En estos momentos me cuestiono la gravedad de la locura que hice para terminar de casada con este hombre. La Shannon de este futuro quiere agarrar del cabello a la Shannon de ese momento por impulsiva.
Supongo que mi vida sería muy aburrida si fuera como papá.
—¿Me investigaste? —pregunto con molestia.
¿Me ofende? Claro que si.
¿Me preocupa? Más que me ofende.
—Si. —responde con descaro, su tranquilidad me molesta.
—¿Y respondes así de tranquilo? —me levanto queriendo buscar una salida.
—Comenzaremos el despegue, abrochen sus cinturones de seguridad. —hablan por la bocina.
—No puedes bajarte, las compuertas están cerradas.
—¡Al diablo con esto! —estallo—. Vuelves a hacer algo que detesto. Tomas atribuciones que no te corresponden.
—Escucha...
—No. —Lo encaro, mis palabras brotan sin poder detenerlas—. Disfrutas molestarme, disfrutas borrar cualquier posibilidad de deshacerme de ti, prefiero pasar una semana encerrada que un año atada a ti.
—¿Por qué? —se levanta igualmente ignorando las órdenes del piloto— ¿Por qué te sientes incomoda conmigo o con el hecho de que terminaste casada conmigo y no con el idiota que te dejó frente a todo un restaurante?
La punzada en el pecho que siento luego de escuchar sus palabras me arden.
—No te quedas atrás. —señalo—. Buscas aprobación en tus acciones diciendo que si a un matrimonio que ni siquiera te interesa.
—No me conoces.
—Oh, si. Una conversación nocturna te hace darte cuenta que lo imbecil lo traes desde nacimiento.
—Lo dice quién sigue rogando por alguien a quién no le interesas.
—No te metas en mis asuntos, Ashford. —decir su apellido es raro.
—No pretendas hablar de mi como si me conocieras.
—Perfecto, de mi si lo puedes hacer —digo tomando la hojas, las estampo en su pecho con fuerza— Solo procura ver los datos más importantes.
Me alejo lo más que puedo, al menos tengo una bonita vista que intenta calmar la tormenta que siento dentro de mi.
El cansancio me va ganando la batalla que he estado librando durante todo este tiempo, los párpados me pesan y me sumerjo en un profundo sueño mientras observo el atardecer.
★★★
El toque de una mano sobre la mía va despertando mis sentidos poco a poco.
—Señorita —dice una azafata—. El señor la espera afuera.
Mis sentidos se aclaran a los segundos de escuchar sus palabras., me levanto para segurila y los ojos se me agrandan al ver la multitud que nos recibe, los flashes me dejan ciega al instante mientras intento caminar delante del que se supone es mi esposo. Entre tanto me hace cuestionarme si es famoso o algo que el mismo paga para agrandar su ego.
—Lo que puedes hacer con el dinero —murmuro, no creo que me escuche por las voces que vienen de diferentes direcciones.
Brasil.
Caigo en cuenta que me trajo a Brasil al ver el tipo de idioma que hay en sus letreros. Jamás creí viajar hasta aquí.
—Bienvenidos —nos saluda uno de los trabajadores—, es un placer tenerlo de vuelta y a su...
—Esposa. —responde sin dudar, el hombre frente a mi se descoloca por su respuesta. Si yo fuera él también le creería por la manera natural en que lo dice.
—Un placer estar a sus servicios, señora Ashford —dice con una leve inclinación luego de salir del estupor.
—Gracias —contesto con una sonrisa amigable.
Lucian rueda los ojos y sigue su andar con sus manos metidas en ambos bolsillos dejándome atrás. Lo sigo a cierta distancia, no quiero estar cerca de él en estos momentos.
Al final del recorrido nos espera un auto negro el cual nos lleva a un hotel, el trayecto es hermoso al ver sus calles encendidas por las luces que ilumina cada rincón por la noche. Sigo sin decir una palabra, la siesta que tome en el avión ayudo un poco a aminorar el cansancio acumulado, más no el enojo que aún cargo en el pecho.
Ninguno de los dos mediamos palabras, ni miradas. Solamente nos limitamos a existir dentro de la cabina del auto hasta llegar a nuestro destino. Sale del auto cuando le abren la puerta, por mi parte también lo hago. Su caminar me da a entender que no está de humor y me lo confirma por la forma tan fría en dar órdenes al llegar al hotel. En mi bolsillo vibra mi celular y lo tomo al darme cuenta que no tuve tiempo de avisar que no regresaré a casa, al menos no esta noche.
Escribo a Janne sobre mi paradero mientras camino, no obtengo respuesta de su parte, supongo que es por la diferencia de horas que hay entre Río de Janeiro y Los Angeles. Sin darme cuenta me estrello contra la espalda de Lucian, su rostro se gira al sentir nuestro toque.
—Disculpa —murmuro.
No recibo respuesta de su parte y me voy a sentar a un lado, alejada de todo lo que conlleva su presencia. Observo su entorno y algo de lo que no me había dado cuenta es la manera en como conversa, muy distinta a como lo hace conmigo; o al menos en como lo hizo esa noche en el restaurante, responde, mira y actúa de manera más distante y fría. Cómo si quiera dar a entender que no permite que le hagan perder el tiempo pero sin palabras.
Lástima, yo sí se lo hago perder y como me encanta hacerlo.
Comienzo a jugar con las hojas de la pequeña palmera que hay junto a mi y no me percato cuando alguien más se sienta a mi lado. Su voz me saca de mis pensamientos.
—Puedo observar que llevas un rato sentada sola —habla—. ¿Esta ocupado?
—Creo que no, al menos que la planta a mi lado de la nada tenga pies para poder sentarse.
Lo se, soy rara al socializar.
Por suerte, al chico no le molesta mi mal chiste.
—La fisiología de una planta impide que obtenga piernas. —responde mientras se sienta.
—¿Sabes de plantas? —pregunto, asiente y me explica que es un fitologo.
Quedo a medias al escuchar mil palabras salir de su boca en menos de un minuto. Me saca una que otra sonrisa con sus comentarios botánicos y me invita a una convención que habrá sobre la ecología. Asiento aunque sin estar segura de poder asistir. La voz del chico se corta al ver a Lucian acercarse de la nada, espero a que diga algo como lo ha hecho estas últimas horas pero solamente pregunta:
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Editado: 21.08.2026