La razón de un desastre

Prólogo.

—No creo que sea un buen plan Miller —sugiere Janne a mis espaldas.

—Calla, que sabes muy bien todo lo que me hizo pasar ese idiota.

—Si cariño, pero creo que no es buena idea frente a todas esas personas.

—Ni las conozco. —me encojo de hombros.

—Por eso, —me toma de los hombros observando muy seguramente mis ojos aún enrojecidos por todas las horas que he llorado—, busca otra solución.

—¿Cuál, Janne?

—No lo sé, algo se nos ocurrirá Shannon —niego con mi cabeza— ¿Y si te meten a la cárcel?

—No es para tanto, al final no le costo nada —avanzo con más seguridad, la rabia nubla mi juicio y eso es incluso más peligroso que una mujer herida y engañada. Janne deja de hablar y ahoga un grito tapando su boca cuando ve el bate de madera que se encuentra en una de las esquinas siendo agarrado por mi mano, lo giro con agilidad y a este punto el corazón me palpita más por rabia que por miedo.

—¡¿Qué haces loca?! —susurra para no llamar la atención de los guardias y personas presentes, a decir verdad parecemos un par de invitadas más para una fiesta.

Su mirada llena de terror me deja saber que es lo que pasa por esa cabeza.

—No lo voy a matar por si te lo preguntas —golpeo su frente con mi dedo índice.

—¿Y qué harás con eso? ¿Jugar al béisbol? ¡Se coherente! —intenta quitármelo pero lo impido y me doy prisa para evitar que me mande al suelo.

Con una sonrisa llena de odio y enojo camino abriendo las puertas de par en par entrando a una sala que está sumida en un silencio sepulcral. Mis ojos se llenan de lágrimas al observar lo que por derecho debería ser mío.

—Buena jugada —hablo señalando la espalda del hombre, siento la acidez subir por mi garganta— Hacerte pasar por el hombre más enamorado, convencerme de casarme contigo y dejarme en tan poco tiempo de la que supuestamente sería nuestro matrimonio.

El rostro de la novia cubierto por el velo en el altar improvisado es lo único que llegó a ver antes de lanzar el primer golpe a los floreros a un lado de mi. Los gritos y sorpresa no se dejan esperar y no me interesa nada más que destruir todo lo que esté a mi lado. Claro, hablo de algo material. Flores vuelan con cada golpe que doy y el olor a ellas inunda mis fosas nasales, ignoro el olor aunque en segundos me percaté que no son las que escogí.

—Mentiroso, embustero, traicionero, hijo de la madre que te parió —grito mientras destrozó todo a mi paso— Imbécil, dijiste que solo yo estaba en tu vida.

—¡Papá! —grita la mujer con voz chillona y me vale un pepino cuando vienen a pretender detenerme y antes de que lo hagan logro seguir destrozando llegando al área de comida, pastel y bebidas. Comida con trozos de pastel vuelan por todos lados salpicando a los invitados y de paso mi vestido también.

No puedo continuar por qué la voz de Janne me detiene.

—¡Miller! —y es que cuando grita mi apellido de esa manera significan problemas, más para mí que para ella…

Y si, lo son y de una manera catastrófica. Por qué la boda que creí que era del imbécil mayor resultó ser otra completamente distinta. Más glamurosa… y más costosa al parecer.

¡¿Ay Dios, qué hice?!

Sonrió con inocencia para aminorar la magnitud del problema que tengo encima en estos momentos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.