La Rara Y El Muerto

20. EL MUERTO

Sigo deslizando en mi teléfono mientras las animadoras vuelven a hacer su rutina por milésima vez.

Levanto la mirada y veo a Sam, con el traje de león rosa, bailando con los brazos hacia el cielo y luciendo un poco torpe. Pero torpe adorable, porque ella es adorable.

Sam es la única persona que me haría esperarla en este gimnasio, porque es la única chica que ha logrado entrar a mi fangoso corazón.

Así es, lo he dicho. Ella me gusta y mucho, no sé si estoy enamorado y no sé muy bien qué es estar enamorado pero ella me gusta y Dios… como me gusta. Me gusta tomar su mano, abrazarla, verla sonreír.

En realidad, ahora soy yo quien sonríe como tonto mientras la observa moverse a un lado como si estuviera a punto de caerse, pero no se cae.

El entrenador, ósea el padre de Sam, está del otro lado del gimnasio con los estúpidos del equipo de basquetbol. Por lo poco que he visto de ellos cuando vengo aquí a esperar a Sam, es que todos son unos tontos. Todos, no hay una excepción. Además de los que molestaron a Sam, hay otros que solo se la pasan hablando de chicas.

Y no de la manera “apta para todo público”

No sé si es porque fui criado por un hombre como mi tío, un hombre que fue conocido por seguir en su auto a un hombre que estaba tratando de raptar a una niña o porque mi abuela siempre me dijo que los hombres existen por las mujeres, que yo no tengo ese tipo de pensamiento.

Soy un chico, claro y como chico que le gusta una chica, la he visto. Por supuesto que noté sus piernas cuando usó el uniforme, o cuando le hablé por primera vez y se quitó el uniforme quedándose con una blusa ajustada. Vi todo eso, pero hay una diferencia entre notar a una mujer y tratar a la mujer como un pedazo de carne.

Eso es asqueroso.

Además, mi abuela me ha contado historias de su vida. Una mujer que vivió de todo, incluso casi un intento de un hombre mayor tratando de hacerle daño.

Pero bueno, es parte de lo que tengo que soportar cuando vengo al gimnasio y también es parte de lo que yo creo que me hace un sin amigos. Bueno, un sin amigos hombres.

En realidad… es gracioso porque cuando vengo aquí, las chicas del equipo de animadoras me han comenzado a hablar. Es un poco curioso.

Finalmente se toman un descanso y Sam se quita la cabeza de león, camina a mi lado y me la coloca a un lado. —Estoy cansada.

Le extiendo la botella de agua. —No renuncies ahora, eres la estrella del espectáculo.

Suspira. —Pues esta estrella explotó —da un trago largo.

Se sienta a mi lado mientras respira de manera agitada. Le paso un pañuelo por el sudor en su frente, ella se limpia y vuelve a beber agua.

En ese momento, Sophie, la chica de la fiesta y Jessy se acercan. Ambas se colocan de pie frente a mí, un poco demasiado cerca.

—Es tan lindo que vengas por tu amiga —Jessy dice, entrelazando su brazo con el de Sophie.

La pobre Sam tiene los brazos sobre las rodillas, como en esa posición que tienen los atletas mientras ven todo desde la banca. —Bueno… sí.

Sophie sonríe. —Es que eres como, muy lindo con Sammy.

Sam arruga la nariz, no creo que le guste ese apodo.

— ¿Pero ustedes son algo? —Jessy pregunta, viéndome directamente a los ojos.

Me muevo sobre el asiento. — ¿Algo? ¿Cómo qué? ¿Humanos?

Ambas ríen, Sam bebe otra vez de la botella. —No, como, no sé, ¿Están saliendo? —pregunta Sophie, con su cabello en dos coletas altas balanceándose.

El rechinido de las zapatillas deportivas de los de basquetbol se escucha. —Eh, no estamos saliendo —porque es la verdad.

Sophie eleva una ceja. — ¿De verdad? Jurábamos que ustedes estaban juntos.

Jessy asiente. —Es que siempre están juntos y todos lo pensamos.

Rasco mi cabeza. —Bueno, los amigos hacen eso.

Sophie se suelta del brazo de Jessy, mueve la cabeza de león a un lado y se sienta a mi lado. —Entonces, si no estás saliendo con ella —se inclina y puedo sentir el olor a su perfume como de algo cítrico y vainilla—, nunca te he visto con alguien, ¿Te gustan las chicas?

La botella de plástico hace un ruido cuando Sam la cierra. —Eh, decir que me gustan las chicas es una afirmación complicada, ¿no? Porque no me gustan todas las chicas del mundo.

Ella suelta una carcajada. —Obvio que no —se inclina un poco más—. Pero, ya sabes, ¿Ósea te gustan los chicos o las chicas?

Me encojo de hombros. —Supongo que las chicas —la chica.

Sonríe de lado. —Y, ¿Qué tipo de chicas?

Jessy también se sienta, al lado de Sophie, empujando la cabeza otro poco más.

—Voy al baño —Sam se levanta y se aleja antes que siquiera pueda decirle algo.

—Entonces —siento el tobillo de Sophie contra mi pierna—, ¿Estás viendo a alguien?

Entiendo qué está pasando pero al mismo tiempo, no. Enserio, me pasé toda mi vida siendo el chico ignorado y de la nada, estas dos chicas demasiado lindas están prestándome atención.

—No…

Sophie asiente. — ¿No? Qué raro, digo, eres tan lindo.

Bufo. — ¿Desde cuándo piensas eso?

Jessy chasquea la lengua. —Pues es que siempre lo hemos pensado —mira a Sophie—, lo que pasa es que eras muy serio y callado, además no sé, como que nos dabas vibras raras.

—Pero —Sophie habla—, cuando ayudaste a tu amiga fue tan lindo.

—Y además, tú nos cuidaste también —agrega.

Yo solo asiento.

—Eres alto —Sophie señala lo obvio—, y guapo…

Oh, vaya, ¿Está coqueteando conmigo? ¿Conmigo? —Uh…

—Pero solo queríamos saber si estabas saliendo con alguien porque le gustas a una amiga —Jessy sonríe.

Mis ojos se mueven hacia las otras chicas, no tengo idea si es verdad lo que están diciendo. —Entiendo…

—Pero solo era eso —Sophie le da otra mirada a Jessy.

La entrenadora suena su silbato. — ¡Terminó el descanso, señoritas! Vengan aquí, estírense de nuevo, vamos de nuevo.

Ellas regresan con las demás y a mi lado solo queda la cabeza del traje de león, volteo mi rostro y Sam no ha regresado.




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