La Razón Moral de Willa Thrimey

9

Muchas veces había creído que el día de mi muerte llegaría cuando tuviera una edad bastante avanzada. Fue después de que traté de bajar las escaleras encima de un trineo y salió mal.

Así que me había dicho que jamás haría algo que provocara mi muerte inminente y claro que lo había cumplido.

Hasta ahora.

Salir corriendo “disimuladamente” no es algo que consideré en mi primer día como reina de Elthïfssir, pero así está la cosa: La elfa se rió en mi cara, Elörian no apareció por ninguna parte, el pecho se me apretó de una manera espantosa y ni siquiera me detuve a comprobar si alguien más aparte de esa mujer me estaba viendo mientras echaba a correr.

¿Decisión inmadura? Tal vez, pero no quería quedarme a comprobar si lo que ella dijo era verdad.

Puedo conocer bastante bien a Charles, bueno, posiblemente no tan bien, pero en un lugar totalmente desconocido para mí no iba a caer solo en en las miradas y palabras bonitas de la única persona a la que conocía ¿y si no todo lo que me dijo era verdad?

Tanteé por los pasillos del castillo Corrí hasta que se volvió difícil respirar y comenzaba a expandirse el ardor en mis pulmones. Necesitaba un descanso, un segundo nada más., suplicando a lo que sea que me escuchara que no quería morir todavía.

Seguí corriendo tan rápido como me permitieron mis piernas y me arrepentí demasiado de haberle hecho caso a mi madre sobre hacer algún tipo de ejercicio, porque mi respiración no colaboraba para seguir estando con vida. Mi pecho se quemaba. Mis manos sudaban. Mi cabeza vomita una y otra vez las malas decisiones que he tomado a lo largo de los días. Hasta que todo fue silencio.

Llegué a un cuarto inmenso, más parecido a un invernadero que a un dormitorio común. Frente a mí había un inmenso árbol con hojas de un extraño color azul y flores lilas, algo fuera de lo común, pero lo más impresionante no fue eso, no. Era la luz que en un abrir y cerrar de ojos se detuvo frente a mí, a unos milímetros de tocar mi cara.

– Veo que la nueva reina al fin está aquí. Tan pronto, si, tan pronto.

No era una voz siniestra la que retumbaba en la habitación, pero escucharla sin un cuerpo presente me causó terror.

– ¿Quién eres? – la luz comenzó a bailar a mi alrededor como si estuviese inspeccionando mi alma. Sentía esa brisa colándose en mis huesos.

Todos siempre preguntan eso – la voz sonó burlona, la luz ante mí se detuvo a mi derecha, acechando – ¿Quién eres? Y la respuesta siempre es un nombre, algo tan trivial considerando el hecho de que realmente no sabes quién eres y con suerte apenas, sabes lo que eres.

– No estás en mi cabeza ¿Verdad?

Tú dime, Willa Thrimey ¿Estoy en tu cabeza?

– Ya no soy Thrimey. Ahora soy una Mayfinwë.

Mayfinwë. Thrimey. – sonó un chasquido – ¿Eso es todo lo que eres? ¿Un nombre?

– ¿A qué quieres llegar?

Solo me pregunto… o tal vez no me pregunto nada. Eres tú la que necesitas una respuesta y veo que la salida querías encontrar ¿No es así?

– Si no estás en mi cabeza, entonces ven y preséntate.

– Si eso quieres… – la luz se fue transformando en una forma. Una figura baja, aunque no tan baja. Cabello blanco y ojos negros. Orejas puntiagudas y labios rellenos. Cuerpo envuelto en un grueso vestido azul. Solo eso, una figura translúcida, casi invisible de una mujer no tan mayor con una sonrisa que se veía más como una mueca que como un gesto de agrado. – Así que Willa Mayfinwë, eres más bajita de lo que creí. – comentó como si no hubiese aparecido frente a mí de la nada. Tendré que revisar profundamente mi cerebro.

– No lo entiendo.

– Es lógico que no lo hagas, niña. Aparecí de la nada y ahora estoy aquí, luciendo más hermosa que en vida e iluminando tu camino para que reconsideres lo que hay en tu cabecita y no huyas del castillo de la manera tan tonta en que planeabas hacerlo.

– Ahora ¿Qué es lo que quieres?

– Abrirte los ojos. – su expresión se volvió seria mientras bajaba el tono de su voz, volviéndose está más grave, adoptando un tono de extrema concentración – Todo lo que te han dicho de la guerra es mentira. Tu pueblo vive en una mentira, así como el mío.

– Pero Elörian…

– El rey Elörian también necesita a alguien que le abra los ojos o perderá a más hombres, todo su reino se vendrá abajo con todos sus secretos y mentiras. Los seres a los que nos enfrentamos son malos y crueles y claramente sabes de quién hablo ¿No es así?

– El Rey Arturo.

– ¿Crees que él es el único, Willa? Si creíste que Elthïfssir es perfecto, estás muy lejos de estar en lo correcto porque definitivamente, mi pueblo está en la ignorancia, creyendo que todo lo que ocurre ya es la guerra.

– ¿Entonces en qué punto están?

– Apenas van por los asesinatos, niña, la tensión ni siquiera se siente como debería sentirse y eso es porque ellos no saben lo que realmente está ocurriendo, creyendo que lo único que nuestro rey busca son esos talismanes ridículos que traerán una supuesta paz, pero no todo podemos dejarlo en manos de los mitos, Willa, la vida no funciona de esa manera. – se quedó en silencio, mirándome fijamente por un minuto – Elörian no es malo ni cruel, pero su gran corazón no permite que pueda ver la maldad de los otros, de aquellos que son tan cercanos a él. Eso lo hace noble, pero también lo hace confiado, vulnerable ante aquellos que quieren todo lo que no tienen.




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