltarla—. Nos vemos a la tarde. Los amo.

Me despido rápidamente y salgo a toda velocidad. Topo con el auto de Sigrid. Dentro de este, la veo, como siempre impecable. Su hermoso pelo rubio suelto y una sonrisa en el rostro. Me saluda enérgicamente con la mano, y en el asiento trasero logro ver a Solveig, que baja la ventanilla para gritarme:

—¡Vamos, Ada! Los demás ya nos esperan allá.

Suelto una carcajada mientras corro hacia ellas. Al subir al vehículo, el perfume a limón de Sisi me golpea la nariz. Me abraza con fuerza y luego pone el auto en marcha.

—Sisi, ¿por qué mandaste a Sol a los asientos de atrás? Va a empezar a odiarme —le pregunto mientras me miro en el espejo las marcadas ojeras que tengo de tantas noches sin dormir bien.

—No te preocupes, Ada, yo opté por sentarme atrás. Todos sabemos que sos la favorita de mi hermana —responde Sol mientras busca algo en su mochila.

—No exageres, vos siempre vas a ser mi hermanita, ¿eh? —dice Sigi mientras suelta una risita y la mira por el espejo retrovisor.

—Oh no, no quiero quedarme en el medio de una pelea de ustedes, menos en un ambiente cerrado como un auto —levanto las manos en señal de paz.

Las hermanas sueltan una risa, y mientras nos ponemos al día sobre las clases del día, el viaje se hace ligero. Como dijo Sol, el resto del grupo ya nos espera en la puerta de la universidad.

Al bajar del auto, todos se nos acercan. Apenas pongo un pie en el suelo, los brazos de Leif me envuelven y me levanta para darme una vuelta. Al dejarme en el piso, nuestros labios se unen y todo a nuestro alrededor desaparece. Nos separamos y con voz suave me dice al oído:

—Te extrañé, princesa.

Suelto una risa y rodeo su cuello con mis brazos.

—No exageres, nos vimos ayer —le doy un beso rápido y me separo de él.

—Para mí fue una eternidad —dice mientras esconde su cara en mi cuello.

Nuestro momento no dura mucho porque Mikael suelta un comentario típico:

—Chicos, es demasiado temprano como para que sean tan empalagosos —hace una mueca como si fuera a vomitar.

Los demás se ríen y Leif le da un golpecito amistoso en el brazo. Empezamos a caminar todos juntos, comentando sobre las clases que tenemos.

Mientras seguimos nuestro camino, me llama la atención la conversación que tienen Noah e Ingrid.

—Me emociona tener clases con el señor Ferrer. Nos va a llevar a la nueva muestra del museo.

—Yo también. Estoy esperando tener historia moderna con él —Noah se acomoda los lentes.

—¿Tienen clases con el señor Ferrer? —pregunta Liam mientras saca un paquete de galletas de su mochila.

Noah levanta una ceja, sorprendido.

—¿Lo conocés?

—En la universidad es conocido por su investigación sobre una aldea vikinga que está a unas horas de acá.

Al escuchar esa última frase, la sangre se me congela y no puedo evitar meterme en la conversación.



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En el texto hay: vikingos, viajeseneltiempo, dragones humano dioses

Editado: 29.08.2025

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