La Razón Moral de Willa Thrimey

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“A veces pareciera que el pecado más grande que alguien pudiese cometer en esta época es ser mujer”.

Taché nuevamente el escrito y comencé a jugar con la pluma en mi mano una vez más, manchando mis manos de tinta y el pequeño espacio de mi corazón de completa penumbra y agonía ¿Habrán momentos en que se puede manchar el alma? Supongo que de vez en cuando estamos tan encerrados en nuestra mente que todo lo que creemos erróneo nos aborda hasta tal punto en que no queremos ver las verdades que nos lanzan a la cara.

“Verdades” que duelen y aún así, no pueden dejar más manchas en nuestra cabeza de las que ya hemos tenido durante tantos años. Apreté con fuerza la pluma en mi mano derecha y comencé a vomitar letra tras letra en el pergamino: “Pareciera que los nobles de hoy en día temieran que nuestro cerebro fuese más grande, nuestro intelecto más agudo y nuestra ideología más certera, pero… últimamente he notado la diferencia de Hayter.” taché el nombre con afinco “con otros hombres y como él parece agradarle que la mujer piense, corrijo, en como yo pienso, en lo que leo, en lo que me gusta o me disgusta.”

Suspiré con fastidio.

Siento que intentar expresarme por cualquier medio resulta ser más difícil de lo que antes era y ahora no sé cómo soltar las palabras que tanto anhelo sacar. Es horrible sentir tanto miedo ¿Sabes? Sentir que el temor te respira en la nuca erizando los pelillos en ésta y demostrándote, gritándote que en realidad estás cometiendo un grave error, que no vale la pena tomarse riesgos basados en la imprudencia y que todo lo que piensas en realidad no sirve para nada. Y entonces lo sabes; tienes presente que el miedo te aborda hasta el punto en que se te dificulta respirar y su frío te abraza presionando tu pecho como si tu corazón estuviese en sus tenebrosas manos con garras que rompen los tejidos alrededor y te dejan seco, inerte…herido.

Sin embargo, lo que el temor siembra en hombres sabios, tal vez, se trate de la inquietud de no saber hacer algo bien en la vida.

No soy un hombre, claro está.

Tampoco me considero muy sabia, pero tengo que admitir que he esperado tanto por esto como aquellos hombres sabios algún día podrían esperar y ¿Qué somos nosotros en este vasto mundo de diversas realidades? Estoy tan agotada de preguntarme noche y día qué es lo que se supone que hago aquí, si se supone que no servimos de nada, entonces ¿Qué hacemos aquí? Y a ésto me refiero con el mundo entero, hombres y mujeres ¿Qué propósito tenemos en realidad? Si nos gritan a menudo que no tenemos nada que aportar.

Difiero por completo.

Y creo que es debido a ésto que siempre he estado enamorada de aquel pretencioso ser, pues no le teme a que yo, como mujer, lea sobre Aristóteles y no intenta reprimirme si me ve escondida en el jardín leyendo a Platón; tampoco se escandaliza que me desvele mientras me grabo las palabras de Hobbes. No, Charles es completamente diferente, una mente que no cae en el prejuicio ni en poder absurdo que se toman los individuos de querer reprimir a los demás en su loca agonía de sentir tener el control y el poder sobre una mujer sumisa y de la más alta cuna de oro.

Así que supongo que algunas personas se guían por lo que opina la sociedad, de lo contrario, no estarían tan ensimismados en su propia ideología torcida que solo el sexo masculino tiene la capacidad de razonar.

Y nuevamente la euforia me dominó por completo provocando que agarrara la pluma y volviera a manchar el pergamino con ahínco.

De manera qué, en esta época del año, todos parecen estar más interesados en la virtud de las mujeres casaderas y en qué tan linda piel de porcelana tiene que en su visión de las cosas o si su cabeza está algo hueca. Por lo tanto, la debutante debe ser amable, elocuente, pacífica, graciosa (pero no demasiado), reservada, callada, ocultando tal vez, su completa ignorancia.

¿Y adivinas quién dictó esa regla?

Si, los nobles de este pueblo de mala muerte.

Incluso las leyes establecidas por los elfos deben ser mejores que las nuestras, quizás por ello, el rey Arturo está en agonía, porque tiene sus ideas tan cortas que quiere robarle ideas a los que sí piensan de manera crítica y lógica.

Creo que sobra decir que conservo la esperanza de que en algún futuro la mujer pueda expresarse libremente o si no…”

– ¿Qué estás haciendo? – al escuchar su voz a mi espalda, el frío del miedo rudo y crudo chocó contra mi cuerpo dejándome petrificada por completo. Tal vez no debí mencionar al rey Arturo después de todo.

– Barón Smith, yo…– tragué con fuerza, preparando mi mejor mentira ¿Pero qué mentira taparía lo que en realidad he estado escribiendo? Ninguna mentira, por muy buena que sea, puede tapar la verdad para siempre. –... yo lo puedo explicar – pero no pude seguir hablando cuando su mano dejó un ardor en la parte izquierda de mi rostro, haciendo un gran corte en la comisura del labio inferior.

– Así que a esto es a lo que te dedicas, pequeña mujer diabólica y descarriada ¿Cómo osas siquiera a redactar semejante misiva que podría llevarnos a la desdicha? No puedo más contigo, lo sabes ¿Verdad? Te he odiado desde el momento de tu nacimiento, aún así decidí tenerte bajo mi techo y así es como me pagas, pequeña mujerzuela desgraciada. Por esto mismo he decidido informarle a tu madre que planeo casarte, debido a que tú y tus manías locas de creerte intelectual y ahora sabionda sobre la política nos traerá la ruina y la deshonra.




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