La vida es impredecible.
Yo estoy consciente de eso, creo que todos de alguna manera lo estamos pero nada te prepara para esos eventos que ocurren cuando menos lo esperas, esas cosas que escuchas en otros lugares y piensas que a ti jamás podría ocurrirte.
Si alguien me hubiera dicho que eso iba a suceder, yo quizás, hubiera hecho mil cosas distintas. Hubiera cambiado el destino de mi vida y de otras personas.
Pero no lo sabia, ¿Quién lo sabe? Nadie. Así de desconocida es la vida. Te despiertas, haces pequeños planes como lo que vas a comer en la cena o te preparas mentalmente para ver el siguiente episodio de una serie por la noche, aunque nadie te asegura que serás capaz de hacer eso.
Solo asumes que volverás a tu casa y estarás bien. Solo piensa que es un día más en la rutina que ya conoces y que aunque en todas partes del mundo estén sucediendo cosas extrañas y tristes, a ti no te sucederán, ¿no?
Tenemos esa falsa creencia que somos inmunes a lo desconocido, lo impredecible, a ser un numero en una estadística que el mundo ya ha aceptado como normal.
Piénsalo, ahora mismo, en este mismo momento están pasando situaciones tan malas y tan horribles que es mejor ni nombrarlas. Y lo peor, es que cualquiera puede ser víctima de eso.
En cualquier momento.
Pero yo no lo sabía, al menos, no hasta ese día.
—Deberíamos ir a la playa —Garret me dice.
Lo volteo a ver. — ¿Crees que la época del invierno es la mejor época para ir a la playa?
Se recuesta en el casillero, cruzando los brazos. —Sí, es la mejor época. Además, no usaré un traje de baño así que puedo llevar mi ropa ordinaria.
Los días y las semanas han pasado, todo ha vuelto a ser como antes. Garret y yo seguimos siendo amigos y lo que pasó entre nosotros ha quedado atrás.
Estamos a tres semanas de navidad, pero antes de eso, será su cumpleaños y hemos estado pensando en qué hacer ese día. Será un día importante, cumplirá dieciocho años.
—Podemos ir al bosque —sugiero.
Resopla. —Pues el bosque está a tres horas de aquí, ¿Haremos un viaje en carretera?
Suena interesante. — ¿Deberíamos?
Sube una ceja, considerando la idea. Eso podría ocurrir y sería divertido. —Bueno, es una oferta interesante pero, ¿Qué hay de tus padres?
Sacudo la mano en el aire. —No hay problema, además podremos regresar ese mismo día.
—Sí, podemos hacer eso —se separa de los casilleros y toma mis hombros, inclinándose un poco para quedar a mi altura—. Samantha, tienes buenas ideas.
Sonrío. —Gracias, lo sé.
—Podremos buscar creaturas del bosque —me suelta—, ¿Crees en las hadas? ¿Mi abuela te contó la historia de las hadas?
Abro los ojos. —No.
Chasquea los dedos y me apunta. —Tendremos que ir con ella para que te lo cuente, ¿Pasamos después de la escuela?
Asiento. Garret y yo terminamos de limpiar el sótano y su abuela estuvo muy satisfecha. Garret me ha dicho que ella no le gusta hablar de sus hijos muertos pero a pesar de todo el dolor que ha vivido, sigue siendo una mujer divertida.
Y quiere mucho a Garret, siempre lo abraza y a veces solo creo que ella ve a su hijo en su rostro. Gracias a los videos, pude conocer a sus padres y sí, son muy parecidos. Su padre era de cabello castaño claro, pero tiene la misma sonrisa y es igual de alto que él.
Caminamos al jardín cerca de la cancha de futbol y nos sentamos en las escaleras, al rededor también hay otros estudiantes, personas que prefieren estar aquí en lugar de la ruidosa cafetería.
Garret baja su mochila y saca un contenedor. Ya sé lo que trae, lo ha estado haciendo por semanas.
Un sándwich para mí y uno para él. Primero solo me dijo que le sobraba uno y finalmente admitió que él los hacía para mí. Creo que eso es muy tierno, además, los corta en triángulos como me gusta.
Yo voy a la máquina expendedora y saco dos jugos de manzana, regreso a su lado y se lo paso.
— ¿Ya viste lo que publicaron? —Me pregunta, sacando su teléfono—, ¿Del video del debate?
— ¿Dónde hablamos nosotros? —arrugo la nariz—, ya sé, lo único bueno fue que censuraron nuestros nombres. Qué vergüenza.
Garret ríe. —Pues ahora somos famosos y la gente pide que volvamos a llamar, quizás debemos fingir que estamos peleando.
Ruedo los ojos mientras destapo mi jugo para darle un sorbo. Garret toma su sándwich y le da una mordida. —Creo que en año nuevo hay un evento, toda la gente loca fan de ese programa, deberíamos de ir.
—Sí —bajo la lata y la dejo a un lado—, ¿Qué sueles hacer en año nuevo?
Se encoje de hombros. —Nada, solo veo cosas en internet y luego tenemos una cena, mi abuela llega pero intentamos que sea un día más, no una fiesta…
Al fondo los chicos se pasaban la pelota pateándola, unas chicas estaban comiendo y riendo, los pájaros volando sobre el cielo azul con rayos cálidos, el viento suave y todo normal hasta que se escucha.
Un sonido fuerte, muy fuerte.
Fue como ese sonido que escuchas algunas veces de las motocicletas por los escapes o quizás algo como de pirotecnia.
Antes de poder escuchar algo más, queda un silencio ensordecedor. Es como si todos supiéramos que hay algo más que ese sonido que no duró más que un segundo.
Y luego, gritos.
Gritos de pánico que acrecientan como una ola, de menos a más y no como los que siempre se escuchan en la escuela.
Garret y yo volteamos a la entrada, desde aquí no se ve nada pero se escucha. Voces aumentando, pasos y ruido.
Otro sonido de algo explotando.
Garret se levanta de golpe. —Samantha —se estira para tomar mi brazo y levantarme, empujo la lata de jugo y se derrama—. Sam…
Otro golpe, pero no es un golpe y quizás, sí es una explosión pero no un accidente.
Es metálico, es corto y es fuerte.
Los chicos dejaron la pelota, el entrenador está estirando los brazos como una mamá ave protegiendo a sus polluelos, las chicas se han levantado también pero no saben qué hacer. Los gritos aumentan y un escalofrío me recorre todo el cuerpo.