– ¿Cómo dice? – ¿Escuché bien? Claro que lo escuché bien, lo dijo dos veces ¡Dos veces!
– Para nadie es un secreto que usted me ha hechizado desde el primer momento, si acepta casarse conmigo, nadie la juzgaría ni sospecharía de mis intenciones.
¿Se puede ser más agraciado mientras todo lo que sale de su boca es una completa locura? El hecho de que Charles conserve su encanto mientras enloquece delante de mí hace que pequeños engranajes de mi cerebro se detengan repentinamente con un siseo raro y provocando que mis ojos no puedan apartarse de su mirada desesperada.
– ¿Olvida que no nos caemos bien? – ¡De vuelta a la realidad!
– Usted me cae estupendamente, he de admitir y haré todo lo que esté en mi mano para que no siga llevándose malas impresiones de mí. Podemos resolverlo.
¿Y entonces qué sería de mí? ¿A qué estaría sometiéndome con un acuerdo como éste? Si no tengo tanta libertad ¿Qué podría perder entonces? Sin embargo, las dudas seguían allí, volcándome las partes razonables del cerebro como si todo esto fuese una idea tentadora, pero que tarde o temprano, traería desgracia a mi vida y desdicha a mi corazón.
– ¿No se cansa de jugarme bromas pesadas?
– ¿Disculpe?
– Hablo de que usted siempre está ahí ¿No es así? Disfruta burlarse de mí, de mis sentimientos y de mis anhelos. Me ha humillado desde que le conozco y aun así no se detiene a pensar en el daño que me hace, en que sus palabras mal educadas me afectan y que cada pretendiente que he tenido, usted se las ha apañado para que no me correspondan ¿O niega lo que acabo de decirle, señor?
– Le prometo que esto no es ningún juego.
– No lo sé, Charles, no le creo ni una palabra.
– Por favor, Willa, acepte casarse conmigo. Tendrá todo lo que desee, pero no acepte estar con él y a pesar de que no la merezco, no puedo aceptar que su corazón pertenezca a alguien que no soy yo. Déjeme ganarme su afecto, pero no se case con él. – no puedo negar que me muero por gritarle que una de las cosas que he querido con toda mi alma ha sido que pidiera mi mano, pero ahora… ahora todo se siente muy extraño.
– Si accedo a casarme con usted…– lo cual traería a mi vida un cambio exageradamente radical –... Necesito que me asegure fidelidad.– me crucé de brazos para reforzar mi postura, su semblante cambió a uno confundido – Conozco su reputación, Charles y sé que muchas señoritas están detrás de usted debido a sus encantos.
– Ah… eso.– enseñó nuevamente su sonrisa llena de picardía – Creí que yo le era indiferente, Willa.
– Sigue siéndome indiferente – claramente eso es mentira.
– Pues, que yo sepa, cuando alguien le es indiferente, no se está tan pendiente de su reputación con otras mujeres ¿O me equivoco? – no supe qué responder ¡Le odio tantísimo!
Le odio.
Le odio tanto.
Si tan solo las cosas hubiesen sido distintas, creo que en algún momento me le hubiera lanzado encima… para darle un cachetón, claro está.
– ¿Willa?
– ¿Si?
– Tiene mi palabra. – sus ojos no se despegaron de los míos en ningún momento – sé que mi reputación me precede, pero si accede a casarse conmigo, la respetaré y amaré hasta el día de mi muerte. No habrá nadie que le haga daño, pues velaré por su protección y tampoco permitiré que su luz se apague.
– ¿Qué significa eso?
– Que no me atreveré a quitarle su libertad.
– Nunca he tenido libertad.
– Será libre de irse cuando guste.
– ¿Qué hay de opinar? – no todo puede ser tan perfecto ¿Verdad?
Casarme con el hombre que siempre he querido (siendo idiota y promiscuo), que me respetará, amará y me dejará marcharme cuando yo lo decida ¿Cuál es la trampa? Casi siempre hay un lado malo en las cosas ¿Cuál es el lado malo de esta propuesta?
– ¿Qué hay con eso?
– Me conoce, Charles y sabe perfectamente que no soy muy dada a querer quedarme callada – prueba de eso son las cicatrices que el Barón Smith dejó en mi piel oculta bajo los pomposos vestidos – Sabe que si está errado, lucharé hasta demostrarle lo contrario.
– Esa es una de las cosas que la caracterizan, Willa, jamás me atrevería a apagar su voz.
– ¿Por qué yo? – necesitaba saberlo ¿Por qué, de todas las mujeres, tenía que ser yo? ¿Qué me diferenciaba de todas ellas que atrajera la atención de este hombre? ¿Qué lograría él con todo esto?
– La verdadera pregunta, Willa, es ¿Por qué no tú?
Y cuando iba a responder, llegó el Barón con su aire pomposo, petulante y malviviente, su mirada cínica se detuvo en mí para luego pasar sobre mi acompañante y adquirir una postura más sofisticada, como si él de verdad fuese magnífico, como si nunca hubiese hecho daño a nadie… como si no hubiese hecho de mi vida entera un infierno.
Hizo las reverencias correspondientes y Charles atendió con cortesía ¿Qué pasaría si supiera que el Barón no es más que un cretino y farsante? ¿Me defendería? ¿Lo golpearía?
– Willa, el Teniente Kennedy espera por ti, solicita una audiencia.
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Editado: 22.03.2026