La Rara Y El Muerto

3. LA RARA

Me recuesto en la puerta cuando la cierro.

Cierro los ojos un momento y puedo sentir como mi corazón late más rápido de lo normal. No sé porque pero estoy sonriendo y me siento diferente, como algo que no he experimentado antes, como algo que he querido experimentar desde siempre.

Abro los ojos, enciendo la luz y dejo la cabeza de león sobre el sofá para luego finalmente salirme de este disfraz. Me inclino y me siento en el suelo, recostando la espalda en la mesa del centro y abrazando mis rodillas.

Cierro los ojos otra vez y regreso a ese momento en la fiesta, con Garret. A cuando estábamos en su auto. A ese momento cuando se inclinó y su rostro estaba muy cerca del mío.

Me levanto de un salto y voy a mi habitación, entro y me dejo caer sobre la cama de espaldas. Viendo hacia el techo me imagino como hubiera sido si él se hubiera inclinado a besarme.

Mis mejillas se sienten calientes y en mi estómago tengo cosquillas. Levanto una mano y la llevo a mis labios, respiro profundo y lo vuelvo a ver en mi mente, ese momento imaginario donde él me besa.

Bueno, basta Samantha.

Tengo la mala costumbre de imaginarme momentos románticos con cualquier chico que sea mínimamente amable. Seguro que Garret ya ni siquiera está pensando en mí, seguro que él tiene mejores cosas que hacer que imaginarse escenarios falsos conmigo.

Giro sobre la cama y hundo mi cabeza contra la almohada. No puedo parar la sensación de electricidad en mi interior, es algo tan adictivo pero dañino al mismo tiempo. Cada vez que me ilusiono con alguien termina en fracaso.

Vuelvo a darme una vuelta y me siento. Tengo que llamar a papá antes de meterme a bañar, me levanto de la cama y toco mis bolsillos pero mi teléfono no está ahí.

Ah, seguro lo dejé a un lado del traje de león.

Bajo de nuevo las escaleras pero cuando llego ahí, no está. No está en el sofá, en la mesa ni dentro de la cabeza de león.

Pero entonces recuerdo que sí lo llevaba conmigo cuando iba en el auto de Garret, pero creo que no salí con él. Ay, no, ¿Lo olvidé ahí adentro? ¿Y ahora qué hago?

No tengo como avisarle a papá o a él, solo me queda quedarme aquí o ir a su casa aunque está oscuro y tal vez ni siquiera fue ahí. Supongo que lo mejor que puedo hacer es esperar.

Pensaras que debería usar mi computadora y enviarle un mensaje por redes sociales pero aunque yo sí uso, no tengo a nadie de la escuela agregado y ni siquiera estoy segura si Garret tiene alguna cuenta.

Suspiro y decido resignarme, esperando que papá no esté preocupado.

Para pasar el tiempo solo me preparo un té y me hago un sándwich con queso y pollo que mamá preparó ayer. Me siento a ver algo en la televisión pero nada es realmente interesante, sigo cambiando los canales y llego a uno de videos musicales.

No conozco esta canción, no se ve ni suena tan moderna pero tiene esas vibras de banda sonora de alguna película romántica. Le subo el volumen y acerco el té a mi boca pero todavía no lo bebo.

Mis ojos están clavados en el video musical, una chica bailando en la playa con un chico bronceado y un atardecer de colores intensos. Sé que todo es actuación pero mi mente me manda señales y todas dice: queremos eso.

Sí, eso quiero.

Quiero sentir qué es el amor, quiero bailar en la playa y quiero la vida que veo en todas partes pero mi realidad me recuerda que no es para mí. Como cuando era niña y me imaginaba que mis años de adolescencia serian como en las películas, con citas y amigas reunidas en mi habitación.

Pero todo lo que soy, es una chica sola en un viernes por la noche.

Finalmente tomo el sorbo del té y está muy caliente, quema la punta de mi lengua. Suspiro, soplo la bebida y doy otro sorbo pero sigue sin poder ser bebible todavía.

Dejo la taza en la mesa, la canción cambia y ahora es un chico cantando sobre planes y fe. Subo la mirada a la ventana opacada por la cortina y las luces de los autos que la iluminan brevemente.

Recuerdo una vez imaginarme que en una noche oscura, vería como todas las ventanas se iluminaban intensamente y cuando salía a ver qué era, me encontraba con una nave espacial.

Yo sé, mi cabeza no es normal.

Regreso mi atención a la música y termino de comer. Me levanto a dejar el plato y la taza en el fregadero cuando escucho el timbre. Voy hacia la ventana de un costado desde donde se puede ver la puerta y mi corazón se detiene por un segundo.

Es Garret.

Tengo que parpadear rápido para asegurarme que esto no es una alucinación.

No, no lo es. Garret Black está en mi puerta.

Respiro profundo, me aliso el cabello con las manos y voy ahí para abrir lo más casual posible.

Garret eleva la mirada a mí y mi corazón pega un salto. —Hola —decimos al mismo tiempo—. Lo siento —volvemos a hablar al mismo tiempo.

Me cubro la boca. —Tú primero.

Garret sonríe. —Lo siento, eh, esto es tuyo.

Levanta mi teléfono en su mano. — ¡Si, gracias! —celebro.

Me lo entrega. —Tienes una llamada perdida, eso es lo que me hizo darme cuenta justo antes de bajarme.

Seguro es papá. —Ah, gracias, lamento que tuviste que venir aquí otra vez. Lo siento, estaba distraída.

Por ti, básicamente.

—Está bien —se pasa la mano por su cabello—. No importa.

Garret me mira a los ojos y no dice nada más, yo tampoco. Supongo que ya tiene que irse pero no quiero que lo haga, aunque no es que tenga otra razón para seguir aquí.

—Bueno, gracias —sonrío—. De nuevo.

—De nuevo, no hay problema.

La música que he dejado en el televisor no está ayudando a mi corazón porque es romántica, es dulce y yo solo sé que este momento será otro que repetiré en la noche antes de dormir.

El viento sopla y mueve el cabello algo largo de Garret, el aire toca mis piernas y mis brazos recordándome que tengo el peor atuendo en este momento. Es mi ropa que nadie mira, la ropa que va debajo del león.




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