Que me haya mentido, robado, avergonzado y dejarme faltando poco para la boda fue suficiente para decirme de todas las maneras que no me amó nunca. Que tan descarada debe ser una persona para hacer todo eso.
Me maquillo y aliso mi cabello en tiempo record y me acerco al vestidor de dónde saco un vestido negro de tiro largo que por perjuicios estúpidos nunca llegué a utilizar. Lo deslizó sobre mi cuerpo, los tirantes con brillos contrastan con mi piel descubierta de mi espalda.
Gracias a las prácticas con Janne puedo manejar de una manera decente los zapatos de tacón alto, del mismo color que el vestido. Al contrario de mi gama de colores, Janne viste un vestido de flores.
Y es que esa es la cuestión, yo no voy como invitada, voy como una protestante hacia sus mentiras. Prometí no llorar, es lo que intento ahora mismo al retocar mi maquillaje por quinta vez. Janne entra al momento que termino, su preocupación es notable pero no refuta mi decisión.
—¿Lista? —pregunto con la poca valentía tengo—. El taxi nos recogerá dentro de cinco minutos.
Asiente colocando sobre su cuello su collar de corazón. Yo tengo uno en forma de flor. No doy más rodeos y bajo antes que Janne, escondiendo algo que en definitiva me quitaría. En pocos minutos estamos de camino, gracias a la información infundida por internet sabemos dónde se hará todo.
—¿Estás segura? —murmura Janne—. Creo que sería mejor...
—No vengas a decirme que es mejor que olvide todo, —contesto de manera fría— Sabes lo que he pasado. Es algo mínimo comparado a lo que él me hizo.
Janne es lo contrario a mí. Diría que somos como el Ying y el Yang, completamente distintas pero que se necesitan la una a la otra para mantener su equilibrio. Ella necesita mi locura y yo necesito su tranquilidad. Sharon es más una copia de papá, siempre busca la lógica en cada acción y la justificación de cada decisión.
El hotel sin duda grita lujo por dónde quiera que lo veas. El mármol reluce bajo mis zapatos y el repiqueteo de cada paso que doy me hace recordar lo de las últimas horas, como si fuera una lista de deseos donde enmarco cada palabra, mirada y situación en la que me hizo pasar. A este punto hago bien mi trabajo al mantener oculto de Janne lo que metí en la cajuela del taxi.
Llego al mostrador haciéndome pasar por una invitada que llega tarde, las clases de actuación del último semestre me resultan muy útiles ahora, agradezco al cielo que no me ponen problemas y me indican el número de sala al decirle el apellido de la mujer. Es un gusano sin importancia ya que solamente el nombre de la futura esposa aparece en cada periódico, chismes de internet y revistas que leo.
—Ya vuelvo —digo. Encuentro a un conserje y le pido que me lleve a la sala lo que le entrego.
Vuelvo con mi amiga y se ve nerviosa, más que yo pero igual de enojada.
—Por ahí —me señala Janne la entrada a la sala— ¿No podías pasar más desapercibida?
—No.
—No creo que sea un buen plan Miller —sugiere Janne a mis espaldas.
—Calla, que sabes muy bien todo lo que me hizo pasar ese idiota. —vuelvo a repetir.
—Si cariño, pero creo que no es buena idea frente a todas esas personas.
—Ni las conozco. —me encojo de hombros.
—Por eso, —me toma de los hombros observando muy seguramente mis ojos aún enrojecidos por todas las horas que he llorado— busca otra solución.
—¿Cuál, Janne?
—No lo sé, algo se nos ocurrirá Shannon —niego con mi cabeza— ¿Y si te meten a la cárcel?
—No es para tanto, al final no le costo nada —avanzo con más seguridad, la rabia nubla mi juicio y eso es incluso más peligroso que una mujer herida y engañada. Janne deja de hablar y ahoga un grito tapando su boca cuando ve el bate de madera que se encuentra en una de las esquinas siendo agarrado por mi mano, lo giro con agilidad y a este punto el corazón me palpita más por rabia que por miedo.
—¡¿Qué haces loca?! —susurra para no llamar la atención de los guardias y personas presentes, a decir verdad parecemos un par de invitadas más para una fiesta.
Su mirada llena de terror me deja saber que es lo que pasa por esa cabeza.
—No lo voy a matar por si te lo preguntas —golpeo su frente con mi dedo índice.
—¿Y qué harás con eso? ¿Jugar al béisbol? ¡Se coherente! —intenta quitármelo pero lo impido y me doy prisa para evitar que me mande al suelo.
Con una sonrisa llena de odio y enojó camino abriendo las puertas de par en par entrando a una sala que está sumida en un silencio sepulcral. Mis ojos se llenan de lágrimas al observar lo que por derecho debería ser mío.
Para mí sorpresa, luego de hacer tal desastre mis mejillas muy seguramente estan como tomates al tomar en cuenta que está no es la boda que creí que era. Con una novia llorando por el suelo, los invitados murmurando, otros reprimiendo risas y bueno... después todo lo que hice no sé cómo carajos voy a salir de esto.
«Debí escuchar a Janne»
Me reprendo mentalmente, mi amiga intenta acercarse al momento que el novio se gira. Mis neuronas trabajan a la velocidad de la luz cuando reconozco el rostro que viene caminando a mi con paso apresurado.
Bien, si es él puedo solucionarlo. Al final no queria casarse.
—Oye, yo te conoz...
Mis palabras se cortan al tiempo que me toma de la cintura juntando nuestros labios en un beso que nunca pedí, pero que tampoco está mal...
¡Basta Shannon!
No me suelta por más qué batallo. La única manera que lo hace es cuando llevo mi mano derecha a su hombro y lo presiono con la fuerza suficiente que me libera. Sin dejarme escapar, por supuesto.
—Cállate y sígueme —susurra antes de voltear al frente.
Mis palabras no llegan a salir por dos motivos: la voz del anciano que estalla con furia y lo embobada que todavía está mi mente por lo que acaba de suceder.
—¿Que pasa aquí Lucian?
Ah, con que ese es su nombre...
—Lo que ves abuelo. —su mano rodea mi cintura, el bate en mi mano contrario cuelga aún con pedazos de todo lo que destruyó—. Te dije que ya había alguien.
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Editado: 21.08.2026