—Entonces, ¿Quieres que vayamos por pizza o sushi?
De nuevo estoy con Rogelio, en su auto, en lo que parece ser una cita. Bueno, sí es una cita, él me invitó temprano y yo acepté porque no tengo nada mejor que hacer.
—Pizza está bien —contesto.
Veo los autos a nuestro lado y uno de ellos lleva un doberman que se asoma desde el asiento trasero. Otro lleva música muy alta con los vidrios hacia abajo y otro es un hombre que está hablando por teléfono pero se le ve bastante enojado.
Rogelio conduce en silencio, no habla mucho a menos que sea sobre deporte y como yo no sé nada de eso, el tema de conversación termina rápido.
—Ayer te veías bien —Rogelio afirma.
Sonrío a medias, bajando la mirada a mis piernas. Hoy no hay ninguna falda, he regresado a mis pantalones de mezclilla y estos tienen unas flores bordadas. —Gracias.
—Sí, enserio, te ves bien con faldas —agrega.
Bueno, no es como si eso justamente fue lo que me dijo cuándo me invitó a la fiesta de Halloween.
—Personalmente, me gustan las chicas así, femeninas —admite.
Toco el cinturón de seguridad, estirándolo un poco. — ¿Femeninas? ¿Qué se supone que eso significa?
Se encoje de hombros. —Bueno, ya sabes, me gusta que se arreglen para salir. Me gusta que usen faldas, vestidos, tacones…
¿Está bromeando? Digo, es solo que yo no estoy usando nada de eso. —Sí pero, ser una persona “femenina” es subjetivo, ¿no? Eso no significa nada.
Se encoje de hombros. —Pues un poco, sí, después de todo eso nos hace distintos de las mujeres. Nosotros usamos algunas cosas, ustedes otras.
Resoplo. —Pero eso… yo ni siquiera uso tacones.
—Claro pero no es que no vayas a usarlos —sonríe en mi dirección antes de voltear al camino de nuevo.
Respiro profundo. —Además, ni me gusta usar faldas, no es cómodo, ¿sabes?
—Pero ayer usaste una —me recuerda.
Sí y no sé porque lo hice, solo pensé que sería un buen día para hacerlo porque nadie me vería raro, solo asumirían que era un disfraz.
—Bueno, sí, pero…
Rogelio cruza para entrar al estacionamiento de un restaurante de pizza y pasta. Se ubica cerca de la entrada y me hace una seña para que salgamos.
Suspiro antes de abrir la puerta.
Él me espera hasta que lo alcanzo y caminamos a la entrada, empujamos dos puertas para poder llegar a donde están todas las mesas. Es solo un lugar de pizza más, con mesas redondas blancas, butacas acolchonadas, el olor a queso frito y varias chicas con uniformes entregando pizzas y limpiando algunas mesas.
Rogelio me lleva a una mesa al fondo, se sienta frente a mí y me sonríe. Lo veo un momento y solo pienso que él realmente es lindo y si yo me esforzara un poco más, podríamos ser algo oficial.
¿Me casaría con él?
No tengo idea, pero mis padres se conocieron en la secundaria aunque no salieron hasta la universidad y yo me pregunto si así es como funcionan las relaciones, te quedas con quien conociste antes que seas demasiado mayor.
— ¿Cuál quieres? —me pregunta.
Me encojo de hombros. —Solo queso y jamón.
—Bien —mira hacia el mostrador—, yo creo que me iré con la de carne, me encanta la carne.
Rogelio es quien se levanta y va a ordenar nuestras pizzas personales. Lo espero desde el asiento notando que unas chicas más jóvenes en otra mesa lo ven y se secretean algo.
Giro el rostro a la ventana, veo pasar un auto azul y mi corazón pega un salto pensando en que quizás, ahí va Garret pero tiene unas calcomanías en el parachoques de botellas y no es él.
Rogelio regresa, me dice que en unos diez minutos nos traerán todo.
Él bosteza. —Entonces… Samantha —se recuesta en el respaldo—, tú estás en el equipo de animadoras, ¿No?
Paso la mano por la mesa de madera, por el borde. —Eh, bueno, sí algo así. Yo soy la mascota.
—Pero estás ahí —sonríe—. Que bien, debe ser divertido.
Esa no sería la palabra que yo usaría. —Es… entretenido.
Se acomoda las gafas. —Y, entonces, asumo que te llevas bien con las chicas, ¿no? Son todas unidas y así.
No le contesto solo hago un gesto.
— ¿Tú hablas con ellas? —frunzo el ceño, ¿Por qué me pregunta eso?
Aclaro la garganta. —Digo, sí, tengo que hablar con ellas.
Suelta una pequeña risa. —Sí, pero me refiero a si eres amiga de ellas, amiga cercana, ósea, ¿Se cuentan de cosas? De la escuela, de sus amigas… novios…
El sonido de unos vasos chocándose en la otra mesa me hace voltear, también veo pasar a una mujer con un carruaje y me pregunto por qué trae a un bebé si él no puede comer nada, pero quizás no es para el bebé.
— ¿Samantha? —llama mi atención.
Me acomodo el cabello. —Bueno, no. ¿Por qué me preguntas eso?
Se encoje de hombros, haciendo una mueca. —No, solo es curiosidad —estira la mano para tocar la mía, aunque solo el dorso—. ¿Sabes cuándo te noté? Cuando llegaste a la fiesta con el uniforme de las animadoras, te veías muy bien. Por eso te dije que te mirabas bien con faldas.
Asiento, no retiro la mano pero es un poco incómodo tener mi mano aplastada por la suya. —Ah…
—Sí y te vi con un chico, ¿Cómo es que se llama? —Suelta una carcajada—, Dios, es que siempre lo confundo porque solo pienso en “el muerto” pero tiene un nombre, ¿Brad?
Mis hombros se tensan. — ¿El muerto?
—Sí —ahora está jugando con mis dedos—, ya sabes, el que siempre tiene cara de haber estado en un funeral.
Sacudo la cabeza con un movimiento mínimo. — ¿Qué hay con él?
—Que fuiste con él aquella vez, ¿Verdad? ¿Es tu amigo?
Trago saliva con más dificultad de la normal. —Amigo… uh, sí…
Me suelta la mano para juntar las suyas. — ¿Ah, sí? Que extraño que sea tu amigo, tú te ves tan normal y él es tan —chasquea la lengua—, es que ni siquiera sé cómo describirlo, me recuerda a esos personajes de las películas que asesinan a todos al final.
No sé por qué estamos hablando de Garret.