La Razón Moral de Willa Thrimey

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Conseguir uniforme no fue una tarea tan difícil, lo difícil fue caminar por el palacio como si perteneciera entre las paredes y como si hubiese pasado gran parte de mi vida allí. De esa manera resultó fácil escabullirme, pero mi corazón seguía latiendo fuertemente con el miedo taladrando los oídos mientras suplicaba que no me diera un ataque de pánico. Mi último ataque fue en mi debut, milagrosamente no volví a pasar por algo similar, pero en este tiempo de completa intriga no podía evitar sentirme agitada a un nivel completamente elevado.

Solo rogaba que este plan diera sus frutos y que todo saliera bien, si no era por el mío, al menos que fuese por el de Elörian para acabar con su culpa y dolor.

Le debía eso. Tal vez más.

Había repasado con Bran todos los pasillos, desde el más cercano a las mazmorras, hasta el que daba justo a una entrada oculta para llegar al despacho del rey. El sigilo que tuve que mantener fue escalofriante, llenando mis sentidos de una desesperación que me hacía querer perder el control.

Siempre con la cabeza agachada, una sirvienta tímida y trabajadora, cuando no estaba en la cocina pelando papas, estaba en los ventanales quitando el polvo. Siempre servicial, siempre haciendo algo. Nunca preguntando lo que no debía, ni diciendo nada para no levantar sospechas.

Era una gran idea considerando que a nadie le interesaba nuestros nombres: Hey tú, la de cabello rojo. Tú, la de del gorrito torcido. Tú, la de piel clara. Nunca un ombre, nunca un interés. Solo éramos de utilidad para los quehaceres, nada más que eso.

Era la mejor estrategia para obtener las afirmaciones que necesitaba.

Pero cuando creí que no daría frutos, los demás sirvientes comenzaron a hablar, tan metidos dentro de su cotilleo que poca atención prestaban a quienes los escuchaba.

Hablaban como si no tuviesen ni idea de que alguien del bando enemigo podía estar justo debajo de sus narices, tal vez subestimando nuestra capacidad para estar donde ellos están, sin siquiera pensar que al igual que ellos, teníamos el derecho de ser libres y en vez de eso, éramos esclavos de la misma autoridad.

– Dicen que esta mañana trajeron a otros grupos de esos seres míticos. – dijo uno de ellos mientras pelaba algunas verduras. Me quedé en mi sitio doblando unas cuantas sábanas, todas de un color tan pulcro, sin ninguna mancha, sin ningún defecto. Como todo debía estar para él. – El rey quiere organizar un banquete, pero está esperando a que ese Barón le llegue con más noticias.

He ahí una de mis teorías siendo finalmente confirmada. El Barón no podía ser otro que Smith.

– ¿Qué sabes tú, Kaesar? No digas tonterías. – la jefa de este sector resopló con una gran gran sonrisa entre los labios. Esa jefa que con tan solo haberme visto, sin preguntar siquiera mi nombre solo me asignó tarea tras tarea bajo el apelativo de “rara”... Rara, haz esto. Rara, haz aquello. Rara, sacude aquí. Rara, ven a doblar las sábanas del dormitorio del rey. – ¿Por qué el rey estaría haciendo algo tan grande solo por capturar a un par de ellos? Deberían asesinarlos a todos e invitar a todo el pueblo para que celebre.

– No digas esas cosas, señorita Maritrini – con un tono más cauteloso, la más bajita del grupo se acercó a ellos y comenzó a susurrar – Se supone que nadie debe hablar de esto. Ranbat mandó a los guardias a vigilar estos rincones para que no salga de aquí nada de lo que les hacen a esos seres.

– No quiere que ninguno del pueblo se entere de lo que sucede aquí.

– Pero ¿Por qué?

– Perdería legitimidad ¿Es qué no sabes lo que pasa cuando un rey pierde el apoyo de su pueblo? Comienzan las rebeliones. Traidores se presentan en cada lugar. Comienza a fragmentarse la lealtad del ejército.

– ¿Quieres decir que se presenta una rebelión contra el rey?

– Claro que sí. Es lo que pasa cuando se pierde esa legitimidad. – la chica murmuró, mirando a todos lados antes de volver a hablar – Cuando el pueblo pierde esperanza por su líder, comienzan los rebeldes y estos a su vez, buscan el apoyo de los que poseen las armas.

– Pero Ranbat está en ese poder. Él jamás haría algo en contra del rey.

– Él no, pero él es solo un hombre y por mucho poder que tenga, no puede actuar sólo contra una multitud. Un hombre fuerte no es rival para miles de hombres débiles, que si pelean por lo que creen justo, se forma una masa más potente. Juntos forman una rebelión. Un golpe.

– ¿Quién te dijo eso? – el primero que habló, Kaesar, se inclinó hacia ella. Tuve que detenerme un segundo para fingir que una de las sábanas tenía alguna pelusa mientras la sacudía para no delatar que estaba escuchando lo que decían – ¿Acaso fue tu novio? El capitán Landon te mantiene informada de todo ¿No es así?

– Cállate, Kaesar – gritó/susurró en tono lastimero – pero sí, él no teme contarme ese tipo de cosas. Por eso me dijo que planean atacar a todos los elfos y que hay un grupo a las afueras del lago cercano a la isla Delos. Están planeando que el primer ataque se lleve a cabo en una semana. – comencé a doblar otra pila de sábanas cuidadosamente.

– ¿Delos? ¡Tonterías! – exclamó la mayor – Es imposible que ellos estén allí y que alguno de los soldados pueda sobrevivir a esa parte del bosque – Las teorías de ese lado del bosque sugerían que ningún humano podía aventurarse allí por su tendencia a que ninguno saliera con vida. Decían que se trataba del Bosque sobrehumano, pero como dije, solo eran teorías. – El rey ha estado extraño durante meses, pero arriesgarse a no tener resultado enviando a sus hombres a ese lugar no le ayudará en nada. Es una causa perdida.




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