Me miro en el espejo del baño de mi habitación y le hablo a Garret desde aquí: —Sigo sin entender por qué tenemos que ir con disfraz.
—Porque es Halloween, bueno, todavía no. Pero es una fiesta —baja la voz—. Ya sabes.
A ver, realmente no es que queramos ir a una de esas fiestas de Halloween pero Garret me dijo que si vamos, mis padres pensaran que estamos ahí y luego podremos ir a otra parte.
Mis padres son de las personas que creen que solo porque estoy rodeada de personas de mi edad estoy más a salvo que en cualquier otro lugar. Digo, quizás sí pero sé que también gente de mi edad ha hecho cosas tontas y estúpidas, incluso horribles.
Como sea.
Me ajusto la falda y arrugo la nariz, no sé porque pensé que la sugerencia de Garret iba a ser una buena idea.
—Me veo ridícula —le digo.
Escucho que ríe. —Te prometo que no vas a verte menos ridícula que cuando tienes el traje de león —vuelve a reír—. Sin ofender.
Ruedo los ojos.
Tomo una respiración antes de verme de nuevo en el espejo, acomodándome el cabello. Mi disfraz es el famoso uniforme de animadoras que nunca llegué a usar. Sí, eso es.
Garret piensa que sería irónico y yo pienso que al llegar ahí, se van a burlar de mí pero él dice que no les haga caso.
— ¿Ya vas a salir? Yo ya terminé con mi maquillaje —dice.
Tomo el pomo y abro la puerta. Garret estaba contra la puerta por lo que casi tropieza, se da la vuelta y sus ojos bajan estudiando mi atuendo ridículo.
Sonríe. —Vaya… te queda bien.
Yo noto que se hizo unas líneas negras en el rostro con un delineador, uno que yo le di. También se puso sombra negra en la parte de abajo, en las pestañas y sombra gris en varios puntos de su rostro, como carne en descomposición.
—Me veo horrible, prefiero el traje de león —me acerco a mi cama para colocarme un abrigo sobre esta cosa.
— ¿Por qué te ves horrible? —se sienta en el borde de mi cama, todo mi maquillaje sobre la sabana.
Me encojo de hombros. —Me veo ridícula.
No le digo pero este atuendo despertó miles de inseguridades en mí, incluso algunas que no sabía que tenía como que mis rodillas se ven raras o que mis tobillos son regordetes.
—Quítate eso —tira del abrigo—. Así no se ven las animadoras.
Ruedo los ojos. —No me importa, me voy a cambiar.
Garret se levanta para ir a mi mesa de noche donde dejó el sombrero que llevó aquella vez a la escuela, se lo coloca y luego con su teléfono busca algo. Lo veo con su camiseta negra rasgada y pintura roja encima.
Empieza a sonar música, una canción que reconozco de inmediato. Hemos estado escuchando los CDs que su padre hacia y esta canción está en casi todos, papá dice que se llama “Dancing With Myself” ya que nos escuchó y nos dijo que esa canción le gustaba.
— ¿Quieres que baile toda la noche solo? —me pregunta.
Chasqueo la lengua. —No bailas.
—Por supuesto que si —levanta los brazos y mueve la cadera en círculos, su camiseta se levanta un poco—. ¿Ves?
Suspiro y me dejo caer en la cama, sentándome con las manos sobre el regazo.
Garret hace pasos de baile ridículos frente a mí, no sé qué rayos hace pero está muy concentrado con los ojos cerrados. En la parte de la guitarra, toma mi cepillo de cabello y finge sostener ese instrumento.
Da vueltas por mi habitación y hace el ridículo, hasta que la canción termina y una diferente empieza a sonar. Moderna, lenta, suave.
— ¿Terminaste? —pregunto.
—Si —se sienta a mi lado, recuesta su frente sobre mi hombro—. ¿Quieres que haga eso en la fiesta? Lo haré.
—Se burlaran de ti —digo.
—Pero no de ti —levanta el rostro, puedo sentir su respiración contra mi mejilla—. Pero si no quieres ir, está bien. Es más, podemos intercambiar atuendos.
Volteo tan solo un poco. —Siempre quieres mi ropa.
—Me va mejor a mí —. Puedo sentir el olor a canela por los dulces que estaba comiendo hace un rato.
— ¿De verdad no vas a decirme la verdad? —pregunto.
Junta las cejas, tiene sombre gris en la derecha. — ¿La verdad sobre qué?
Bajo mí vista a mi regazo. —Que me veo tonta con esto. Hay una razón por la que no entré en ese equipo, porque no sirvo para eso y estoy feliz por ello. No me veo como ellas.
Garret permanece en silencio. —Jamás te vas a ver como ellos —se acomoda para acostar la espalda en mi cama, un brillo labial rueda a su brazo y solo lo mueve.
—Lo sé —aclaro la garganta—. No es que…
—Es que no se supone que te veas como ellas, o como yo o como nadie. Ni siquiera como tus padres. Tienes que verte como Sam y Sam se puede ver como se le dé la gana. Si Sam se pone el uniforme rosa de animadoras, se verá como Sam con uniforme rosa.
Volteo para verlo, el sombrero aplastado y levantado, sus brazos sobre el abdomen. Luciendo tan cómodo en mi cama, como un chico que antes no existía en mi vida y ahora sí. Un chico que sé que intenta hacerme sentir bien.
—Garret —toco el lunar en su brazo—. Te quiero.
Levanta una ceja. — ¿Me quieres?
Me encojo de hombros. —Ya sabes cómo, no así…
Estira el brazo para tirar de la manga del abrigo. —Lo sé, lo sé —se sienta de golpe, el sombrero le cae hacia atrás—. Yo también te quiero Samantha, no de esa forma pero sabes que te quiero.
Mi corazón pega un salto. No sé si la verdad es que no lo quiero “así” pero no importa. Es Garret, no es mi novio y es algo más que mi amigo, como si fuéramos la mitad de algo.
Tomo una respiración larga. —Bien, vamos —me levanto de la cama—. Pero me llevaré el abrigo.
—Llévate el abrigo —se levanta, estirándose para tomar el sombrero otra vez—. Ven, la noche de los muertos espera.
Ruedo los ojos.
Bajamos las escaleras luego que yo haya tomado mi teléfono y él el suyo. Mis padres están en la sala viendo televisión. Ya ni siquiera cuestionan que Garret pase tiempo conmigo, solo asumen que vamos a estar juntos.
Papá ya ni lo ve serio, incluso le ha sonreído muchas veces.