No sé por cuánto tiempo hemos corrido. Los elfos gritan y corren buscando refugio, trato de ayudar a algunos, otros no pueden escapar de los bombardeos. Aún no han atacado el palacio, comenzaron por las casas y los soldados del Rey Arturo están en todas partes.
Había estado junto a Elörian, pero llegó un punto en el que debíamos separarnos. Me dejó al cuidado de Fisto y este en su papel, no ha hecho más que protegerme y ayudarme a levantar a los heridos para que vuelvan a las instalaciones seguras del castillo.
– ¡Se están llevando a los niños! – escucho a uno de los guardias y la angustia corre por mi pecho, pero necesito tragarla para mantenerme enfocada en la situación.
– Protejan el área. Fisto, divide a tus hombres en cinco grupos. Cuatro que los rodeen y uno en los techos – no sé de donde saco la voz, pero necesito mantenerme en tierra.
– Pero mi reina, debo protegerla. – por el sonido de su réplica, sé que no lo hace para contradecirme, sino para mantenerme a salvo.
– Estaré justo aquí con los heridos. Te lo prometo, pero esos niños son la prioridad. Haz lo que te digo.
– Si, señora. – Los gritos y el llanto se escuchan cada vez más fuerte. Hay una de las elfas con la pierna rota, llamo a uno de los auxiliares para que se la lleven. Los gritos y el humo se siguen esparciendo.
– El rey Elörian mandó a la unidad de Bran al frente, él está con ellos. – escucho decir a uno de los soldados. Me volteo hacia él – Fisto viene con los niños, alteza – asiento y preparo las camillas para que se los lleven. Alcanzo a una de las sirvientas.
– Roa, llévatelos. – sigo sin entender de dónde estoy sacando mi voz, sabiendo que hace solo unas horas no me atrevía siquiera a dedicarle más de cinco palabras debido a que soy una extranjera. Mandarlos suena tan incorrecto, pero justo ahora es lo necesario. Veo a diez niños entrando en llanto en mi visión, me voy hasta ellos para asegurarme de que no estén heridos.
– Gracias por enviar al comandante Fisto, reina Willa. – me dice uno de ellos para luego abrazarme, tomándome por sorpresa. No sé cómo responder, pero no me da tiempo antes de que se vaya corriendo junto con los otros niños.
– ¿Por qué hay tanto silencio? – y es que de repente ya no se escuchan los bombardeos, ni las espadas, ni los gritos. – ¿Qué está pasando? ¿Dónde está el rey? – temo lo peor cuando veo a uno de los hombres de Fisto negar con la cabeza, su mirada completamente ida.
No. Elörian debe permanecer con vida.
Mis piernas actúan por sí solas y ni siquiera puedo escuchar complemente al comandante gritando mi nombre. Necesito verlo con mis propios ojos, aunque estos estén tan llenos de lágrimas que no sé con exactitud hasta donde estoy corriendo. El silencio se propaga como un virus que arrasa con todo a su paso, uniéndose solo con las llamas provenientes de las casas y el llanto reprimido de los que me rodean. Todos mirando en una sola dirección. La entrada de Elthïfssir. Me detengo abruptamente por lo que está frente a mí, con un grito estrangulado queriendo salir desde el fondo de mi garganta en cuanto lo veo.
Son tantos cuerpos. Apilados como si se tratase de algo sin valor, piel seca y ceniza, los ojos hundidos, el cabello destrozado. Mis oídos comienzan a funcionar de nuevo para escuchar nuevamente los gritos de espanto y los murmullos asustados.
– Son los que habían desaparecido. – no puedo evitar acercarme a uno de ellos que parece dar sus últimos bramidos, siento unas manos sobre mí que intentan detenerme, pero me aparto con brusquedad y llego hasta donde él está.
– Ellos… ellos nos quieren a todos... – los gorgoteos me producen escalofríos – me dejó vivo para decirles que nos quiere muertos… a todos.
– ¿A todos quiénes? – logro salir de mi miedo para preguntar.
– A los elfos… quiere consumirnos para que ninguno quede con vida. Tienen… – escupió algo de sangre – el rey… tiene que entregarlos… a todos. Volverá. – tomé su mano desnutrida entre las mías, aguantando las ganas de llorar – Esto es… solo una advertencia. Seguirá matando – sus últimos bramidos salieron con pesar – a todos… a todos.
Mi cuerpo se congeló cuando el suyo se quedó estático. Sentí como el temblor comenzaba a barrer mi cuerpo con desesperación hasta que sentí una mano en mi hombro, no pude apartar los ojos de este elfo que por sus magulladuras y desnutrición, sospechaba que había pasado demasiado tiempo encerrado y siendo torturado. Miré la mano encima de mí para alzar la vista con la agonía corroyendo los confines de mi pecho, solo para sorprenderme al encontrarme con los ojos de mi marido.
– Estás vivo. – sentí la pena en sus ojos y supe que al igual que yo, o tal vez de peor manera, él estaba roto. Me ayudó a levantarme, pude sentir el temblor en sus manos y el miedo en su voz.
– Hay que llevarlos a todos al palacio. – la voz rota me hundió el estómago ¿Cómo es que esta situación escaló tanto? ¿Qué fue lo que sucedió? Solo pude quedarme allí de brazos cruzados mientras veía como Elörian daba órdenes a sus hombres y como terminaba de ayudar a los elfos que buscaban entre la pila de cuerpos a sus familiares. El nudo se asentó en mi estómago con más peso.
– ¿Cómo se enteró de la entrada? – pregunté apenas llegó a mi lado, pero no me atreví a mirar sus ojos. No pude.
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Editado: 22.03.2026