— ¿Podemos movernos o nos quedamos aquí? —le pregunto.
Samantha me mira por unos segundos y luego, solo se sienta en las escaleras. Bien, supongo que es un buen lugar.
Me siento a su lado aunque no tan cerca. Tengo el corazón latiéndome rápido desde que escuché su voz avisando que había regresado y yo creo que es momento de arreglar esto, si es que todavía se puede arreglar.
—Uh, entonces, tus padres me dijeron que estabas en una cita —empiezo.
Odio la idea de ella con ese tal Rogelio, lo odio tanto y no voy a sentirme culpable cuando hablé un poquito mal de ese chico con su padre. Digo, el entrenador no es la persona más feliz del mundo sabiendo que su hija estaba en una cita y yo lo apoyé en eso.
—Sí, estaba en una cita —abraza sus piernas y recuesta el mentón en las rodillas.
— ¿Cómo te fue? —no quiero saberlo, odio saberlo, pero también quiero saber si Rogelio la trató bien.
Suspira. —Fue una… estúpida idea.
Inclino el rostro a un lado. — ¿Por qué?
Se reacomoda, sentándose recta. —Porque… porque sí. Porque tengo mala suerte con los chicos, creo que son unos idiotas —y me mira.
Ja, entiendo eso.
— ¿Te hizo algo? —bajo la mirada como si pudiera escanear si intentó lastimarla de alguna manera.
Tuerce los labios. —Solo hablar de su ex.
Oh, eso es bajo. —Imbécil.
Resopla. —No te gustará saber quién es su ex.
— ¿Quién? —levanto una ceja.
Sam toca la pared color beige, justo donde hay una parte con una mancha pequeña, evitando mi mirada. —Tu novia.
¿Sophie? ¿La cita de Sam fue el novio de Sophie? — ¿Mi novia?
—Ajá —ahora está trazando la mancha con su dedo—, fueron novios, que pequeño es el mundo de la escuela.
—Es una escuela pequeña —contesto.
—Pues eso —deja la mancha y ahora coloca ambas manos sobre las rodillas—, pero tranquilo, según Rogelio, ellos ya no son compatibles.
Recuerdo lo que dijo cuando llamó al programa, ella me vio besando a Sophie y ahora cree que es mi novia. Hay tantas cosas que quiero decirle pero no sé por dónde empezar.
—Sam —lamo mis labios—, Sophie no es mi novia.
—No importa —susurra, recostando su cabeza en la pared.
Ella es tan distante ahora mismo a pesar que estamos unos cuantos centímetros. Ella salió con ese chico que la hizo sentir mal. Ella cree que me gusta otra chica.
Dios, esto ya no lo soporto.
—Samantha —me acerco, deslizándome hasta que mi cadera se topa con la suya—, mírame.
—No quiero —sigue apartando el rostro.
Me paso la mano por el cabello. —Samantha, no estoy con Sophie. No quiero a Sophie, yo…
—La besaste —me recuerda—, y yo besé a Rogelio, ¿Eso que importa?
Ah… eso se siente como si me hubieran pateado las costillas. Sus labios estuvieron en los de Rogelio. — ¿Por qué lo besaste?
Bufa y finalmente me mira. — ¿Ahora me cuestionas? Ósea, tú besas a Sophia y yo no puedo besar a Rogelio.
—No es eso pero me dijiste que sigue hablando de su ex —el calor en mi pecho sube a mi rostro.
Ella junta las cejas. —Eso fue ayer, antes que supiera que no supera a la chica que todos aman. Vaya, por supuesto que no la olvida, es una modelo, ¿no? Ella es tan linda y…
—Sí, es linda —aprieto la mandíbula—, pero él no debió hablar sobre ella cuando estaba contigo.
—Pero lo hizo —suelta—, y tú sigues hablando de ella, ¿Por qué no te vas con Sophia? Ahora mismo podrían estar besándose.
Mi garganta está apretándose. —No puedo ir con alguien que me va a cerrar la puerta en la cara.
Arruga la frente. — ¿Qué?
Tomo una respiración larga. —Que yo… sí, la besé ayer, bueno ella se acercó y me besó…
—Ay pobrecito —estira las piernas—, tú no querías besarla.
Suelto una especie de gruñido. —Cállate y déjame hablar.
—No me digas que me calle —se mueve un poco, solo para quedar en una posición donde puede verme mejor, ahora sus rodillas se topan con mis piernas.
—Solo quiero que me escuches —pido, volteándome también.
Levanta las manos. —No quiero escucharte.
—Eres tan terca —paso las manos por mi rostro—. Escucha, nos besamos, ¿bien? Pero le dije que eso no se sentía bien y que ya no podría… es que no me siento como yo, ¿Sabes?
No contesta, solo me mira con la mirada entornada.
— ¿Y sabes qué? —Hago una pausa—. Te extraño, mucho. Te extraño Samantha. Lo siento, no sé porque peleamos pero ya no quiero hacerlo. La verdad es que yo no soy el tipo de chico que va a fiestas, yo soy… esto y solo tú me entiendes —tomo sus manos, acercándolas a mi pecho—. Y odio que estés saliendo con otras personas y sé que eso me convierte en una mala persona porque yo…
—Garret —me interrumpe—, ya cállate —pide, pero no suena como una orden, solo como una pequeña broma.
—No me digas que me calle —respondo, acariciando el dorso de sus manos.
Sonríe de lado, tan solo un poco. —Entonces, ¿Ahora qué?
No tengo idea. — ¿Seguimos siendo amigos?
Se encoje de hombros. —Supongo, los amigos pelean todo el tiempo.
Le doy una sonrisa. —Supongo —subo mi mano a sus hombros—, tengo una idea para mi proyecto y te necesito.
Eleva una ceja. — ¿Es solo por eso que viniste?
Chasqueo la lengua. —No, obviamente no. Pero ahora estamos aquí, ¿no?
Empuja mi rostro a un lado, jugando. —Eres un tonto.
—Lo soy —respondo.
La puerta del frente se abre y vemos como sus padres entran con unas bolsas por el supermercado. Su madre nos mira y sonríe.
—Hola niños, trajimos helado —anuncia.
— ¿Te quedas a comer, Garret? —el padre de Sam pregunta.
Antes de contestar, Sam habla: —Sí, se queda y dice que él va a lavar los platos y guardarlos.
Entorno la mirada. — ¿Cuándo dije eso?
Se levanta de un salto. —Ahora mismo —tira de mi brazo—, ven vamos por helado.
Dejo que me lleve con sus padres quienes han dejado las bolsas sobre la mesa.
Ayudamos a sus padres a guardar todo, luego solo nos dan unas paletas de vainilla cubiertas de chocolate para que comamos. Nos aseguran que en una hora todo estará listo así que vamos a la habitación de Sam.