La Rara Y El Muerto

10. EL MUERTO

No sé si Samantha recuerde de nuestro reto pero espero que sí, después de todo, yo tengo un estúpido sombrero en mi cabeza ahora mismo.

Me voy al casillero y la verdad es que nadie me presta mucha atención. No es el peor sombrero que pude traer, me recuerda a unos que usaban a principios de los 2000 que en ese tiempo se miraban bien pero ahora son ridículos.

Es negro, nada muy grande o llamativo, solo un accesorio fuera de época y de lugar pero se lo robé a mi primo y él ni recordaba que lo tenía. Quizás era de Thomas, mi tío.

Abro el casillero y saco todo lo que necesito. De reojo percibo una sombra, volteo y veo a Sam acercándose. Mis ojos bajan naturalmente a su atuendo.

Está usando un vestido y aunque no es corto o muy ajustado, pienso que se ve bien.

—Hola —me saluda.

Señalo mi cabeza. —Reto cumplido.

Toma la falda del vestido y la mece. —Reto cumplido —Se frota los brazos cuando se coloca a mi lado.

—Pensé que no lo ibas a hacer.

Ella estira la falda hacia abajo. —No quería pero no sé, pensé que iba a ganar. Ahora ambos ganamos, ¿no?

—Ambos perdimos —la corrijo.

Rueda los ojos. —Es lo mismo.

—No lo es.

En ese momento se escucha un chiflido. De verdad, como de esos que los hombres sin cerebro hacen en las calles. Ambos movemos la mirada a donde se escuchó y veo que Jonathan Marques y Liam Carson están riendo y viendo en dirección a Sam.

No, no solo viendo, acercándose.

Aprieto la mandíbula al notar que Jonathan recorre con la mirada a Sam de una manera muy asquerosa.

—Hola Samantha —Liam habla.

Jonathan, con corte estilo militar y cabello marrón, me da una mirada al sombrero. Quizás debería dárselo para que esconda se deforme cráneo. —Hola Samantha —dice él también.

Cruzo de brazos y me recuesto en el casillero al lado de ella, nuestros brazos se están topando.

—Eh, ¿hola? —Sam habla.

Liam da un paso más cerca de ella. —Solo queríamos decirte que te ves muy bien.

Aprieto los dientes.

—Gracias… —responde Sam, bajando la voz.

Jonathan me mira. — ¿Ustedes son novios o algo así?

— ¿Para qué preguntas? —contesto.

Liam se encoge de hombros. —Nada más teníamos la duda, ustedes siempre están juntos ahora y bueno, si tú no tienes novio —mira a Sam—. Deberíamos hacer algo en la tarde.

—Sí —Jonathan baja la mirada otra vez—. Puedes pasar tiempo con nosotros, es mejor que estar con un muerto.

Ambos ríen y yo únicamente me mantengo callado. No importa que digan ellos, son idiotas y los idiotas solo hablan para llenar el silencio.

Liam sube una mano y la coloca en el hombro de Sam. —Además, no sabíamos que estabas tan… digo, que eras bonita.

Samantha no responde, se mueve hacia mí y creo que está intentando hacer que Liam deje de tocarla.

— ¿Por qué te juntas con él de todas formas? —Pregunta Jonathan—. Es raro, sin ofenderte amigo. Solo digo.

Respiro profundo y con el pie me empujo de los casilleros, muevo el brazo de Liam apartándolo de ella. —Bien, ya fue suficiente de hacerse los graciosos. Vayan a dar pena ajena a otra parte.

—Eh, ella no es tu novia —Liam se cruza de brazos, haciendo una pose intimidante.

Ellos son del equipo de basquetbol y aunque quizás tiene más músculos que yo, yo soy igual de alto que ellos y no me asustan como creen. —Creo que deberían irse —los señalo.

Jonathan inclina el rostro. —Oblíganos.

Samantha coloca su mano en mi brazo. —Creo que sí, deben irse. No sé porque ahora me hablan si siempre me han ignorado.

Voltean hacia ella. —No es cierto —Liam responde.

Jonathan se encoje de hombros. —Además, siempre te vistes como hombre y hoy recordamos que eres chica.

Ríen.

Los idiotas ríen.

—Pues hoy recordé que ustedes son unos estúpidos —Sam suelta, sonriendo.

La miro impresionado. Aunque a ella la molestan, ella sabe defenderse. Eso es atractivo, no voy a mentir.

—Lo son, ¿verdad? —le digo.

Ella me habla, ignorándolos. —Es fácil de olvidar porque hay mucha gente estúpida aquí.

—Lo sé, es como aquel día, ¿recuerdas?

— ¡Lo sé!

—Y entonces piensas, no pueden haber más estúpidos en esta escuela, pero luego se acercan dos idiotas y…

— ¡Ya entendimos! —Liam eleva la voz y murmura un insulto antes de mover a Jonathan para que se vayan.

—Raros —murmura Jonathan.

Liam vuelve a decir un insulto. —Está loca.

Los vemos alejarse y yo exhalo lentamente. Volteo con ella. — ¿Todo bien?

Me sonríe. —Sí, no importa. He lidiado con esto por años, soy experta. —Se vuelve a frotar los brazos y tratar de estirar más la falda.

Asiento, viendo hacia el pasillo donde ellos se alejaron. —Uh, ¿sabes que sería nuestro castigo porque ambos perdimos?

—Ambos ganamos —corrige.

Sacudo la mano. —Que ahora, intercambiemos las prendas.

Ella me observa con los ojos entornados. — ¿Quieres usar mi vestido?

Me encojo de hombros. —Mis piernas están bastante bien trabajadas, ¿sabías?

Resopla. —Si quieres te lo doy, pero tu ropa es como treinta centímetros más larga que la mía.

—Bien —me quito la mochila para dejarla en el suelo mientras me quito mi chaqueta negra—. Entonces te daré solo esto —me vuelvo a colgar la mochila y me quito el sombrero—. Y esto, póntelo.

Ella sostiene la chaqueta y mira el sombrero en mi mano. — ¿Hablas enserio?

— ¿Lo quieres? —Se lo coloco yo, luego con mis dedos acomodo su flequillo para que no le pique los ojos—. Mira, te queda mejor.

Sam solo mantiene el contacto visual y luego, lentamente, se quita la bolsa para colocarse mi chaqueta. Sí le queda grande pero no le queda mal y se ve bien con su vestido.

— ¿Qué te doy yo? —pregunta.

Me inclino para tomar su bolsa del suelo. —Esto. Combina con mi camiseta, ¿no? —ambas son de color gris.

Rueda los ojos. —Si tú quieres, pero tienes que darme mis libros.

—Igual tenemos las mismas clases —le recuerdo.




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