Los días han pasado y es hora de volver a la normalidad.
Tenemos que regresar a la escuela, solo que esta vez, yo pasé por Sam a su casa. Ella normalmente iba con su padre pero ahora que estamos oficialmente saliendo, creo que es lo que debemos hacer.
Cuando me estaciono, bajo y la espero afuera de la puerta. Ella se acomoda el suéter y me da una pequeña sonrisa antes de ver al edificio.
—Es raro, se siente como si más tiempo ha pasado —dice.
Asiento. No puedo asegurarlo pero es como si todos tuvieran expresiones distintas. —Ayer tuve una pesadilla.
Chasquea la lengua. —Lo imagino, tú recibiste un disparo.
Exhalo lento. —Solo espero que lo dejen en la cárcel mucho tiempo.
Ella niega, luego toma mi mano. —Lo importante es que no te pasó nada, a nadie.
Vuelvo a ver hacia la escuela. No sé sí han implementado algo para que nadie vuelva a entrar con un arma pero de todas formas, si alguien quiere lastimarte, va a encontrar formas de hacerlo.
—Vamos —aprieto su mano.
Caminamos hacia adentro. Hay un ambiente más o menos normal, personas hablando y ocupados con sus casilleros pero también noto que algunos voltean más veces de lo necesario a los lados y algunos miran a mi dirección.
Pasamos a mi casillero y luego al de Sam, luego vamos al salón de clases. En algún punto, alguien cierra con fuerza uno y sobresalto.
Entramos y nos dirigimos a nuestros asientos, nos soltamos de la mano hasta que nos sentamos. Sam saca sus cosas de la mochila y yo veo hacia la ventana, con el cielo nublado.
La clase es como todas, excepto que al final el profesor anuncia que en el tercer periodo habrá una conferencia del director. Sigo pensando que el día de hoy es raro, menos ruido y menos risas.
Antes, solía sentarme aquí y desear que mis compañeros se callaran. Todos los días era lo mismo, risas escandalosas, burlas tontas, ver como hacían bailes ridículos para las redes sociales y música, pero ahora pienso en como sería todo si ese hombre hubiera herido mortalmente a alguien.
Seguramente, el silencio sería permanente.
Puede que muchos de ellos no me agraden y quizás mi experiencia en la escuela no ha sido la mejor, pero no quiero que alguien viva algo así. Prefiero aguantar la pena ajena y la irritación a tener que ver a uno de ellos en su funeral.
Continuamos con las clases hasta llegar al tercer periodo, estábamos entrando con Sam al auditorio cuando la profesora de inglés me detiene y me pide que yo me siente al frente.
No quería hacerlo pero creo que no tengo muchas opciones.
Dejé a Sam para irme al frente, en la fila donde hay otras personas más. Cuando los veo, entiendo mejor por qué quieren que esté aquí. Somos los que nos hirieron. Yo tengo la venda en el hombro pero los demás también están vendados, incluso con unas muletas.
Me siento al lado de una chica que tiene una venda como la mía pero en el brazo y unos moretones en el rostro, no me imagino exactamente qué pasó cuando fue el ataque.
Dos profesores mueven una silla para dejar pasar a un chico en silla de ruedas. Él luce triste y asustado, parece más joven que yo. Bajo la mirada a mis rodillas y solo pienso en que, a pesar que no estamos muertos, no significa que no haya dejado consecuencias en nosotros.
Espero que ninguno de ellos tenga algo permanente, espero que todos pueda volver a como estaban antes de ese día.
El director pasa a hablar sobre lo sucedido, nos dice lo que la mayoría ya sabemos, todo sobre como esa persona era ajena a la escuela y que en este momento está siendo investigado. Nos avisa que tendremos a nuestra disposición ayuda psicológica si lo necesitamos y que podemos llegar cuando lo necesitemos.
Luego pasan algunos profesores más a pedirnos que mantengamos la calma, que seamos solidarios y finalmente pide un aplauso para nosotros, los que sobrevivimos. Es raro porque no es como si hicimos algo realmente, solo no nos morimos
Finalmente la asamblea termina y yo me encuentro otra vez con Sam. De camino a la siguiente clase, algunos de nuestros compañeros me saludan y me dan la mano.
—Esto sí que es extraño —le digo, antes de llegar.
Se encoje de hombros. —Es por lo que pasó.
—Pero entonces, ¿Si no me hubiera pasado esto, seguirían tratándome igual?
Sam hace una mueca. —Quizás sí pero así son las cosas, ¿no? Es hasta que pasa algo muy malo que alguien voltea a verte.
Tiene razón.
Además de eso, no pasa nada interesante en la escuela y es un día ordinario más. Cuando terminan las clases y salimos, me doy cuenta que ya hay varias casas decoradas para navidad.
— ¿Qué harás en fin de año? —le pregunto.
Sam, en mi auto, se acomoda. —Nada, bueno, usualmente solo preparamos la cena y vemos películas, luego a dormir.
Conduzco el auto sin problema, en ocasiones siento un poco de dolor pero nada grave. —Entonces, ¿nada de planes especiales?
—No realmente —contesta.
Pienso en todo lo que viví este año, que distinto ha sido. Hace unos meses no esperaba que nada cambiara pero de la nada, mucho se convirtió en algo más.
A veces me gusta pensar en mi vida como un efecto dominó. Es como, si un evento no hubiera sucedido, muchas otras cosas de las que conozco no se hubieran dado.
Por ejemplo, si yo no hubiera sido amigo de Sam, esa vez en el tiroteo tal vez no hubiera estado en ese mismo lugar. Si no hubiera estado por la cancha de futbol, puede que ese hombre sí me hubiera disparado y me hubiera herido gravemente. O tal vez, si no hubiera sido amigo de Sam, ella no me hubiera abrazado y ese ángulo no sería el perfecto para que la bala solo impactara en una parte de mi cuerpo que no afectó mi vida cotidiana.
Pero puedo ir más hacia atrás.
Si yo no hubiera aceptado ir a esa fiesta, no hubiera visto a Sam con el disfraz de león y no me hubiera ofrecido a llevarla a casa, o si ella no hubiera tenido ese disfraz, no me hubiera llamado la atención.