No esperaba en absoluto encontrarme con Garret.
Lo he visto en la escuela y él a mí con atuendos normales pero mi primera interacción con él fue ayer usando mi traje de mascota rosa y hoy con mi pijama. Esto es tan vergonzoso.
Además, él se ve bien con la frente descubierta. Realmente bien.
—Entonces… anoche, ¿Tuviste pesadillas luego del programa? —Pregunta.
Suelto una risita. —Eh, no, por suerte no.
—Que bien —sonríe de lado.
Bajo la mirada a mis zapatillas gastadas y por un momento ninguno dice nada. Tal vez solo debería despedirme y regresar a casa.
—Es cada viernes —dice—. Las transmisiones en vivo pero los lunes y miércoles hay videos, como, él relatando videos de la audiencia, digo, historias de la audiencia.
—Ah —levanto la mirada—. Voy a verlos entonces.
Se rasca el mentón. —Sí, Sí deberías. Es entretenido.
De nuevo, otro silencio y esta vez un poco más largo.
Solo porque siento que tengo que hablar, digo: — ¿Quieres…?
Al mismo tiempo Garret habla: — ¿Tienes…?
Reímos por lo bajo, extiende ambas manos. —Tú primero.
Sacudo la cabeza. —No, tú primero.
Se encoje de hombros. —Bueno, solo… ¿Tienes algo que hacer hoy? ¿Más tarde? ¿En la tarde?
Un momento, ¿Está invitándome a pasar el tiempo con él? Voy a gritar. Voy a morir. Voy a morir gritando.
—Uh, no…
— ¿Qué ibas a decir? —pregunta.
Tomo una respiración. —Bueno, solo iba a preguntar si querías una rosca de azúcar —levanto la bolsa—. Mi mamá las ama y siempre me manda por ellos, se acaban pronto, la señora Montgomery realmente se volverá millonaria con sus postres y… bueno, ¿quieres?
Garret da dos pasos para acercarse, está cerca. —Claro, suena bien.
Abro la bolsa y tomo una de color rosado, se la entrego. Era mía pero no importa, a veces debes sacrificarte en nombre de lo que sea que esto sea. —Ten.
La sostiene con la mano derecha. —Gracias Samantha —le da un mordisco—. Oye, entonces, ¿no tienes nada que hacer más tarde? ¿Cómo a las cinco?
Niego. En mi hermosa vida sin amigos tengo mucho tiempo libre, lo uso para cualquiera de mis pasatiempos temporales o solo ver cosas por internet.
—Estoy libre —afirmo—. ¿Por qué? ¿Algún plan?
—Si quieres… no sé, podemos hacer algo —da otro mordisco—. Solo digo que no me desagradas, eres lo contrario a la mayoría de la escuela y tienes un buen sentido del humor.
Aprieto los labios mientras internamente me estoy derritiendo. Basta. Este chico solo es amigable y quizás podrá ser mi amigo, no tengo que arruinarlo con un enamoramiento platónico. No importa lo alto que es ni que su cabello contrasta bien con su tono de piel.
No, no importa.
—Si podemos —meso la bolsa—. Algo como…
He escuchado suficientes rumores de Garret Black. Que va al cementerio todas las semanas. Que juega con tablas embrujadas y contacta a los muertos. Que su habitación está llena de sustancias ilegales y velas negras. Que tiene un tatuaje con símbolos y palabras en lenguas muertas.
Pero, ¿te digo algo? Nada de eso me hace sentido con este chico que tiene migas de pan dulce en sus labios y que ha sido amable.
— ¿Quieres explorar un lugar abandonado? —pregunta de pronto.
Um, bueno, quizás algunos de esos rumores sí son verdaderos.
Aclaro la garganta. — ¿Qué tan abandonado estamos hablando?
Suelta una risa. —Buena pregunta. En realidad no está abandonado en sí, es un centro comercial a unos veinticinco minutos de aquí pero solo quedan como diez tiendas y es grande pero está vacío.
Asiento. —Entiendo. Bueno, suena divertido.
Inclina la cabeza. — ¿De verdad? ¿Sí quieres?
Es mejor que estar en casa buscando alguna película para ver y luego terminar decepcionada. —Claro.
—Claro —repite—. Entonces, ¿paso por ti como a las cuatro?
Mi corazón pega un salto. Un momento, ¿es esto una cita? Parece que sí, ¿no? —Ah, sí, esa hora está bien.
Da un paso más hacia mí. —Te veo entonces, Samantha.
Mi cuerpo se está llenando de chispas otra vez. —Te veo, Garret.
Él me mira por unos segundos más antes de irse a su auto y alejarse de la casa de su abuela.
Respiro profundo y camino a mi casa.
Sin darme cuenta entro sonriendo, es mamá quien me señala el rostro y pregunta por qué estoy tan feliz.
—Porque amo el pan —contesto, dejando la bolsa en la mesa.
Papá suelta una carcajada. —Todos amamos el pan.
Los miro por un momento y luego recuerdo que acepté ir con Garret y aunque ellos no son estrictos, tengo que pedirles permiso. —Um, ¿puedo salir hoy en la tarde?
Mamá trae un plato para colocar el pan ahí. — ¿Salir?
Rasco mi nuca. —Sí, salir, como allá afuera —bromeo—. Solo es un centro comercial.
Mi papá levanta una ceja. — ¿Vas a ir al centro comercial? ¿Qué pasó con tus creencias de que ya no es necesario salir para ir a comprar algo?
Sacudo la mano en el aire. —Se quedaron en el pasado, he regresado a los viejos tiempos —muevo una silla del comedor y me siento, con la pierna cruzada—. Entonces, ¿Sí puedo?
—Supongo —mamá dice, sentándose también—. ¿Con quién vas a ir?
Papá me mira, esperando la respuesta también.
¿Les digo o no les digo?
—Bueno… es una persona de la escuela —estiro la mano para tocar una de las hojas de la flor que adorna el centro de la mesa.
— ¿Persona? —Papá pregunta—. ¿Chica o chico?
Me acomodo en el asiento. —Chico…
— ¿Chico? —Mamá repite, elevando su tono—. Espera, ¿Vas a tener una cita?
— ¿Qué? —papá y yo preguntamos al mismo tiempo.
Sacudo las manos en el aire. —No, no es una cita. Es Garret, solo es Garret.
— ¿Garret? —Papá frunce el ceño—. ¿Está en tu clase? No recuerdo a un Garret, ¿Cuál es su apellido?
—Black —contesto.
Papá entorna la mirada. —Ah, ya sé quién es. Es el niño que siempre tiene el cabello en el rostro, ¿no?
— ¿Cómo así? —mamá lo mira.