La Rara Y El Muerto

1. LA RARA

Gracias a Dios, me consideran la rara.

Bien, sé que eso no suena como una bendición para muchos pero desde pequeña me di cuenta que yo no era como el resto.

A ver, no lo digo como esas chicas que quieren sentirse superiores, lo digo porque es verdad.

Cuando era niña no me gustaba jugar de nada. Ni deportes ni videojuegos ni de vestirse de princesas porque toda la diversión estaba en lo cabeza. Mi imaginación siempre hacia escenarios mejores que mi realidad.

Luego estaba en primaria y aunque empezaban las charlas sobre "Ella tiene novio" "Tengo mi primer kit de maquillaje" Yo solo quería estar sola para seguir imaginando.

Creo que se volvió una obsesión y luego en internet descubriría que eso se llama "ensoñación extrema" algo que no pensaba que fuera malo hasta los doce años.

Bueno... En ese año estrenaron la película de una princesa y un ladrón, me gustaba tanto que actuaba las escenas en mi habitación pero un día lo empecé a hacer en cualquier momento donde no hubiera nadie alrededor.

Como el baño de la escuela.

El baño donde no me fijé y Holly Cantori estaba ahí, escuchando todo. Me grabó y se lo envió a todos sus amigos, que se lo enviaron a todas las personas que quisieron.

Y desde entonces soy Samantha Branson, la rara de la escuela de la ciudad de Flores.

No hay nadie más raro en este mundo que yo (según ellos) pero yo he estado observando a alguien... Un muerto viviente.

Bueno, en realidad, así le dicen a Garret Black, el chico con el apellido más acorde a su estilo de vida. El chico que es raro, pero de un modo distinto a mí.

Él está interesado en cementerios, creaturas raras y siempre dice cosas como "te hechizare si no te vas" o mira a las personas como si estuviera enviando un embrujo telepático. No he hablado con él, al menos no que recuerde desde que llegó hace dos años, pero es la persona más… raramente interesante de por aquí.

Además… quizás no debería confesarte eso pero, es lindo. Ya, lo dije. Lo es… de una manera muy extraña, como una de esas imágenes abstractas que te llama la atención aunque no tienes idea de por qué.

Bueno, ya mucho de todo eso. Lo importante es que ahora mismo estoy dentro de un horno humano, ósea, el disfraz de la mascota escolar “Little Lion” el león rosa que representa el espíritu escolar, la honestidad, el empoderamiento femenino (según la directora Ortega) y no sé qué otras cosas más.

Levanto los brazos y muevo la cadera en círculos mientras las hermosas animadoras hacen lo mismo pero sin verse ridículas. El capitán del equipo de básquet se la pasa a alguien y ¡anotación!

Todos celebran, todos me empujan y todos aplauden como si este juego escolar fuera algo olímpico. Mi frente tiene una capa de sudor y mi pobre desodorante está por extinguirse. A mi lado alguien me mueve y resbalo, me caigo de rodillas y nadie me ayuda. La cabeza de león se me mueve a un lado por lo que no puedo ver bien, intento ponerme de pie y cuando lo logro.

Alguien me arranca la cabeza.

No literalmente, obvio.

Y bueno, esa es la vida de Samantha Branson en la secundaria, en la vida y en cada línea temporal de cada universo.

~

Quería quitarme la cabeza pero no podía, al menos eso dicen todos los deportistas en esta tonta fiesta a la que mi padre pensó que sería una buena idea que yo fuera.

Él sabía que todos iban a celebrar por la victoria pero fue él quien sugirió que yo llegara como si fuera bienvenida, como si esas personas no pensaran que soy un fenómeno pero bueno, mi papá solo tiene las mejores intenciones y yo no quiero confesarle que en realidad, no tengo amigos.

Así que, aquí estoy.

Hay luces apagadas, personas riendo y bailando y música muy fuerte. Sé que no solo están los deportistas pero no encajo aquí y es obvio cuando siento como alguien me empuja la cabeza de león y la gira, dejándome sin ver nada por unos segundos.

Esto es demasiado.

Te preguntaras por qué rayos no me quito el traje. Bueno, según las animadoras, nos íbamos a tomar fotos para el equipo y era “extremadamente esencial” que la mascota apareciera pero han pasado muchos minutos y nadie me pide una foto.

Quizás solo debería irme.

Me muevo sigilosamente hasta un pasillo y finalmente me arranco la cabeza de león afelpado. El aire golpea contra mi rostro y pego una larga respiración.

Llegué aquí en el auto de mi padre, sin la cabeza puesta y con aire acondicionado y no puedo esperar a irme. Solo tengo que esperar unos quince minutos y avisarle que ya me quiero ir.

Veo las puertas de la casa de Fresia, una chica que hace fiestas todo el tiempo y que he llegado en ocasiones con la esperanza de que mi vida adolescente cambie y sea más social pero eso jamás ha sucedido. Tal vez estoy buscando en los lugares incorrectos.

Mi abuela siempre dice que los amigos no existen, que tu único amigo es Jesús. Con todo respeto a mi abuela y a Jesús, yo quiero un amigo más… físico. Alguien con quiere ser yo y no sé, solo reír y aburrirnos. Hacer lo que todos hacen.

Pero las raras no tenemos amigos, solo enemigos.

Me muevo hasta el baño de visitas y me adentro rápido, encerrándome por unos varios minutos.

Para sacar mi teléfono tengo que sacarme el traje y poder alcanzar mi bolsillo de atrás así que eso hago y logro enviarle unos mensajes a papá sobre que recordé que tengo que terminar una tarea y tengo que irme rápido.

Tengo el peor atuendo debajo, unos pantalones de mezclilla cortos y una camiseta de tirantes así que no puedo salir de esta forma, además tendría que ir cargando el disfraz por todo el lugar por lo que mi única opción es volver a ser el león rosa pero esta vez me quedo con el teléfono afuera.

Antes de salir del baño veo mi reflejo y me dan ganas de arrancar todos los espejos del mundo para jamás ver esto de nuevo. Sin duda comprendo ahora más que nunca por qué dicen que soy una perdedora.




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