¿La primera?
¿Habrá más?
¿Quiere que haya más?
—Ven, hay mucho que ver —dice, moviéndonos fuera del área de Sweet Coffee.
Mientras ambos bebemos de nuestros cafés, caminamos en silencio viendo los locales sin personas. Ni siquiera hay música sonando como en otros lugares, solo silencio y voces que viajan de otras partes.
Cruzamos y aquí está peor, al menos del otro lado habían personas, aquí todo está en silencio y sin mucha luz. Hay un cartel que avisa que los baños están a la derecha.
Me termino mi bebida, limpio mis labios y me acerco a un basurero para tirar el vaso. Garret también lo hace, sacudiéndose las manos.
—Hay dos niveles más —afirma.
Elevo una ceja. —Esto es tan raro, pareciera que entramos en otra dimensión.
Sonríe de lado. —Lo sé, es irreal.
Nos movemos un poco más hasta llegar a unas escaleras eléctricas que no están funcionando así que tenemos que subirlas una a una. Al llegar a la segunda plana veo el lugar, es tan silencioso aquí.
— ¿Hay guardias de seguridad? —pregunto.
Garret mira alrededor. —Supongo que sí pero no están aquí, además no estamos haciendo nada ilegal.
Caminamos un poco más y notamos que al fondo hay un espacio ocupado por unas oficinas de algo relacionado con un banco. Se ven personas adentro pero no parece un local ni nada parecido.
— ¿Quieres ir arriba? —pregunta.
Asiento, aunque es probable que nos sigamos encontrando con lugares vacíos y tiendas que dejaron sus carteles nada más.
Caminamos un poco más hasta llegar a otras escaleras. Estas tampoco están funcionando. Subimos escuchando como nuestros pasos resuenan con el material metálico de los escalones.
Esta última planta está aún más oscura, incluso parece que ya ni siquiera se esfuerzan por limpiar el polvo acumulado y alguna basura en el suelo. Nos movemos para cruzar una columna y luego, estamos de frente a un gran espacio con mesas, algunas tiradas y un mostrador largo.
Avanzamos ahí, subo la mirada cuando noto que este lugar era un cine. Hay unos rectángulos en una pared y un cartón promocional de alguna película de animales.
—Vaya —sigo con la mirada en el techo—. Qué raro.
Garret se acerca al mostrador que está lleno de polvo. — ¿Cuándo crees que dejó de funcionar?
Niego. —Ni idea, digo, ahora todos miran por plataformas. Quizás eso mató el cine.
Fui al cine con mis padres cuando era niña pero no recuerdo mucho, en realidad yo no hice nada de lo que ellos me contaban cuando eran jóvenes.
Mis padres se conocieron en la universidad y ellos me hablaban de citas al cine, el centro comercial, paseos por el auto escuchando la radio y noches en la playa sin teléfonos.
Miro alrededor y otra vez, mi mente hace lo que mejor hace y se imagina una vida que yo no viví. Quizás veinte años atrás o treinta. Personas que venían aquí con entusiasmo, con amigos y citas.
Miro hacia el exterior, parece que al fondo había un elevador pero ahora tiene unas cintas amarillas que prohíben el paso.
—Esto es triste —digo.
Garret se acerca a mí. — ¿Qué cosa?
Me encojo de hombros. —Todo esto —camino un poco más para quedar al borde de la baranda, desde aquí se ve todo el lugar—. Es triste que este lugar fue el punto de reunión de muchas personas, que aquí hicieron recuerdos y quizás pensaron que siempre existiría este lugar pero mira en lo que terminó.
Garret recuesta sus codos en la orilla. —Lo sé… creo que todos le estamos diciendo adiós a algo sin darnos cuenta.
Tengo la garganta apretada porque así soy, porque me pone sentimental y nostálgica la vida de otras personas, imaginarme lo que otros han perdido y que quizás, yo también.
—Ojala lo hubiera vivido —digo—. Mis padres solían salir a los centros comerciales todos los fines de semana, era algo importante para personas de ese momento ahora ya no. No sé, me siento rara por eso —me río solo porque sueno un poco dramática.
—No, te entiendo —responde—. Lo sé… la nostalgia es rara. Ni tú y yo sabemos cómo se veía este lugar en su mejor momento pero sí sabemos cómo término y eso es tan raro.
Asiento viendo todo el abandono y olvido del lugar. A veces las personas mayores incluyendo a la abuela de Garret, dicen que tengo un alma vieja. No sé si eso significa que veo la vida de otra forma o solo soy demasiado introspectiva.
Solo, no lo sé, la vida me confunde y siempre ha sido así.
—Oh mira eso —levanta el brazo apuntando hasta el otro lado.
Entorno la mirada para encontrar lo que está señalando hasta que lo veo. Es un carrusel, realmente es un carrusel.
Ambos vamos ahí a pasos rápidos, produciendo eco y probablemente el mayor ruido que este lugar ha tenido en mucho tiempo.
Llegamos al carrusel. Tiene polvo, no funciona obviamente y uno de los caballos está roto.
Garrett se sube, sosteniéndose de un tubo rojo. —Ven aquí —extiende la mano a mí para ayudarme.
Estiro la mano y dejo que él tire de mí para que pueda subir a la plataforma. Huele a humedad pero no importa. Garrett sostiene mi mano un momento más hasta que la suelta.
—Este es nuestro mejor descubrimiento de la exploración —pasa a través de los cabellos y sillas—, ojala funcionara.
Camino en dirección contraria a él, viendo los detalles desgastados de todo. Los colores opacos y las luces que no volverán a encender. Escucho sus pasos y finalmente nos encontramos del otro lado.
—Hola —dice, manteniendo el contacto visual.
Mi corazón pega otro salto. —Hola —respondo.
Ambos sonreímos por unos segundos hasta que escuchamos puerta en alguna parte abriéndose y decidimos que es momento de dejar este lugar.
~
Luego de eso sí fuimos por tacos y Garrett me regresó a mi casa.
Nos despedimos casualmente y llegué a mi habitación evitando cualquier interrogatorio innecesario de mis padres sobre mí no-cita.
Luego, durante los treinta minutos antes de dormirme, cerré los ojos y me imaginé como sería mi vida si yo hubiera sido adolescente en los tiempos de mis padres. Cuando los teléfonos solo eran para llamar y las citas en centros comerciales era el mejor plan posible.