Mi mano cayó a un lado del rostro de Elörian que me miraba con curiosidad y preocupación.
– Estás extraña desde que volviste, querida ¿Qué te sucede? – su voz, como siempre, impregna de emoción a mi corazón. Y tiene razón ¿Qué me sucede? No puedo procesar nada, no sé lo que está ocurriendo y tampoco comprendo qué es aquello tan importante que quería decirle a Elörian antes de llegar al salón.
Solo recuerdo una especie de conversación con alguien sin rostro. Por más que trato de esclarecer mi visión sobre el momento, no puedo. Solo hay pequeños detalles de palabras sin sentido ¿Dimensiônimā? ¿Algo sobre la guerra?
La guerra… es rara ¿no? pero había algo específico de ella en ese momento. Algo importante ¿Qué es? Mi cabeza ni siquiera logra dar vueltas, solo está en una extraña calma ¿Así es como se siente apagar mis pensamientos? ¿Siquiera eso se puede?
– Puede que estemos cegados por la paz o por la guerra ¿Razón tenemos de infravalorar la paz, sabiendo que es el arte más bello y peculiar de todos? – Elörian me mira más extrañado de lo que alguna vez lo vi dirigirme la mirada – Entonces ¿Por qué los tiranos están tan obsesionados con la guerra?
– ¿Willa? – toqué su nariz con mi dedo haciendo un sonidito proveniente de mis labios ¡Poop! – ¿Qué sucede, Willa?
– Comprendo que hay que conocer la guerra para saber cómo es vivir en la paz, pero si es así ¿No seríamos esclavos de constantes amenazas de guerra? No creo que sea algo justo, ni lógico, ni moral. ¿Acaso el código moral no se trata de eso? – solté una risita cuando comenzó a tocarme la frente en busca de fiebre o tal vez solo quería tener una excusa para tocarme. Elijo creer. – Esto es vida, Elörian.
Cabe destacar que no sé mucho de la vida, pero nunca aprenderé nada si no me dejo llevar lo suficiente como para no querer perderme en el triste camino de la soledad y la desdicha.
O probablemente mi exageración ya está por los aires, pero ¿Qué sería de la vida si no se le agrega un poco de dramatismo? Se supone que todo lo que nos rodea no es simple, sino hermoso, alentador y grato. Si tan solo las personas no nos sintiéramos tan asustadas de ver la belleza de la vida, podríamos, tal vez no temer tanto a la muerte generada por las guerras, o muy bien, darles fin a éstas.
Estoy en un estado de ebriedad sin siquiera tener una gota de alcohol en mi organismo ¿Qué está sucediendo? ¿El cielo siempre fue así de rojizo? ¿Por qué la luz parece ser de sangre?
Veo como todos los elfos comienzan a bailar de nuevo y con toda la alegría que nunca creí poseer, tomo a Elörian de las manos y comienzo a arrastrarlo hasta donde todos están bailando al son de la música. Es tan hermoso. Exageradamente precioso. Se siente ese ardor en la punta de los dedos, la vibra en el cuero del cabello y el ligero hormigueo en la nuca.
Supe en el momento en que sus ojos parecían beber de los míos, que todos mis sentimientos por él han comenzado a florecer desde mucho antes de nuestro matrimonio y lo que antes veía como una condena, puede que con el tiempo logre verlo como mis puertas hacia la felicidad.
Y es que ya ni siquiera sé cuántas veces he perdido el rumbo.
Así que… tal vez es el momento de dejar de correr y bailar hasta fingir que todo va a estar bien.
– ¿Willa? ¿Seguro que estás bien? – me río nuevamente por su pregunta. Comienzo a contonear las caderas siguiendo el ritmo de los demás.
– Lo estoy – me pongo de puntillas para agarrar sus hombros y mirarlo más de cerca – ¿Es que no lo ves? Estoy feliz. – con algo de duda, toma mi cintura entre sus manos, pero sus ojos siguen algo reacios – O al menos creo estarlo, porque Elörian, al fin estoy fuera de las garras del Barón y las de mi madre. No tengo que volver a en sus extrañas estrategias o en la ambición de mi padrastro con su extraña manía de querer estar cerca del rey.
– ¿Extraña manía? Willa ¿De qué estás hablando? No creo siquiera que el rey Arturo conozca al Barón.
– Él no lo sabe, pero cerca de su despacho hay un pequeño cuartito donde escondo algunos de mis libros – me reí en sus brazos, besando su mejilla, muy cerca de la comisura de su labio – Una vez lo escuché hablando con el General Ranbat ¿Sabes quién es? El Barón es más peligroso de lo que crees, Elörian. Si pudo contactar con Rabat, podrá llegar a los altos mandos militares, tiene cómo hacerlo y luego de eso, tendrá la capacidad para relacionarse con quien sea y a dónde sea. Él hará lo que sea para estar lado a lado con el Rey porque es malvado, ambicioso y no dudará en utilizar su mente para arruinarnos.
– ¿Crees que fue él quien advirtió a los soldados del rey?
En la nebulosa dentro de mi cabeza, logré responder – Estoy segura de eso. – las manos de Elörian toman mi rostro.
– ¿Has bebido algo esta noche? – pensé un momento ¿Había bebido algo en toda la noche? No, no creo haberlo hecho ¿Antes o después de que dijeran que todo esto es mi sacrificio? ¿Antes o después de tener esa conversación con la ahora criatura sin rostro?
– Alguien… me dio una bebida roja después de que fuiste a hablar con ese policía.
– ¿Fisto?
– Si, si. Cuando hablabas con él, un elfillo rubio me trajo una bebida y luego llegó una elfa diciendo que hoy es mi sacrificio. No me dijiste que me iban a sacrificar, por cierto ¡Qué mal esposo, Elörian! Entonces salí corriendo, supongo que tenía que escapar de aquí o ir al baño y luego… luego, estoy aquí. – expliqué de una manera en la que nunca lo he hecho. – Creo que me echaron algo en la bebida – me reí más fuerte – Supongo que los efectos son lentos ¿no? No había sentido nada hasta ahora.
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Editado: 22.03.2026