La Rara Y El Muerto

18. EL MUERTO

Llegamos a la casa y la música se escucha desde afuera.

Todos están usando todo tipo de disfraces. Algunos son malos, como solo una camiseta, otros son interesantes como ese chico que tiene la máscara de un asesino de una película clásica, otros son las versiones no tan apropiadas de profesiones como enfermeras o doctores o bomberos.

Convencí a Sam de dejar el abrigo en el auto y lo hizo, se ve fuera del lugar pero yo también lo estoy.

Tomo su mano y entramos. Nadie nos mira más de medio segundo, solo siguen en lo suyo.

Adentro hay más personas. Algunos bailan, otros se toman fotografías y algunos en los sofás se están besando. La canción que suena no es mala, es un milagro.

El plan es solo quedarnos un rato aquí y luego irnos. Pudimos solo fingir que íbamos a otra parte pero algo en mi quería estar en el lugar donde todos suelen estar. No sé, pienso que es algo que mis padres harían, además tengo algo que hacer aquí.

Ver los videos de mis padres me dio una idea para el proyecto que tengo que realizar para ganar la admisión a la universidad de artes y creo que aquí comenzaré con ello.

—Oye, tengo que ir al baño —le digo a Sam.

Asiente y se acomoda en un sofá desocupado.

Me muevo por la casa buscando el baño más cercano y lo encuentro. Entro a hacer mis asuntos y salgo, tomo mi teléfono y grabo desde el pasillo. Sigo grabando mientras regreso a donde todos están con sus sombreros y maquillajes.

Termino el video y guardo el teléfono. Esquivo a un pirata ocupado besando a un vaquero y me muevo al sofá donde dejé a Sam pero frunzo el ceño cuando noto a alguien a su lado.

Es William Heart, otro chico de la escuela, otro que está usando un disfraz sin camiseta. Supuestamente parece ser un policía, pero solo por el gorro con la insignia.

Veo a Sam, con las piernas juntas. Él está sentado muy cerca y ella está presionada al brazo del sofá.

Algo caliente sube desde mi estómago hasta mi frente. Mi mandíbula se tensa y mis cejas se juntan. Una chica vestida de bruja con vestido corto se pone de pie frente a mí.

Ni siquiera recuerdo su nombre.

— ¿Garret? Qué bueno que viniste —dice por encima de la música.

La miro confundido, ¿Desde cuándo es bueno que yo esté en estos lugares? — ¿Qué?

Toma un mechón rizado. —Digo, es que casi no vienes a esto, ¿no? Pero quería invitarte porque te vi aquella vez, con lo de Liam. ¿Sabes? Es un tonto, sin duda pero digo, lo que dijiste fue muy…

Mis ojos van por encima de sus hombros, William le sigue hablando a Sam y ella tiene la nariz arrugada.

¿No puede notar que no quiere estar cerca de él?

—Entonces, ¿Qué piensas? —la chica dice.

Aclaro la garganta. — ¿Sobre qué?

Se encoje de hombros. —Sobre ir después de aquí a otra parte —sonríe.

Parpadeo varias veces. Creo que se llama Sophia. Creo. —Lo siento estoy ocupado luego de eso.

Vuelve a sonreír. —Claro, te veo otro día entonces —toca mi brazo y se va.

Ahora sí, ya no puedo más con esto. Sam se sigue inclinando a un lado y él sigue acercando su rostro.

Voy hasta ahí y sin dudar, me siento en las piernas de Sam. William se aparta y me mira con el ceño fruncido, yo lo ignoro y giro para verla. —No hay nachos con queso, ¿sabías?

Ella mueve sus manos y las siento en mi espalda, como si no supiera donde ponerlas.

— ¿Qué tipo de fiesta no tiene nachos con queso? —digo.

William aclara la garganta. —Eh, ¿Son algo ustedes?

Suelto una risa falsa. —Somos muchas cosas —me giro, ahora mis piernas están empujando las de él—. ¿Por qué preguntas?

Sacude la cabeza y mueve una mano en el aire. —Nada… uh… —se levanta y se aleja, para ir a hablar con otra chica al fondo.

Exhalo lento, me levanto de su regazo y me siento en el lugar donde él estaba.

—Gracias —dice, acercándose a mí por la música.

Bajo los ojos a sus piernas y pienso en lo ridículo que es que la noten solo cuando muestra más de su piel. Me quito el sombrero y se lo dejo en el regazo. —Estamos rodeados de idiotas.

Suelta una pequeña risa.

En realidad solo necesitaba grabar eso y ya, no creo que haya más motivos para seguir aquí. En especial cuando noto a más chicos viendo a Sam.

— ¿Quieres largarte de aquí? —le pregunto.

Vuelve a reír. —Estuvimos dos minutos.

— ¿Qué más vamos a hacer? —en el sofá frente a nosotros, dos chicas se están besando al lado de un chico con traje de soldado y una chica con disfraz de hada.

—Tienes razón —nos levantamos de ahí—. Vamos.

Ella se coloca el sombrero y salimos del lugar. Después le contare mi plan sobre el proyecto, pero por ahora solo quiero conducir a otra parte, a cualquier parte.

Vuelvo a conducir como si nunca hubiéramos pasado por ese lugar. Faltan dos semanas para Halloween pero espero que las personas de por aquí no crean que una porrista se encontró con un chico vagabundo.

—Debería limpiarme la cara —me paso el dorso de la mano por la mejilla.

Sam ríe. —No, te ves bien así.

Suspiro.

Conduzco unos quince minutos hasta llegar a un restaurante de esos que parecen costosos pero son más comida rápida que otra cosa. Me estaciono y me veo en el reflejo de la ventana del auto.

Sí, me veo extraño.

—Vamos —Sam toma mi brazo y me mueve a la entrada.

Una mujer con uniforme azul nos abre, me ve pero no cambia de expresión. Nos pregunta si solo seremos nosotros y asentimos. Ellas nos lleva por las mesas hasta una del fondo, con una butaca en forma de “C”. Nos entrega dos menús que son solo dos hojas plastificadas y se va.

No lo pienso mucho, este lugar es famoso por el pollo frito y eso es lo que quiero. Sam si revisa todo y decide que comerá papas fritas con queso y tocino.

La comida llega y muerdo la pierna de pollo como si no hubiera comido en meses. Es delicioso.

—Estoy enamorado —suelto.

Sam toma un sorbo de su limonada. — ¿Quién es la afortunada?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.