La razón de un desastre

Confesión

—Esto no está bien —reacciono, mis manos tiemblan al querer apartarlo.

—¿Que no está bien?

—Esto, todo esto.

—¿Dejarás que las cosas se queden así?

Estúpida no soy, se lo que trata de hacer.

—Manipular la situación a tu antojo no te va a funcionar.

Su mirada se afila y una sonrisa astuta sale a la vista, niega bajando sus ojos y aparta los brazos sin dejar esa expresión.

—¿Crees que te estoy manipulando?

—Intentando, diría yo.

—Eres astuta, Shannon.

Le resto importancia cuando levanto mis hombros.

—No me vas a utilizar a tu antojo.

—De hecho, la que sale más beneficiada eres tú.

—¿En qué sentido?

—¿No te tienta la idea de que muera de celos?

Si, me tienta. Pero no quiero parecer una idiota dolida.

—No —respondo aparentando estar segura—, y no me voy a prestar para este tipo de juegos.

El rastro de lágrimas ha desaparecido y no estoy dispuesta que esto afecte más de lo que ya lo ha hecho.

—Como quieras —se cruza de brazos—, pero el contrato sigue estando...

—Vinculante y no me vas a obligar hacer algo que no quiero. Al menos respeta eso.

—¿Tu luto amoroso?

—Llámalo como quieras —contesto cortante—. No me interesa.

Salgo del estudio o lo que sea este lugar y camino al salón principal. Janne viene a mi encuentro con una mezcla de sorpresa y preocupación en su rostro.

—Estoy bien —digo antes de que pregunte.

—¿Segura? —murmura.

Asiento, lo que menos necesito es mostrarme quebrada, por lo que alzo la mirada con determinación y valentia. Una de estas dos me faltan al ver a Max acercarse cuando finalmente se logra librar de la que ahora es su esposa. Evado su mirada y esquivo como puedo una conversación que se que me hará explotar y este no es un buen lugar para hacerlo.

Prácticamente huyo dejando sola a Janne y me acerco a la única persona que creí no hacerlo y con unsa sonrisa forzada me engancho en una conversación de la que no tengo ni idea.

—Las inverciones estan elevadas este ultimo mes. —escucho hablar a un señor muy parecido al papá de Lucian.

—Eso es bueno, las acciones subirán como espuma si esto sigue asi...

—Oh, bella. Que bueno que estes aquí —interrumpe el anciano a la persona que estaba hablando.

—Disculpen mi intromición.

—No tienes de que disculparte, un Ashford nunca lo hace.

«Ahora veo de donde le sale tanto narcisismo»

—¿Es tu nueva nieta? —inquiere con molestia el hombre de rasgos muy similares al anciano.

—No soy una nueva adquicisión —hablo sin pensar, pero en mi defensa detesto que traten a una mujer más como un objeto que como persona.

—No fue lo que dijo —añade otra persona—, sin embargo el historial de tu esposo no es muy buena que digamos...

¿Como puede dejar que estas personas haben asi de su propio nieto?

—Creo que lo correcto seria mantener sus opiones dentro de su mente.

—Bueno papá, no es un secreto...

—Mi nieta tene un buen punto. Nadie que no lleve su misma sangre tiene el derecho de hablar de mi nieto de esa manera.

Este señor me sorprende, me llama de esa manera sin siquiera conocerme.

Pido a gritos que la tierra me trague al ver como estas personas me acribillan con sus ojos, el hecho de que no tenga buena relación con el cavernícola no significa que estaré dispuesta a dejar que lo tiren al fuego.

Prefiero hacerlo yo.

Mis pensamientos homicidas son interrumpidos por el anciano quién sonríe de una manera satisfactoria mientras me aparta del resto.

—Me falta mucho por conocer a la mujer que logro desposar a mi nieto sin ningúna amenaza.

«La amenza es él.» Me abstengo de responder lo que realmente mi mente quiere decir.

—Tendremos mucho tiempo —sonrío para aliviar la tensión que estoy sintiendo.

—Claro, me gustaría que ambos vinieran a pasar un fin de semana a la caballa familiar.

Mejor me callo para no seguir comprometiendome.

Nuestra conversación se corta por una pareja que se acerca y el cuerpo se me tensa al ver de quienes se tratan.

—Isabella —dice con una pequeña sonrisa.

—Abuelo.

Nuestros ojos no se apartan y lo peor de todo es el estúpido sentimiento que tengo atorado en el pecho.

—Máximiliano —saluda un tanto seco.

—Antonio.

¡Por fin ya se cuál es el nombre del anciano! Bueno, de Antonio.

—Les presento a Shannon, —que no lo diga, por favor...— La esposa de Lucian.

¡Demonios! No queria involucrar mas personas en esta farsa. Aunque ni me interesa lo que piense.

Enarca su ceja e intenta decir algo cuando Isabella habla primero, el mundo se sume en un silencio entre ambos en los cuales ninguno puede decir algo sin ser escuchados. No me separo de Antonio, al contrario, me apego más al no ver por ningún lado a Lucian y percibo la mirada de Isabella en momentos fugaces al notar que los ojos de su esposo no se quitan sobre mi.

Empiezo a sentirme incómoda y prefiero buscar a Janne para irnos a casa, lo malo es que no logro llegar a dónde esta mi amiga al sentir una mano cerrarse sobre mi antebrazo y no hace falta adivinar quién es. Necesito salir de esta situación cuanto antes.

—¿Te casaste? —pregunta con indignación.

—Si.

—¿Por qué?—es en serio cuando digo que necesito salir de esta situación, no encuentro a Lucian para safarme de esto— ¿Creés que asi me olvidarás, Shannon?

Me rio con sarcasmo y enojo. El sinismo de este tipo me sorprende. Abro mi boca para hablar pero las palabras no las llego a pronunciar por un par de brazos que me rodean.

—Señora Ashford, para ti. —Lucian me abraza y nunca estuve feliz porque lo hiciera. Al menos sirve para algo.

—¿Desde cúando?

Me pregunta ignorando la intromisión de Lucian y debo decir que la tensión entre ambos es palpable.

—No te interesa —respondo fría.

—¿Tenías algo con él cuando estabas conmigo?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.