La razón de un desastre

Tres razones

Ha pasado una semana. Una en la cuál pareciera que fue más un sueño que algo real, incluso cuando Janne y yo actuamos como si todo siguiera normal; mis días siguen monótonos con la única diferencia de que hay un vacío notable. Algo que falta en cada mañana, tarde o noche. Sus mensajes, llamadas y visitas.

Probablemente sea la mujer más estúpida del planeta por seguir extrañando a alguien para quien claramente nunca estuve en sus planes a futuros.

Los gritos de Arturo me sacan de mis pensamientos, Victor se acerca con sigilo para no ser mandado a otro lado de la sala. Al burro le encanta arruinar conversaciones y Victor no es la excepción aún cuando sea su sobrino.

—¿Qué le pasa el día de hoy? —pregunta bajito.

—La poción de crecimiento capilar no le funcionó —contesto con sarcasmo.

Obtengo una risa como respuesta de Víctor. Se ve feliz, sus ánimos ha estado mejores que los últimos meses. Supongo que las cosas con Janne han ido mejorando.

—¿Tienes planes hoy? —pregunta mientras coloca unos centros.

—Sumergirme en mi miseria —murmuro.

—¿Qué?

—No me hagas caso. —digo restando importancia.

—Esta noche habrá un concierto y creo que sería buena idea si fuéramos...

—Disculpa, tengo que ir a traer el resto. —lo interrumpo, a decir verdad no he estado presentando atención en lo que me ha dicho en los últimos minutos.

El celular vibra en mi bolsillo con una notificación, al menos el leer un mensaje de Amber me entusiasma un poco. Pide vernos para comenzar las clases, que yo misma le ofrecí, acepto con gusto y comienzo a planear lo que haremos. Regreso con Victor que vuelve a hablar sobre cosas banales que la verdad hacen distraer a mi mente.

—Lo siento —murmura— Se pierde de una gran mujer.

Me cuesta captar lo que esta diciendo hasta que me doy cuenta de que se refiere a lo de Max, pienso que Janne le contó. Lo que me parece extraño es su rostro, que demuestra lo contrario a lo que dice. No le tomo importancia a sus gestos, al final él era uno de los que más estaba en contra de mi boda con Max.

—Si, supongo que tienes razón —digo, cambio de tema— ¿Has arreglado las cosas con Janne?

Duda antes de responder:

—Eso supongo.

—Que seguro te escuchas.

—Es difícil Miller —contesta— Las cosas con Janne nunca son faciles.

Su respuesta me molesta.

—¿Sabes lo que pienso? —volteo a ver su rostro—. Tu respuesta es tan horrible como el hecho de no estar seguro con tu relación, y no lo digo por ser amiga de ella, lo digo por que tu inseguridad es una cuerda floja a la que ninguna mujer le gustaría tener.

No pienso lo que digo, a lo mejor estas palabras van dirigidas para alguien más. Puede que sí. Pero tampoco es bueno ver como se expresa el novio de tu amiga de ella aún cuando el también es amigo tuyo. Mi relación con Janne va más allá de cualquier cosa o persona. Si tengo que elegir entre ella y Victor, con mucho gusto la elijo a ella.

—No desquites tu dolor conmigo, Miller. —señala molesto— No todos somos como él.

—Pues demuéstralo.

Giro sobre mis pies para tomar mi espacio sintiendo como las lagrimas empañan mis ojos. Al menos no todo ha sido tan malo... a quién quiero engañar. Me dejaron, como una estúpida, me robaron dejándome sin casi nada, me encarcelaron durante una noche entera, me casé y tengo un esposo al que he visto dos veces en mi vida. No sé como piensa o que tipo de persona es. Mi apellido esta atado al de otra persona. Mama pide que la visite, Sharon pregunta como estoy, Papá ansia asistir a una graduacion ficticia y mi amiga no ha querido hablar de todo lo que ocurrió, al igual que yo.

En definitiva estoy desesperada.

Me agacho a un lado, pésima idea porque ahora no sé si las ganas de llorar es por todo lo que ha ocurrido o por el mal olor del contener de basura que tengo al lado.

—Si a mi me pagaran por hacer tu trabajo —reconozco la voz del burro—, te aseguro que encantado lo tomo.

—No me siento bien —soy sincera, sigo con la vista al suelo— Deme un momento y vuelvo.

—Claro que sí —responde— Todo el tiempo que desees, me avisas si también necesitas una silla, bebida o si prefieres ocupar el lugar de la novia... mueve tu trasero Shannon, no te pago para que pierdas el tiempo.

Me trago el vomito verbal que en realidad quiero gritar y prefiero entrar en silencio a la sala, estar en todo esto me recuerda que hasta hace unas semanas ansiaba casarme y terminé en algo completamente distinto.

Paso el resto del dia en silencio, escuchando las quejas de Arturo, los comentarios de mis compañeros, las sugerencias de Diana para matarlo y ocultar su cuerpo, Victor y sus miles de excusas sobre Janne. Me siento cansada y ver el celular encenderse con el nombre de mama en la pantalla me frustra más. Decido pasar de la llamada por dos razones: no tengo tiempo y no tengo ánimos.

—Toma —Victor extiende una barra nutritiva.

—¿No tiene maní? —pregunto demás.

—Sabes que no te daría algo que te podría matar.

Asiento al tiempo que la abro, huele bien. Puedo notar que he pasado de mis tiempos de comida al sentir el rugir de mi estómago con solo el olor. Debo admitir que el dulce de la barra se siente insípida, ahora recuerdo por que no me gustan estás cosas.

La como para sobrevivir unas cuantas horas más antes de irme a casa, gracias a Dios este evento de acaba al anochecer. Lo malo es que no medí el tiempo de hoy y llego a cancelar con Amber por mensaje al ver la hora que es.

Al final de todo termino muerta, deseando estar en casa con un bote de helado y una película de lo más espeluznante que exista. Camino a casa con mis pensamientos en otro planeta, debo darle mi tiempo si quiero evitar quedar calva por la ansiedad y el estrés que me provoca todo esto. Moon me recibe con sus maullidos al entrar, su cola se enreda en mi pierna derecha.

Dos horas después me encuentro solamente acompañada por la gata, una caja de pizza y un bote de helado de menta. Mi cabello mojado bota gotas de agua al momento de sentarme en el sofá.




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