La razón de un desastre

Tregua

Aún mi mente no explica como termine buscándolo, quiero creer que una de las razones fue porque no quería mas problema.

—¿Se acercó a ti? —inquiere.

—No fue Max, fue Victor.

Y en sus brazos me siento como esa noche, un refugio que se que es temporalmente confortante.

—Pequeña paloma inocente. —inquiere suspirando.

—No te burles.

—No lo hago. —Me separa luego de unos segundos más y su mirada no se aparta de la mía— ¿De dónde vienes?

—¿Por qué? —pregunto extrañada.

—Hueles a aire barato.

Ruedo los ojos.

—Del Royal.

—¿El hotel? —asiento y enarca su ceja— ¿Que hacias en ese lugar, Shannon?

Abro mis ojos como platos al entender su confusión.

—No seas idiota, no estaba en un hotel con Victor. Bueno, si, pero no de la manera en que tu cochina mente lo piensa.

—Explícate. —su voz impaciente me confunde.

—Estaba trabajando.

—¿Trabajando?

—Si, lo que uno hace cuando no nace en cuna de oro.

—¿Crees que no trabajo? —pregunta casi ofendido.

—No si tienes todo a tus pies. —encojo mis hombros.

—Ya.

No lo niega pero tampoco lo desmiente.

—Me tengo que ir. —digo al darle cuenta que por mi culpa ha dejado todo de lado.

—¿Vienes a mi en media reunión y luego pretendes irte cuando ya me interrumpiste?

—Si —respondo a modo de broma.

—Yo no dejo las cosas a medias.

—¿Tú también te vas? —inquiero con curiosidad.

—Si —dice al tiempo que empieza a caminar a la salida.

—¡Es-espera! —digo al querer alcanzarlo, ¿cómo puede llegar tan rápido al elevador en menos de cinco segundos?—. Llévame a casa.

Su rostro sin expresión me hace pensar que no me llevará.

—¿Por qué tendría que hacerlo?

—No bromees, llévame. Por tu culpa estoy aquí.

—¿Por mi culpa? —se señala a si mismo.

—Si no me hubieses presionado para casarme contigo, en estos momentos estaría...

—En la cárcel por haber matado a un miserable.

—En mi cama viendo miles de series y películas románticas.

Ignoro su comentario, creo que tendría un poco de razón.

—¿No lo haces ya? —pregunta con una media sonrisa, el elevador tarda más de lo que me gustaría.

—No, tengo que trabajar si quiero que no me echen del apartamento, con Janne trato de mantener los pagos al dia; sin contar el alquiler del estudio y los gastos de comida junto a los demás...

—Estás muy habladora el día de hoy.

Me quedo en silencio y su rostro se gira a mi dirección al no escuchar nada.

—Cuando tengo miedo empiezo a hablar de todo. —confieso cabizbaja y debo parecer inmadura.

—¿Miedo? —Se gira para quedar frente a mi— ¿Por qué lo tienes?

—Nunca había sido abordada por tantas personas en mi vida y digamos que no tengo un recuerdo agradable con las cámaras y las fotos.

—¿Quieres contarme más? —baja el tono con el que estaba hablando, pasó de frío a uno cálido en segundos.

—¿Quieres escucharme?

Aunque me lo pienso, no es algo de lo que me guste hablar y sería la primera persona fuera de mi círculo íntimo que lo sabría.

—Me gusta la idea de saber quién tiene mi apellido.

—Tu apellido no me pesa ni emociona —me encojo de hombros—. Con el mío es suficiente.

—No en mi mundo.

—¿En el planeta Ashfordiano es un delito no portarlo?

Estalla en risa al escucharme y me da la espalda para caminar cuando las puertas se abren. Salgo detrás de él, pero estoy a punto de devolverme por dónde vine y montar una tienda de acampar en media recepción al ver que la salida está plagada de los mismos periodistas.

«Me siguieron»

—¿Qué haces? —Me detengo a mitad de camino, me giro sobre mi propio eje para verlo y señalo afuera.

—¿No esperarás que me enfrente a eso otra vez? —pregunto seria.

—¿Por qué no? —se cruza de brazos— No sería la primera vez que estas frente a ellos.

—Es diferente, estabas a mi lado, y prefiero huir a tener que salir en portada por una demanda —digo—. Creeme cuando te menciono que no mido mis acciones al sentirme presionada y acorralada, en mi vida nunca tuve tantas personas siguiéndome.

—Lo entiendo.

—No, no lo entiendes. No sabes lo sofocante que es, y saber que es a ti de quién toman las fotos. Si esto será asi, Lucian, no podré soportarlo por mucho tiempo.

—¿Crees que no he pasado por eso? Shannon, crecí en medio de esto.

Me callo al darme cuenta de que el debe de haber pasado por más.

—Tú has estado en esto desde que naciste, es diferente.

—Dijiste que me contarías...

—¿De verdad quieres saberlo?

—Creo que la información de esa noche en el restaurante no fue sufuciente para conocerte.

—Igual no es como que no puedas saberlo, me investigasté —le recrimino.

Ignora mi reproche y habla inhalando, creo que lo hace para buscar paciencia.

—Ven conmigo —Extiende su mano—, si dices que en Brasil fue diferente; será lo mismo en estos momentos.

Muerdo el interior de mi mejilla evaluando si sería una buena idea, sin embargo, la sugerencia tiene lógica y eso abre una nueva duda en mi.

¿Por qué no reaccioné en Brasil? ¿Qué diferencia hubo ahí con el resto de momentos?

—¿Shannon? —interrumpe mi dilema mental y me recuerda que aun espera por una respuesta.

Llego a una única conclusión: no lo sé, pero quiero descubrirlo.

—No te atrevas a soltarme ni dejarme atrás —digo en un susurro cargado de temor y advertencia.

Asiente en silencio y encierra mi mano cuando esta llega a tocarlo, su tacto se siente extraño y hasta un poco incómodo. Es la primera vez que ambos nos tomamos de la mano por voluntad y no por las circunstancias.

Inhalo con fuerza antes de comenzar a caminar por el largo pasillo lleno de guardaespaldas, bajo mi cabeza para concentrarme en algo más que no sea el sentimiento sofocante que alguna vez padecí. La voz de Lucian resuena en mi oído al acercarse a mi.




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