La Rara Y El Muerto

31. SAMANTHA

No puedo creerlo.

— ¿Sam? —Garret se inclina para ver mi rostro.

Bajo el teléfono dejándolo en medio de nosotros. —Garret… —no puedo asimilar lo que acabo de ver—, Garret, esto es hermoso.

Eleva las cejas. — ¿Lo crees de verdad?

Asiento, limpiándome las lágrimas. —Esto es hermoso, no puedo creer que lo hiciste mientras te estabas recuperando de tu operación.

Suelto una carcajada. —No tienes idea de cuantas veces me regañaron, pero en realidad no es tan grave como parece —mira su hombro, por el cuello de su camiseta se ve la venda—. Entonces, ¿Te gustó? Lamento que te haya grabado, puedo quitar esas partes si quieres.

— ¡No! —elevo la voz—, lo siento, digo, no. Me encanta, es tan… es que no sabía que podías verme así…

Garret entorna la mirada. — ¿Cómo?

Trago saliva. —No sé, es que siempre he odiado las fotos y me veo rara pero en ese video, no sé, me veo…

— ¿Linda? —pregunta, interrumpiéndome—. ¿Muy linda?

Ruedo los ojos. —No, yo no…

— ¿No eres linda? —Garret sube la mano y toca mi mejilla—, ¿Cómo es que no te ves bien? Samantha, ¿Tengo que decirlo?

Un momento.

¡Un momento!

¿Esto está pasando ahora?

Mi corazón golpea con fuerza, como un hombre enojado golpeando un martillo, de esos que usan para derribar muros. —Eh…

— ¿Qué? —Él baja la voz—, ¿Qué piensas de mí, Samantha?

Ahora sí sé lo que se siente derretirse por alguien, en serio, es que la manera en que Garret me está viendo es demasiada intensa. No estamos en verano, en realidad tengo un sudadero porque hay frio pero ahora la temperatura está cambiando.

—Pienso que eres mi mejor amigo —afirmo—, que me agradas mucho y que…

— ¿Solo eso? —Su mano baja a mi barbilla, elevando mi rostro—, ¿No tengo una oportunidad contigo?

¿Qué?

¡¡Que!!

—Uh, ¿oportunidad? —mi estómago también tiene sensaciones, cables eléctricos chocando y produciendo chispas incontrolables.

—Sam —Garret se acerca, su rostro, su muy lindo rostro está a nada del mío—, quiero cruzar la línea de la amistad.

Mis mejillas están tan calientes. —Bueno, eso… yo…

—Sam —susurra, colocando la mano en mi mejilla—, ¿Quieres saber qué pienso de ti?

Asiento, tal vez un poco demasiado rápido.

Garret sonríe antes de inclinarse completamente y colocar sus labios sobre los míos.

Ahora sí, en mi interior, hay toda una fiesta de pirotecnia como un fin de año y comienzo de otro nuevo.

Sus labios se mueven, lento primero y luego acelerando el ritmo, siento la cama hundirse cuando él se mueve para tomar mi rostro con su otra mano también. Finalmente reacciono y llevo mis manos a su pecho, tirando de la camiseta para acercarlo.

No sé cómo, pero terminamos en una posición en donde yo estoy recostada sobre la cama y él está besándome sin parar. Siento como sonríe y yo voy a morir (de felicidad) si esto continua.

Se separa, su cabello le cae. Está inclinado sobre mí, manteniendo el peso de su cuerpo con su brazo bueno.

Estoy básicamente debajo de él y Dios… la manera en que me mira.

—Garret —su la mano a su rostro, tocando su piel suave.

—Te amo Samantha —admite, sonriendo—, estoy en problemas, ¿no?

—Oh, sí que lo estas —pero esa respuesta no viene de mí, ni de él.

Garret se mueve rápido y yo me siento. Su primo Richard está cruzado de brazos, recostado en el marco de la puerta.

— ¡Nada sucedió! —afirmo.

Entorna la mirada. —Bueno, lo que yo vi…

— ¡Juro que nada ha pasado! —Me levanto rápido fuera de la cama, acomodándome el cabello—. Esto no es… juro que eso no paso, Garret no hizo nada, solo… mírenlo, ¿Qué puede hacer con un brazo lastimado?

Me cubro la boca.

Garret me voltea a ver y su primo abre los ojos, luego, ambos estallan en carcajadas.

—Ese estuvo bueno —Garret dice.

Richard sacude la mano en el aire. —Bien, entiendo que son jóvenes y sé que se quieren pero intenten… esperar a que Garret sane.

Muevo las manos frenéticamente. —No, no, no, no vamos a esperar a que sane porque no vamos a hacer nada —apunto a Garret—. No vamos a hacer eso, no vamos a…

—Tranquila —Richard sigue riendo—, entiendo. Solo vine a avisar que tienes que tomar una pastilla ahora Garret, pero ya me voy —anuncia—, solo dejen la puerta abierta.

Él sale de la habitación.

Me vuelto a sentar en la cama, me cubro el rostro con una almohada y doblo mi cuerpo hundiéndome en ella. —Ay, no.

Garret acaricia mi espalda. —Tranquila, él no es estricto.

Muevo mi rostro, el cabello en mi cara bloquea mi vista de él. —Esto fue vergonzoso.

— ¿Lo dice la chica que usa un traje de león rosado? —él mueve los mechones para apartarlos.

Me reacomodo. —No eres gracioso.

Garret se encoje de hombros y eso provoca dolor, aprieta un ojo. —Auch.

Tomo su mano. — ¿Estás bien? —señalo a la puerta—, oye, ¿Dónde está tu medicina? Tienes que tomártela, Richard dijo que…

—No te preocupes —me acerca a su cuerpo y besa mi cabeza—. No necesito que me cuides… bueno, pensándolo bien, sí que lo necesito. Tendrás que estar conmigo por un largo tiempo.

Sonrío y lo abrazo. No es una posición cómoda pero no importa, estoy feliz, muy feliz. —Te… yo… también.

— ¿Tu también, qué? —pregunta.

Respiro profundo y cierro los ojos. —Creo que te amo, yo también.

— ¿Ah, sí? —Garret me mueve con cuidado para recostarme sobre el colchón—. Ahora tendré que besarte de nuevo.

—Espera, espera —miro hacia la puerta para asegurarme que no aparecerá otra vez su primo.

—Sam —él toca mi labio inferior con su pulgar y ese simple acto me corta la respiración—. Richard pidió que dejáramos la puerta abierta, pero no pidió que no te besara.

Abro la boca para protestar pero Garret se inclina y me besa de nuevo.




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