La Rara Y El Muerto

11. LA RARA

No puedo con esto.

Garret se ve ridículo, como yo cuando uso ese traje. Él se lo ajusta y acomoda muchas veces, se quita la cabeza para peinarse el cabello hacia atrás y se la vuelve a poner.

Nos movemos hacia la entrada, donde las chicas animadoras ya están ahí y los chicos de basquetbol sentados en el otro lado. Debido a que hay una reunión de profesores, vendrán un poco más tarde y gracias a ello nos dio tiempo para hacer esto.

No hay una razón, solo pienso que es divertido y Garret me siguió el juego. Estoy impresionada que lo esté haciendo, es genial.

Garret se para recto y camina hacia las chicas. Yo me quedo en la entrada, detrás de un rotulo largo que anuncia los juegos de la temporada. Las chicas no voltean, piensan que soy yo y eso es irrelevante para ellas.

Garret se pone de pie, frente a ellas con las manos en la cadera. Una de las chicas, Karina, lo mira con los brazos cruzados.

—Ponte a ensayar, Samantha. Siempre fallas en la última parte.

¿Qué? Eso no es cierto. Además, no es como si tengo que hacer mucho a diferencia de todas las acrobacias que ellas hacen.

Garret no se mueve, sigue con esa pose. Alana se levanta del suelo y le da un empujón en el hombro. —Muévete, Samantha, estás estorbando.

Siento mi estómago hundirse. Es raro esto, aunque la idea era divertida ahora me siento lo contrario a eso. Es como si pudiera verme siendo ignorada y empujada.

Garret se encoje de hombros y levanta los brazos, luego los gira haciendo círculos en el aire. Me cubro la boca para no reír. Todas las chicas tienen el ceño fruncido.

Garret deja de mover los brazos para mover las piernas, levantándolas y dando pasos extraños. Niego, sonriendo son los labios apretados.

—Ay, basta —Alana pide.

Pero Garret no lo hace, en realidad, da una vuelta y luego imita ese famoso paso de Michael Jackson deslizándose por el suelo del gimnasio. Veo que al fondo los chicos del equipo de basquetbol también están viendo el pequeño espectáculo que está haciendo Garret.

Respiro profundo. Está exagerando ahora y lo peor es que pensaran que fui yo quien hizo todo eso.

Garret no se detiene, se mueve sacudiendo las caderas de manera exagerada, levanta los brazos y los baja por todo su cuerpo. Arrugo la nariz por la pena ajena que estoy sintiendo pero igualmente, me divierto.

Las chicas animadoras miran todo con expresiones llenas de confusión. Las entiendo, yo también me estaría viendo así.

Bien, creo que ya fue demasiado, tiene que dejar eso.

Gracias a Dios, Alana se levanta y pide que se calme para que ellas ya puedan ensayar. Garret se detiene abruptamente y se hace a un lado, quedando de pie.

Niego.

Está loco.

Giro sobre mi hombro solo para asegurarme que nadie esté por aquí, luego vuelvo a ver hacia Garret. No estoy segura si él me está viendo, desde donde estoy solo veo a un león rosa de pie mientras las chicas se estiran.

Pero distingo que Liam y Jonathan se están acercando. Mi corazón pega un salto, aunque recuerdo que no hay forma que ellos sepan que no soy yo. Quizás no van con Garret, van con alguna de las chicas.

Excepto que eso no ocurre.

En realidad, lo puedo ver todo desde aquí. Veo como Liam se acerca por detrás de Garret y lo toma de la cintura, acercándolo a su cuerpo. Después, todo pasa demasiado rápido.

Garret se gira y lo empuja con fuerza en el pecho, Liam tropieza y cae sentado hacia atrás. Las demás personas dejan de hacer lo que estaban haciendo. Garret se le lanza y toma sus hombros, presionándolo contra el suelo.

Las chicas y los chicos se les acercan y yo también. — ¡Garret! —elevo la voz, no puedo verlo por todas las personas alrededor.

— ¿Qué está pasando aquí? —conozco esa voz.

Detrás de mí, mi padre entra al lado de la entrenadora de las animadoras. Ambos apartan a todos.

Karina me mira con el ceño fruncido. — ¿Samantha?

La entrenadora voltea también. — ¿Samantha?

Todos regresan su atención a Garret, quien mi padre está separándolo de Liam. — ¿Qué está pasando?

Garret se quita la cabeza y tiene todo el cabello despeinado y la frente sudada. —Pasa que ese imbécil…

— ¡Lenguaje, señor Black! —papá lo regaña.

— ¿Qué está haciendo él con tu traje, Samantha? —pregunta Alana.

Garret señala a Liam, quien se está arreglando el uniforme. —Él pensó que yo era Samantha y lo que hizo fue tomarme, acercarme a su… él dijo que haría algo, pensando que era Sam.

Mi papá lo mira, luego a mí, luego a Liam. — ¿Eso es verdad, Liam?

—Es verdad —Garret resopla—. Incluso antes ya la estaba molestando. Él no debería hacer eso solo porque no había ningún profesor aquí. Ni siquiera debería estar cerca de ninguna de ellas, si yo no hubiera sido la persona en el traje, esta basura hubiera acosado sexualmente a Sam.

Todos están en silencio.

—No sabía que era él… —Liam murmura.

Garret da unos pasos a él que lo hacen retroceder. — ¿Es eso lo que tienes por decir? ¡No se trata de eso! Realmente eres un idiota.

—Señor Black… —papá lo reprende de nuevo.

Garret niega. —Lo siento, solo creo que tener a un alumno que puede acosar a sus compañeras que no están haciendo nada más que ensayar y ser mujeres en su equipo, entrenador, es peor que si yo digo una mala palabra.

La entrenadora suspira. —Tiene razón, el chico tiene razón. La verdad no entiendo porque Samantha no está usando el traje pero prefiero no reprender a unos chicos haciendo unas travesuras que a un chico que piensa que puede sobrepasarse con mis alumnas.

—Liam, vete de aquí —papá se frota las sienes—. Vamos a hablar de tu comportamiento mañana temprano —aprieta la mandíbula—. Y discúlpate con mi hija.

Liam me mira, parece mucho más débil y pequeño que nunca. —Lo siento Samantha…

Garret rueda los ojos.

—Y usted —la entrenadora habla—. Quítese ese traje y Samantha, nunca juegues así de nuevo.




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