La Rata del Vagabundo

Capítulo 31: El punto sin retorno

No hubo anuncio cuando cruzaron el límite. Ningún cartel, ninguna señal visible. Aun así, el vagabundo supo el momento exacto en que dejó atrás la posibilidad de volver a caminar como antes. Fue una sensación seca, inmediata, como cerrar una puerta que no hace ruido pero encaja perfecto.

La ciudad empezó a responder distinto.

Los semáforos parecían cambiar al paso de ellos. No para ayudar, tampoco para obstaculizar: para marcar ritmo. Los relojes en vitrinas mostraban horas levemente desfasadas entre sí. Nada grave. Nada accidental. El tiempo no se rompía; se ajustaba.

—Ya no estamos fuera del sistema —murmuró—. Estamos dentro.

La rata avanzaba con determinación, sin dudar en cruces ni esquinas. No seguía caminos visibles, sino decisiones ya tomadas. El vagabundo entendió que, de algún modo, la ruta se había estrechado. Aún podía elegir cómo caminarla, pero no hacia dónde conducía.

El hambre estaba quieto. Demasiado.

No presionaba. No advertía. Se había convertido en algo más peligroso: reserva.

Llegaron a una zona elevada de la ciudad, donde las calles se volvían más limpias y el silencio era distinto, no por abandono sino por control. Edificios administrativos, sedes técnicas, lugares donde se toman decisiones sin levantar la voz.

El vagabundo sintió miradas desde ventanas altas. No curiosidad. Verificación.

—Aquí es donde deciden quién sigue existiendo —dijo.

La rata se detuvo frente a una escalinata amplia que conducía a una plaza cerrada por rejas negras. No había guardias visibles. No hacían falta. El lugar estaba protegido por algo más eficiente que armas: consenso.

El vagabundo apoyó la mano en la baranda. El metal estaba tibio.

—Si entro, ya no hay margen —susurró—. Todo lo que pase después va a contar.

El hambre reaccionó por primera vez en horas, no con urgencia, sino con peso. Como si dijera: estoy listo.

Cruzó la reja.

La plaza era amplia, limpia, demasiado ordenada. No había bancos, ni árboles grandes, ni lugares para quedarse. Solo espacio para pasar. En el centro, una estructura baja de concreto formaba un círculo imperfecto, como si hubiera sido reparado muchas veces.

El vagabundo se acercó. La rata no lo siguió. Se quedó en el borde, observando.

—Hasta aquí llegas conmigo —dijo él, sin volverse.

Ella no protestó. No era separación. Era función.

Al pisar el centro del círculo, algo se acomodó en su interior. No fue dolor. Fue claridad. Entendió que ese lugar no servía para decidir qué iba a hacer, sino quién lo haría.

Una voz habló desde atrás. No amplificada. No solemne.

—Si das un paso más, todo se vuelve irreversible.

El vagabundo se giró. Un hombre y una mujer estaban de pie a pocos metros. Vestían de manera común, pero había en ellos una neutralidad inquietante, como si no pertenecieran a ningún extremo.

—Eso ya pasó —respondió—. Solo que ahora lo admiten.

El hombre asintió lentamente.

—La ciudad no necesita héroes —dijo—. Necesita límites.

—Y yo soy uno —dijo el vagabundo.

La mujer lo observó con atención clínica.

—Eres una variable —corrigió—. Y las variables se controlan… o se eliminan.

El hambre se tensó. No por miedo. Por cálculo.

—No vine a pelear —dijo el vagabundo—. Vine a terminar de caminar.

El silencio se hizo denso. La ciudad parecía contener la respiración, no expectante, sino atenta a la exactitud del momento.

—Si sigues —dijo la mujer—, no podrás desaparecer otra vez.

El vagabundo pensó en el puente. En el pan. En la sombra que ofrecía comida. En cada paso que lo había traído hasta allí.

—Nunca desaparecí —dijo—. Solo me ignoraron.

Dio un paso más dentro del círculo.

El aire cambió. No dramáticamente. Con precisión. Como un contrato que se activa sin necesidad de firma.

La rata levantó la cabeza desde la distancia. Sus ojos brillaron un instante, no de miedo ni de orgullo.

De reconocimiento.

El vagabundo supo entonces que ya no caminaba hacia un final lejano.

Caminaba dentro de él.

Y lo que quedaba por venir no iba a preguntarle si estaba listo.

Iba a comprobarlo.



#1401 en Fantasía
#238 en Magia

En el texto hay: esperanza

Editado: 11.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.