Llegaron cuatro personas más.
Patrick, Lula, Iris y Maurice. Todos son más grandes que nosotros pero todos son igual de amigables que el resto. No sé qué esperaba encontrar porque cuando los vi, no me imaginaba que ellos eran los que escuchaban el programa también.
Hemos estado media hora viendo al cielo. Papá me llamó dos veces y en la segunda pude escuchar a mamá pidiendo que me dejara tranquila. Amo a mamá, ella es tan razonable.
Nos acercamos con Garret a la orilla donde una barda de madera evita que te caigas. Recuesto mis brazos sobre ella y miro al cielo. Se ven las estrellas sin duda, pero solo eso. Ninguna nave flotando o luces formando triángulos.
Bostezo.
Garret me mira. — ¿Tienes sueño?
Niego. —No realmente, ¿Tu?
Sonríe. —Para nada, la noche recién empieza.
Bufo. —Como digas.
Mantenemos los ojos en el infinito, ¿Es posible que ellos se rehúsen a ser vistos y saben que esta noche hay ojos esperándolos? Al menos eso cree Garret, me dice que científicamente hay una prueba sobre algo que solo se mueve cuando no lo observan.
Garret suspira. —Esto es extraño —susurra—. Tan extraño.
Le doy una mirada. — ¿Qué es extraño?
—Este momento —suelta una risita—. Mira, siempre me han interesado estos temas y siempre he visto programas y leído a personas en internet pero es algo que era solo mío. Mi primo me escuchaba en ocasiones hablar sobre ello pero podía ver en su rostro que no me creía realmente, luego tu… ¿Sabes lo que digo?
Trago saliva. — ¿Qué te acompaño a esto?
—No —se acomoda un mechón movido por el viento—. No solo eso, el hecho que tú hables conmigo es raro para mí.
He notado que entre más oscura es la noche, más palabras honestas salen de Garret. —Entiendo lo que dices.
— ¿Es raro que quiero que sea así? ¿Qué no encuentres más amigo? Eso es egoísta, incluso toxico, ¿no?
Volteo el rostro. — ¿Crees que yo podría encontrar más amigos? He vivido todo este tiempo y solo tú has sido mi amigo. Para los demás soy la rara, la que no podía ir a cumpleaños o pijamadas porque mis padres me sobreprotegen, la que no tiene ni hermanos ni primos y ¿Sabes que hice? Un mundo en mi cabeza donde ahí sí tengo amigos.
No sé porque lo dije, por qué confesé la parte que me hace más rara y la parte que las personas creen que me convierte en una loca. Erróneamente llamada así.
—No es que piense que eso es real, sé que no lo es…
—Sam —Garret se mueve, nuestros codos se topan—. No me importa si en tu cabeza hay historias que solo tú conoces. No creo que eso sea malo, ¿Sabes que sí es malo? —Sonríe de lado—. Que las personas me llaman muerto, que dicen que hablo con los muertos y hago rituales cuando no saben que… que he perdido a muchos familiares. Hay algo mórbido en eso que hacen.
Suspiro. —Lo sé, son unos idiotas.
Asiente. —Lo son, pero tú no lo eres. Eres divertida y me gusta estar contigo. Es obvio, ¿no?
Mantengo la mirada en su rostro. Veo a Garret como nunca lo había visto antes. No sé cómo pasamos de ser los ignorados por los demás compañeros a ser un dúo inseparable (según mamá) pero aquí estamos y eso me hace feliz.
Muy feliz.
—Yo tampoco quiero que tengas otros amigos —admito.
Eleva las cejas. — ¿Qué amigos? No hay nadie en este lugar que me interese en absoluto.
Me encojo de hombros. —De todas formas, entiendo lo que dices. Es raro, toxico y un poco egoísta pero es la verdad, no quiero que ya no seamos amigos.
Garret niega, se acerca y rodea mis hombros con su brazo. —No creo que eso vaya a suceder.
Me recuesto en su hombro y cierro los ojos.
Garret sigue pareciéndome lindo, me gusta su rostro y más me gusta con todo su estilo oscuro pero también me gusta nuestra amistad y no importa si esto se queda en “solo amigos” porque para mmi, un amigo es algo inalcanzable o al menos eso pensaba.
Y ahora, eso inalcanzable, me está abrazando.
—Nunca realmente hablé de mis padres —murmura—. Y mucho menos hubiera visto esos videos pero tú me has ayudado.
Rodeo su cintura con mis brazos porque siento que tiene que saber que aunque su vida familiar ha sido triste y otros aspectos también, él merece abrazos. —Podemos ver los demás cuando quieras.
—Lo sé —susurra—. Creo que lo haré.
Esa noche no vimos ningún extraterrestre o una nave espacial pero muchas otras cosas increíbles sucedieron. Garret me tomó de la mano, me abrazó y nos quedamos así por un buen rato.
El camino a casa fue distinto, mi padre estaba más relajado y Garret sonreía más.
Cuando revisé mi teléfono él me envió una foto del cielo y aunque las estrellas no se perciben por la oscuridad, estaban ahí y esas estrellas que según los científicos dicen ya están muertas, esas mismas en sus últimos instantes de vida o existencia o lo que sea, vieron a Garret y a mí, abrazados.
Fueron testigos de ese momento y eso de alguna forma, lo hace infinito.
~
Los siguientes días vimos unos videos más y también escuchamos uno de los CDs con canciones de artistas que mis padres reconocieron.
Eso me hizo pensar en muchas cosas. Los padres de Garret y los míos nacieron en la misma época, sus padres tendrían más o menos la edad de los míos.
Si mis padres hubieran muerto, no hubiera vivido nada con ellos. Ni esa vez que mamá se quejó porque papá compró una mesa demasiado grande para el comedor y armarla le tomó tres días. Ni cuando mamá decidió que íbamos a pinar toda la casa de color azul claro. Ni las noches de películas cuando papá traía helado y nos dormíamos todos en el sofá.
Eso es tan triste.
Incluso pienso en las veces que me regañaban. En cuando papá se enojaba porque no había hecho mi tarea o que mamá notaba que no había ordenado mi habitación. Todo eso, que en su momento me hizo enojar, tampoco existiría.
Por eso me gusta que Garret no solo venga a ver los videos de sus padres, pero que ahora se queda a comer y estudiamos en la sala cuando mamá nos trae fruta o nos da algo para beber.