El celular suena una vez más recordándome que no podré escapar para siempre de mi familia. Pero al menos puedo hacerlo por un día más.
Suspiro apagando el celular, no quiero que esto se convierta en una distracción en un momento tan fatal como este. Una sombra se cierne frente a mi, una voz provoca que eleve mi mirada a su horrible cara. La voz es lo segundo peor que tiene.
—¿Qué hiciste con el encargo que te pedí dos horas atrás? -habla el gerente del evento.
«En realidad fueron treinta minutos»
Me abstengo de responder para no perder el empleo que me genera más ingresos, el otro a penas me sirve para completar y pagar lo que falta. Sin embargo, con este trabajo puedo lograr ahorrar más para mí boda con Max.
—No tarda en llegar, pedí que se entregará antes de...
—Ash, se nota que todavía no aprendes. Casi dos años en este negocio y no se te queda en la mente -interrumpe, se da la vuelta dejándome con la palabra atorada en la garganta.
Tremendo idiota tengo de jefe.
Sello mis labios, respiro como Janne me dice cada vez que estoy a punto de tirar a alguien por el cabello. Me funciona, no por mucho porque vuelve a mí con reclamos que ni siquiera me competen.
«Respira Shannon» repito hasta diez veces en menos de treinta segundos «No lo mates»
—La novia casi llega —Diana se acerca con paso apresurado-, y la decoración no está terminada, me va a dar algo.
—Calma, ya estás por finalizar. —mi intento de animarla queda mediocre cuando me señala lo que hace falta, por no decir todo.
—Esto es lo que ocurre cuando pones a un burro al mando —dice con sarcasmo, ambas sabemos que el puesto era para ella.
—Nepotismo —susurro cuando el burro pasa por delante de nosotras.
Pido al cielo que esta recepción acabe temprano, quiero llegar a casa a tiempo para la salida. Me enfoco en lo que estoy tratando de hacer con unas telas de seda, no es fácil cuando los materiales son peor que tú ropa vieja del clóset.
Los gritos de Arturo son una esclavitud de la cuál prefiero librarme caminando a una de las esquinas para terminar mi trabajo. No es la manera en que haría todo esto, quizás con algo de más creatividad podría solucionar mucho de los problemas que se están presentando a último momento. Cómo las flores mal colocadas, le quitan el protagonismo a las telas que van en caída; las cuales estás también opacan a los cristales del lugar. Cristales que serían muy buena opción, si buscas un toque orgánico y sencillo.
No digo nada, no son parte de mis responsabilidades. He aprendido que es mejor hacer solamente lo que se te ordena y no pretender ayudar de más de lo que es tu obligación. Ahorro más las molestias por no meterme que por querer que una novia sea feliz el día más importante de su vida. Lo mismo pasa con las demás celebraciones.
En fin, mantengo mi móvil lejos de mi alcance mientras intento sobrevivir en el caos que se genera minutos antes de la hora estimada. Arturo alza la voz indicando la llegada de los invitados, coloco los últimos detalles en las sillas y decido realizar mi gran escapada al área de la cocina. La ceremonia y la recepción se harán en el mismo lugar, la anfitriona prefirió conservar lo tradicional de las bodas en Corea por la familia del novio, dado qué su origen es de ahí.
Victor se acerca a mi sigiloso para no llamar la atención cuando ve que estoy muy concentrada prácticamente lamiendo un bol que contiene relleno del pastel.
—Te falta ahí —señala una parte, mi expresión le sugiere seguir hablando— ¿Qué? Así me ahorras el trabajo de lavarlo.
—Chistoso. —respondo, vuelvo a lo que estaba haciendo pero gruño cuando Victor me lo quita— ¡Oye!
—Buca otra cosa que lamer, necesito terminar para irme.
Hago caso a sus palabras y encuentro dulces sobre una mesa.
—¿Irás con Janne? —pregunto, niega con la cabeza en silencio—. No entiendo por qué ambos están recios de hacer las pases, hablar es la mejor manera de solucionar las cosas -comento mientras abro una paleta de fresa.
—No es tan fácil, Miller.
—No lo es, pero es lo mejor ¿No crees?
Conozco a Víctor desde que me mudé a la ciudad, hace aproximadamente cinco años, entre encuentros él y Janne se fueron haciendo cercanos y con el tiempo su relación de formalizó. Resultan una pareja un poco incomprendida a mi parecer, puesto que ambos no tienen casi nada en común.
—Dejemos de hablar de eso ¿Quieres? —deja el plato sobre el lavado y voltea su rostro hacia mí— Mejor dime, ¿Tienes planes hoy?
Asiento con emoción.
—Max reservo un restaurante para tener una cena romántica -comento, le ofrezco un dulce el cual acepta— Y te iba a pedir un favor...
—No —contesta de inmediato.
—¿Qué? ¡¿Por qué no?! —exclamo— Ni siquiera me has dejado terminar.
—Dejame adivinar —responde con cansancio—. Quieres que te cubra el resto de tu turno y así tu podrás ir a tu cita perfecta dejándome a mi con el doble de trabajo.
—Te cubriré en el siguiente evento. —bato mis pestañas sonriendo.
—Si, como las últimas dos veces -su dedo índice se posa sobre mi frente llenado está con espuma- Me debes esas horas Miller.
—¡Por favor! —suplico, intento convencerlo con promesas que incluso yo dudo poderlas cumplir.
—Bien —contesta al escuchar mi última propuesta—. Las ganancias de tus horas extras serán mías.
—Solo de estás horas. —sonrío con inocencia, sus labios se vuelven una línea al escuchar mis palabras— Vamos victor, sabes que no puedo desajustar mucho.
—Aun no puedo creer que seas tu la única que ahorre con tanto esfuerzo para una boda que es de ambos.
—El también está ahorrando, hace poco comenzó a tener horas extras en el despacho.
—Si, claro. —murmura bajito.
No quiero entrar en la misma discusión por qué necesito librarme de este desastre y tomarme el tiempo con Max, así que decido ignorar eso.
—¿Tu hiciste el pastel? —pregunto al ver qué sigue fregando el resto de utensilios.
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Editado: 21.08.2026