Dos días en los cuáles no he sido capaz de encender mi celular para evitar responder o rechazar las llamadas de Sharon. La última que vez que hablé con Janne fue para explicarle el porqué de mi ausencia, mis redes han estado por explotar y los comentarios de personas que ni conozco no faltan. Sin hablar de la posibilidad de enfrentarme a mis padres.
Los leves toques en la puerta me levantan del sillón, no hace falta adivinar quién es por el inconfundible aroma. Su cuerpo recostado a un lado al abrir la puerta y con una sonrisa a modo de saludo me extiende un folleto.
—Vamos —dice, no pregunta.
Le cierro la puerta en la cara, al parecer no le quedó claro anoche cuando le grite que estoy arta de sus intromisiones.
—¿Cómo..?
—Te doy tu espacio, cariño —habla mientras me muestra la llave de pase entre sus dedos—. Tenemos que hablar Miller.
—¿Lo demandas o lo preguntas?
—Ambas.
—Me hace pensar que de niño te enseñaron de todo menos el por favor y gracias.
—Nunca necesité de esas dos palabras. —se encoge de hombros—. Haré una excursión, ven conmigo si deseas conocer bien Río de Janeiro y no por una agencia mediocre.
Mejor ni pregunto cómo lo sabe, no quiero amargarme más con su respuesta. Vuelve a extenderme el folleto que no le agarré y empiezo a leer la información que hay en ella. La tentación me gana al ver el recorrido que haremos y termino diciendo que sí. Me sugiere el tipo de ropa por los mosquitos y me espera en el lobby cuando bajo. Nos guía al auto, el deportivo nos espera afuera y no me deja saber si tiene preferencia por otro color que no sea negro.
Sigo diciendo que los colores vibrantes de Brasil y sus calles me parecen hermosos a la vista humana, como desearía tener un lienzo frente a mi para poder retratarlo; el peso de su mirada sobre mi provoca no dejar de ver las calles, aún cuando nos detenemos en un semáforo en rojo.
—¿Tengo algo en la cara? —pregunto cansada de su minuciosa mirada.
Se encoge de hombros con una sonrisa para finalmente volver a ver al frente negando. Una de sus manos libres viaja a la parte trasera del auto.
—Toma —dice de la nada, me quedo sin saber que hacer al ver una bolsa de regalo; una muy bonita a mi parecer.
—¿Qué es?
—Si lo abres, quizás te des cuenta que es.
Ruedo los ojos al tiempo que abro el regalo.
—¿Tan difícil es decirme que es?
—No responderé algo que puedes saber por ti sola.
—No puedo aceptar esto. —devuelvo la caja del celular— Gracias.
—¿Por qué no?
—Porque no somos nada cercano para recibir de tu parte este tipo de regalos.
—¿Es necesario ser cercanos? —inquiere con picardia.
—No es a lo que me refiero, Ashford.
—¿Entonces?
—Es el hecho de que somos unos completos extraños, los cuales solo esperan que este año pase rapido.
—Me pregunto si tienes algun fetiche por etiquetar todo lo que hay en tu vida.
—No lo hago. —respondo tangente.
—Si lo haces. —contradice— Tu amiga es tu hermana del alma, tus padres son distantes, tu ex un imbecil, yo, un marido sin elección y el novio de tu amiga tu enamorado.
—Primero, Janne es mi mejor amiga desde que estabamos en pañales, mis padres no son distantes, mi ex en definitiva es un imbecil, y Victor no es mi enamorado.
—Aja —responde poniendo los ojos en blanco.
Decido dejar el tema de lado, el rastro de hierba y árboles frondosos me indican que ya llegamos, dejo la bolsa de regalo en el mismo lugar de donde la saco y me dispongo a salir pero la mano de Lucian se adelanta al abrir la puerta y extenderme su mano para ayudarme a salir. Su repentina caballerosidad me parece extraña. El toque de su mano libera una corriente electrizante por todo mi cuerpo, la aparto al sentir una sensación extraña.
—Gracias.
Asiente, no pasan ni dos segundos cuando vuelve a ser el mismo idiota de la otra noche dejandome sola en un lugar que no conozco. Entramos en una recepción donde somos recibidos por un grupo de personas, la mayoria son las mismas de la velada. Ya decia yo que su comportamiento habia sido un cambio milagroso.
—Linda, es bueno verte de nuevo —saluda una señora con una sonrisa mas falsa que sus cejas.
—Es un gusto volver a verla. —miento, no me da gusto.
—La solteria te pegaba mejor —comenta el mismo viejo barbon.
—¿Y perderme de esta belleza? —Su brazo izquierdo rodea mi cintura, sonrio de la mejor manera cuando besa mi cabeza—. Fue suficiente el vagar solo por veintisiete años, ¿cierto cariño?
—Tanta que me rogó por casarnos, aún cuando le dije que era muy pronto.
El rostro de Lucian se transfigura a una de asombro e incredulidad y su sonrisa congelada me da la victoria.
—¿Lucian rogando? —inquiere estupefacto, que chismoso.
—Si, deberia haberlo grabado la primera vez que me propuso matrimonio en una playa, era hermoso con un camino de rosas y velas por todas partes. Fue tan romantico. —Bato mis pestañas al conectar mi mirada con la suya, ahora son la que sonrío de oreja a oreja cuando termino de decir:—. Fue una lastima rechazar su propuesta, me duele recordar como sus lagrimas bajaban por ese hermoso rostro...
Me callo al percibir un jincón en mi costilla, ¿me pellizcó?
—Pero... —habla otra señora, es la primera vez que la veo—, según recuerdo, tú eras la que habías entrado interrumpiendo la boda entre los Ashford y los Wilson, y la boda se celebraba por un embarazo que se decia ser tuyo. —oberva a Lucian.
Este último me ve con cara de que la regué.
«Ay, demonios. Eso te pasa por boca abierta.» Me reprendo. Mis neuronas trabajan a la velocidad de la luz intentando responder lo primero que se me ocurre pero la voz de Lucian no me deja hacerlo.
—Los rumores siempre corren Scarlett, mi matrimonio con Sienna era más una insistencia por parte de mi abuelo al querer formar una familia antes de tomar el cargo de la empresa. —Sus ojos se dirigen a mi y con una sonrisa que no podria describir termina de decir:—. La mejor manera de terminar atado a una mujer es a una que me vuelva loco.
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Editado: 15.09.2026