Sucedió justo cuando nos estábamos yendo.
Durante toda la fiesta lo único que hice fue sentarme cerca de Rogelio, ver a Rogelio hablar con otras personas y sonreír a medias cuando alguien me preguntaba algo. No bailé, no me sentí feliz, solo no quería estar ahí.
Pero tal vez, hubiera sido mejor quedarme aunque sea dos minutos o al menos, uno. Hubiera sido una buena idea pasar al baño, despedirnos de alguien más, bailar una canción. Cualquier cosa, con tal de evitar estar justo en ese momento.
Cuando estaba dentro del auto, en el asiento del copiloto en el auto de Rogelio, pasamos justo por un auto que yo conozco muy bien y ahí, a un lado de ese, estaban dos personas besándose.
Sophia y Garret.
Garret y Sophia.
Garret.
Garret quien odiaba a todos, quien criticaba a las personas básicas, quien le deseaba lo peor a media escuela, quien no soportaba cuando las animadoras gritaban emocionadas y se reían escandalosamente.
Ese Garret.
Me cubro las piernas con las manos aunque no sirve de nada. ¿Por qué rayos me compré una falda tan corta? ¿Por qué pensé que esto haría que me vieran distinta? ¿Por qué no puedo ser normal?
Rogelio me habla de algo sobre su equipo favorito y yo solo quiero regresar a mi casa y dormir. No quiero estar aquí, tal vez ni siquiera quería estar en esa fiesta.
Llegamos finalmente, me bajo demasiado pronto y Rogelio se apresura para acompañarme a la puerta pero no es necesario porque yo ya estoy sacando la llave del bolsillo de esa mini falda.
—Oye —habla—, eh, gracias por venir conmigo.
Levanto la mirada. Dios, este chico es lindo. Rubio, ojos azules, se ve genial con ese disfraz de marinero y tiene una linda sonrisa, ¿Por qué no estoy más feliz?
—No agradezcas —digo, moviendo mi cabello detrás de la oreja.
Sonríe. —Eh, ¿Entonces te llamo mañana?
Me encojo de hombros pero creo que ese gesto es muy vago, así que asiento. —Claro, mañana.
Me acerco para abrir la puerta, pero Rogelio se acerca a mi rostro y supongo que está pasando. Él me quiere besar y yo… ¿Yo que hago? No es que no quisiera besarlo pero si lo hago, ¿Significa que saldremos? ¿Quiero tener citas? ¿Seremos compatibles?
Rogelio toma mi rostro entre sus manos y antes que pueda seguir sobre pensando, besa mis labios. Uno, dos, tres, cuatro segundos.
Ahí está, mi primero beso.
Eso es todo, llegó y se fue. No puedo creer que toda la vida pensé que sería un momento con fuegos artificiales y colores pero no, solo fue un contacto y ya.
—Adiós, Samantha —dice, sonriéndome.
Le devuelvo la sonrisa. —Adiós, Rogelio.
Entro a la casa sin voltear, no presto atención a nada más. Mis dedos tiemblan un poco, mis pies me están matando y tengo frio en las piernas.
La luz de la cocina está encendida y mamá se asoma, con el cabello recogido y una taza blanca en la mano. Me sonríe al verme y se acerca, sin cambiar de expresión.
— ¿Y bien? —se sienta en el brazo del sofá.
Dejo la llave en la mesa y solo me encojo de hombros. — ¿Qué?
Ella rueda los ojos. Mamá no es joven pero juro que se ve como unos diez años más joven, está en sus cuarentas pero parece de treinta y cuando hace esos gestos me recuerda que un día fue la más popular de su escuela.
—Mamá… —alargo la última letra.
Ella deja la taza en la mesa del centro y camina hacia mí. — ¿Cómo te fue? Nena, es tu primer cita.
Siento algo en el pecho cuando recuerdo que ellos pensaron que mis salidas con Garret habían sido citas hasta que entendieron que éramos solo amigos. Éramos.
Pasado.
—Fue… estuvo bien —si tuviera que darle una calificación serian unas tres estrellas de cinco, nada mal pero nada genial, asombroso, memorable.
— ¿Te gusta? —baja la voz, por si mi padre anda espiando.
Lo pienso, ¿Me gusta? —Creo.
La sonrisa de mamá deja de ser sonrisa, pasa a ser más una mueca. —Nena, ¿Por qué no estas feliz? ¿Te hizo algo? —señala arriba—. ¿Hablo con tu padre? ¿Pasó algo? Tienes que decirme sí…
— ¡No! —Levanto las manos—. No hizo nada malo, Rogelio es dulce y me agrada mamá, es solo que… no sé, hubo mucho ruido y estoy cansada, ¿Puedo ir a mi habitación? Te cuento mañana más cosas.
Asiente. —Claro, está bien, sí, ve a dormir —se acerca y me estrecha con fuerza, los abrazos de mamá siempre son así—. Te quiero, Sam, ve a dormir.
—Buenas noches —le digo antes de subir por las escaleras.
Llego a mi habitación y me encierro. Lo primero que hago es quitarme esta ropa que se siente como un verdadero disfraz, aunque es la más común del mundo.
Me coloco unos pantalones holgados de tela y una camiseta que le regalaron a papá, de una marca de bebidas energizantes. Me recojo el cabello en una coleta y me paso una toalla desmaquillante por toda la cara.
Listo, he vuelto a ser yo.
Me dejo caer en la cama y cierro los ojos, pero los abro de inmediato cuando la primera imagen que regresa a mi es Garret besando a Sophia. Odio que se veían bien. Por supuesto que se veían bien.
Tomo el teléfono y sin pensarlo, busco su contacto pero no hago nada, solo veo su número guardado. Podría llamarlo, pero él no me ha llamado y quizás está con ella.
Dios… quizás está con ella.
Me giro sobre la cama y veo que faltan dos minutos para la medianoche, para la transición en vivo del programa. No me importa que haya sido Garret quien me dijo sobre este, me sigue gustando y esto no tiene nada que ver con él.
Tomo mi computadora y lo pongo, la pantalla tiene una cuenta regresiva esperando a que empiece. Espero y espero mientras pienso en Garret, en la última vez que estuvo aquí y en la forma en que me ha ignorado toda la semana.
Pero también, en ese momento en el pasillo, cerca del baño. Estaba ahí, yo estaba ahí y no me habló. ¿Por qué no me habló? ¿Por qué me miraba y no decía nada? ¿Qué tan difícil es?
La pantalla finalmente cambia, es noche de debate según una imagen. La pregunta para debatir es: