La Razón Moral de Willa Thrimey

8

Seguía siendo de noche y aunque todo se veía tan oscuro, realmente parecía ser perfecto con los techos de las casas siendo de oro y plata, estas iluminadas por la luz de la luna y de los faroles.

¿Qué tan mágico puede ser un lugar que nadie nunca ha visto?

Elörian se detuvo varias veces, inspeccionando cada callejón entre las casas, revisando si había alguien afuera y mirando sobre su hombro para ver si lo seguía, regalándome una sonrisa cada vez que nuestros ojos se cruzaban.

No puedo creer el torbellino que se manifiesta en mi estómago, como diciéndome que todo esto es verdadero, que nada es una alucinación mía o un simple sueño.

– ¿Siempre es así de callado? – los nervios me hacían querer saberlo todo, porque por alguna razón (aunque sé perfectamente cuál es) creía que de algún lugar oscuro iba a salir algún soldado del Rey Arturo y traspasaría mi cabeza con una lanza.

¡Nada dramático, señores!

– Normalmente están en las calles a estas horas. Elthïfssir es algo así como la ciudad que nunca duerme.

– Pues parece que hoy sí decidieron dormir.

Este mundo tenía un brillo precioso, irreal.

– Sé que estás nerviosa, pero…

– ¿Cómo sabes que estoy nerviosa?

– Pues, estás mirando mucho sobre tu hombro y no te culpo. – alzó las manos cuando dijo esto último – pero justo ahora estamos a salvo. Los humanos aún no han podido encontrar la entrada a Elthifssir.

– ¿Puedo saber por qué?

– El arco cada vez cambia de lugar.

¿Qué? ¿Eso siquiera es posible? – No entiendo ni por qué me estoy sorprendiendo – comenté provocándole una risa.

– Mi abuela hizo una especie de runas para eso. – mencionó como si eso fuese lo más normal del mundo. Yo no tengo ni idea de que son como tal las runas, así que no argumenté nada más.

– Es interesante y algún día tendrás que explicarme, pero aún así ¿Por qué todo aquí está tan callado?

Otra vez esa sonrisa socarrona.

– Ya lo verás.

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Todo es tan hermoso que no parece real.

Resulta que todo estaba silencioso porque el pueblo quería festejar por nuestro matrimonio en el gran palacio y Elörian ¡Cómo no! decidió hacer una gran celebración para darme la bienvenida a mi nuevo hogar.

Después de tanto temor a que me traspasaran la cabeza con una lanza, todo el silencio que se había establecido era para darnos a mi esposo y a mí la bienvenida, en una reunión en la que no conozco a nadie y en la que soy una desconocida para el mundo. Al menos en la fiesta hay mucho para comer.

Los cánticos de los elfos son emotivos y sus danzas son agradables, tanto que me han sacado más de una sonrisa por lo alegre y natural. Totalmente diferente a los bailes en Northdark.

Totalmente diferente al aire que se respira en mi mundo original.

Y mientras más observo todo esto, no puedo evitar comparar este mundo con el mío. Como si éste se tratara de una especie de mundo inteligible, tan hermoso, perfecto y con formas magníficas hasta el punto en que dudaría si es o no es real. Cada modelo siendo perfecto, si es que en todo caso la perfección existe.

Mirando este mundo, pareciera que todo esto representara una realidad pura, un lugar donde la armonía, la libertad y la verdad existen en su forma más trascendente, como si los elfos tuvieran una existencia casi ideal.

Si es así, entonces ¿Qué representaría mi mundo en comparación con este? Tal vez sería la sombra de esta realidad, un reflejo imperfecto donde todos luchan contra el caos, las emociones oprimidas y la constante transformación que nos lleva hacia la perdición.

– Es un placer conocerla, reina mía. – dice un joven elfo mientras me hace una reverencia que medianamente imito – Con usted a nuestro lado, podremos honrar con más amor a nuestras familias muertas en batalla.

– ¿A qué se refiere con eso? – me atreví a preguntar, esperando que al ser mujer, me lanzara un comentario despectivo. Sin embargo, ese comentario nunca llegó.

– Su presencia ha traído la esperanza a nuestro pueblo.

– Yo… eeh… – no sé qué decir, justo ahora creo que mi cerebro está en blanco. Miro a Elörian que con un gesto de su cabeza y una linda sonrisa, pareciera transmitirme una especie de fuerza para hablar – Estaré feliz de servirles como su reina.

– Y nosotros estaremos felices de servirle como su pueblo.

Lo cálido de su respuesta hizo que una sensación extraña se instalara en mi pecho, pero aún así, no sabía definir qué era ese sentimiento. Me volteé hacia Elörian atrapando su mirada en mí. Me ruboricé. – ¿Tan importante es aquí la presencia de una reina? – le susurré.

– Han pasado muchos años desde la última vez que hubo una reina consorte, Willa. – hizo una pausa cuando su mirada se dirigió a los que estaban bailando, luego volvió a enfocarse en mí – Incluso un rey consorte. Con mi padre siendo un Conde en el mundo humano, nunca pudieron hacer una celebración que incluyera a ambos reyes. – Una breve pausa – Con mi abuela no fue diferente y su antecesora tampoco tuvo un rey consorte.




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