La Rara Y El Muerto

30. GARRET

Lucinda me ayuda a sentarme en la cama.

— ¿Necesitas algo? —pregunta, aun con ese gesto que hace que una línea se le marque en medio de las cejas.

Niego. —No, estoy bien, gracias.

Ella asiente y suspira. —Está bien, llámame si necesitas algo.

Me siento mal por esto que está pasando, ella está embarazada y ahora está cuidándome. Me siento mal también por mi primo, quien me mira como si temiera que me fuera a romper en cualquier momento, y con mi abuela, quien insiste en que tengo que comer cada hora para recuperar energía.

—Gracias Lucinda —le sonrío.

Ella niega y acaricia mi cabello. —No lo agradezcas, chico. Sabes que te quiero, ¿Verdad?

Lo sé. Sé que solo alguien como ella podría estar en una relación con un hombre que adoptó básicamente a su primo cuando tenía dieciocho años. Soy como una especie de hijo para Richard, aunque ahora si va a tener a su propio hijo biológico.

Me acomodo sintiendo la tensión en mi espalda y el dolor en mi cuello, pero es soportable.

Lucinda sale de la habitación y me recuesto en las almohadas. Bajo la mirada a mi hombro, con las vendas y todavía esa sensación de hormigueo en mi codo.

Miro alrededor. Se supone que mi teléfono está por aquí pero no sé dónde, quiero hacer una llamada.

Bostezo y exhalo. No hay mucho por hacer ahora, tengo que quedarme en esta posición y no hacer algo con mucho esfuerzo. Pero estoy aburrido y también, estoy extrañando a alguien.

Estuve tres días en el hospital, mi primo me dijo que tuvieron que hacerme una cirugía pero no es tan grave. El doctor me explicó que voy a perder un poco la movilidad y la sensibilidad pero que poco a poco la iré recuperando.

Ni siquiera estoy seguro que día es, creo que es martes.

También me dijeron que las clases se suspendieron por una semana, que el tipo que me disparó también disparó a once personas más pero que él no era ningún profesional y su puntería no era la mejor.

Gracias a Dios, honestamente.

Que psicópata. Le preguntaron porque hizo eso, él respondió que le hacían bullying cuando era niño pero, ¿Sabes qué? Ni siquiera en esa escuela. Él no estuvo en nuestra escuela, fue en otra.

Él solo tomó sus rencores y su odio para desquitarse con personas que jamás en su estúpida vida lo habían visto.

Como alguien que se entretiene con videos de cosas paranormales y a veces sobre crímenes, me siento extraño. Es que eso ya lo he escuchado muchas veces antes pero jamás pensé que me pasaría a mí.

Y ahora solo me siento incomodo, no quiero que hagan videos al respecto porque no estuvieron ahí y si hablan de las víctimas de ese hombre, estarán hablando de mi también.

Lucinda reaparece, toca a mi puerta medio abierta y me da una pequeña sonrisa. —Oye, tienes visita.

Mi corazón pega un salto. No hay muchas personas que podrían visitarme, mi abuela sigue en la casa y solo queda otra.

Sam aparece detrás de Lucinda, con la mirada tímida.

Automáticamente, sonrío. Hoy lleva un sudadero negro, unos pantalones holgados azules y así, tal y como está, se ve hermosa.

—Sí, está bien, gracias Lucinda —digo, sin dejar de ver a Sam.

Lucinda le da espacio para que pase, ella le agradece y da pasos para entrar a mi habitación, cerrando la puerta detrás de ella.

—Estás vivo —me dice, quedándose aun cerca de la puerta.

Me acomodo y aunque siento dolor, no me importa. —Estoy vivo —estiro la mano—, ven, tranquila, no voy a romperme.

Hace una mueca. —Garret —camina a la cama, lento—, yo… estaba muy preocupada.

Se queda a mi lado, tomo su mano y la cubro con la otra. —Lo sé, mi primo me dijo que tu papá le llamó varias veces porque tú estabas insistiendo.

Suspira y se sienta a un lado. —Lo lamento, solo quería saber que estabas bien —niega—, no tienes idea… yo… quería hacer algo, quería ayudarte pero no sabía qué hacer y te vi ahí…

Una lágrima cae desde su ojo hasta su regazo.

—Oye —me levanto un poco para poder acercarme—, Sam, tranquila.

Gira el rostro, su labio inferior está salido, como un puchero involuntario. —Tenía miedo.

Estiro mi brazo bueno y la acerco a mí, ella se resiste pero la acerco. —No quiero lastimarte —dice.

Aprieto su cabeza contra mi otro hombro. —No vas a lastimarme.

Me rodea con mucho cuidado la cintura, recuesto la mejilla en su cabello. —Garret, te quiero.

Sonrío, mi corazón se ha acelerado. Tengo que aceptarlo, estoy enamorado de esta chica.

Es que, estar en el hospital me hizo contemplar muchas cosas. Me sentí más cerca de mis padres que nunca.

No voy a mentir y decir que tuve un sueño con ellos cuando estaba en cirugía, no fue eso. Es más como, el hecho que yo viví y estoy aquí me hizo pensar en su muerte y en todo lo que ellos ya no pudieron experimentar y algo dentro de mí me hizo sentir como si ellos me estuvieran pidiendo que viviera sin miedo.

Nunca conocí a mis padres, al menos, no realmente pero siento que eso me pedirían.

—Oye, Sam —se separa—, mientras estuve en el hospital hice algo.

Eleva una ceja. — ¿Algo? ¿Rompiste algo?

Resoplo. —No —acomodo su flequillo—, es que tenía mucho tiempo libre y tenía mi teléfono, pero no había señal ahí, ¿sabes? Te hubiera llamado pero no lo hice, lo siento.

Asiente. —Lo entiendo.

—Pero hice algo —miro alrededor—, solo tengo que encontrar mi teléfono para enseñártelo.

Se levanta de la cama, toma el suyo. —Voy a llamarte.

Lo hace y escuchamos una vibración, ella sigue el sonido hasta mi cajón del escritorio. Lo abre y saca el teléfono para entregármelo.

Doy unos toquecitos a la sabana para que se siente a mi lado, ella rodea la cama y se sube, quitándose los zapatos antes para doblas las piernas debajo de su cuerpo.

— ¿Qué es? —pregunta.

Abro la galería y busco los videos, el último que tengo guardado es una edición que hice en una aplicación.

—Míralo —pido.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.