—Ten, feliz cumpleaños —estiro el paquete envuelto.
Garret lo toma y se sienta en la cama, con el regalo en el regazo. Quita el papel, mostrando una caja negra. Él frunce el ceño, destapa la caja y me voltea a ver. —Sam…
Me siento a su lado, colocando la mano en su hombro. —Es para que veas los videos de tus padres cuando quieras.
Le conseguí en internet un reproductor de DVDs y CDs, me llegó justo a tiempo para que pudiera dárselo el día de hoy. Creo que le gustará tenerlo aunque él ya convirtió los archivos a formatos para ver en el teléfono, pienso que es más orgánico verlos directamente de los discos que su padre hizo.
—Esto es… —lo levanta y me mira, con una sonrisa—, gracias, Sam. Esto es muy importante para mí.
—Me alegro —respondo.
Garret deja todo a un lado de él, mueve su cuerpo y su rodilla toca la mía. Me rodea con su brazo para atraerme y besarme. Cada vez que me besa siento como si una flor naciera dentro de mí.
Toca mi rostro con la otra mano. —Eres la mejor.
Aun no puedo evitar sonrojarme. —Solo quería darte algo que te sirviera.
Inclina la cabeza, nuestras narices se topan. —Te quiero —mueve sus labios a los míos y siento como todo se desvanece alrededor.
Esto es… interesante.
En realidad, es genial. No quiero que se detenga, si no fuera porque nuestras familias están abajo, nos quedaríamos aquí más tiempo.
—Dios… —susurra—, creo que soy adicto a besarte.
Respiro profundo y un poco en contra de mi voluntad, me separo de él. —Uh, bueno, yo…
Suelta una pequeña risa. —Me gusta cuando te pongo nerviosa.
Chasqueo la lengua. —No estoy nerviosa.
—Si claro —toma mi mano—, mírate, estás toda roja.
—Hay calor.
Señala mi rostro. —No hay calor, estamos en invierno.
—Sí pero la temperatura aquí es distinta, este cuarto guarda el calor —respondo, tocando la punta de un mechón.
Garret coloca una mano en el colchón, apoyándose de lado. — ¿Estás diciendo que yo te subo la temperatura?
— ¿Qué? —Me levanto de golpe—. ¡No!
Ahora dobla el brazo, queda recostado. —Está bien si lo admites, Sam. Honestamente, soy bastante guapo.
Ruedo los ojos. —Cállate.
—No lo negaste —pasa la mano por su cabello—, sé que te gusta cómo me veo.
Chasqueo la lengua. —Si no tuvieras el hombro lastimado te tiraría una almohada.
—Tranquila, soy más fuerte de lo que parezco —dice.
Bajo la mirada a sus brazos y sí, la verdad, él es muy atractivo. Es delgado pero eso no quita que tenga un poco definidos los brazos ya que según su confesión, le gusta hacer lagartijas en su habitación.
Aunque ahora ya no puede, claro.
Me acerco y le cubro los ojos. —Deja de verme así.
— ¿Así, como? —se aparta.
—Como… —como si quisiera besarme y no puede verme así porque en cualquier momento puede entrar mis padres quienes no saben que ahora él y yo estamos saliendo y me regañarían.
—Ven aquí —se vuelve a sentar.
Suspiro y lo hago pero cuando me iba a sentar, él me toma de la cintura y me hace caer sobre su regazo. — ¡Garret!
Quiero levantarme pero él ríe mientras me sostiene cerca. —Tranquila, nadie vendrá ahora.
No puedo estar tranquila. — ¿Cómo puedes tranquilizarme? Mi padre es gigante, ¿no te da miedo?
Mantiene el contacto visual en mis ojos y luego baja a mis labios. —Hay riesgos que estoy dispuesto a tomar.
Oh, Dios, odio como me corta la respiración tan fácilmente. —Garret —la palabra sale como un susurro.
Él se inclina y me besa de nuevo. Cierro los ojos y tomo su cabeza entre mis manos, me sostiene por la cintura y de pronto, no es suficiente estar así, necesito estar más cerca. Es como si quisiera que no hubiera nada de distancia entre nosotros.
Me besa acelerando el ritmo y siento sus dedos en la parte donde mi camiseta se ha levantado. Ese contacto es algo completamente nuevo para mí pero se siente bien, muy bien.
Mi mano baja por su cuello y luego, por su pecho.
Sus manos suben y toca mi espalda pero sin previo aviso, se detiene y aparta el rostro. —Vaya… eso es… necesito una pausa —me mueve fuera de su regazo.
Todavía puedo sentir cosquillas en mis labios. — ¿Hice algo malo?
Garret se pasa la mano por el cabello y me mira, con el ceño fruncido. — ¿Qué? —Sonríe de lado—. Estabas haciendo todo bien, Sam pero —se levanta de la cama y me toma de los hombros—, no quiero que esto dure solo unas semanas ni unos meses, ni siquiera unos años. Te quiero para mucho tiempo, por eso no quiero apresurar nada, ¿sí?
No puedo evitar sonreír, sintiendo mi corazón abrigado con sus palabras. — ¿De verdad?
Me atrae para abrazarme. —Claro, Samantha —besa mi coronilla—. Te quiero y juro que quiero mucho, todo si es posible —suelta una pequeña risa—, pero tenemos tiempo.
Cierro los ojos, recostándome en su pecho. —Lo tenemos.
—Así es —susurra—, y ahora esto es más que suficiente, tenerte aquí, hoy.
Exhalo lentamente, relajándome entre sus brazos. —Nunca pensé que tendría un novio, solía imaginarlo pero nunca realmente creí que eso me pasaría. No sé, estaba convencida que personas como yo no podíamos tener eso.
Bufa. —Samantha, tienes que empezar a verte cómo eres realmente —me aprieta más—. Linda, divertida, ingeniosa y una muy buena persona. No hay nada sobre ti que sea desagradable o malo, ¿entiendes?
Me despego un poco de él para ver su rostro. — ¿Nunca pensaste que era un poco rara?
Resopla. —Muchas veces —me guiña—, pero, ¿Sabes qué? Siempre me atrajo más lo que es fuera de lo común, y bueno, si una chica rara como tú que tiene labios suaves y huele increíble quiere estar conmigo, tomaré esa oportunidad.
Suelto una carcajada. —Estás loco.
—Lo estoy —besa la punta de mi nariz—, por ti, especialmente.
Respiro profundo y vuelvo a abrazarlo.
A Garret le decían “el muerto” tan solo porque prefería vestirse con ropa oscura, no hablaba mucho y no interactuaba tanto como otras personas esperaban pero nadie de ellos sabía que Garret tiene de los corazones más vivos que jamás he conocido.