La Razón Moral de Willa Thrimey

15

Los gritos que provenían de las mazmorras me despertaron de un brinco.

Otra noche sin poder dormir bien y ya era mi tercer día en este lugar. Ayer solo pude escuchar más sobre las suposiciones sobre Sÿlara y los amuletos. Nada más sobre los soldados. Y definitivamente, nada más sobre la operación de destrucción que se llevaría a cabo en unos días.

Toda esta situación me estaba poniendo de los nervios y estaba luchando con las constantes ganas de llorar, pero lo más horrible no fue eso, sino escuchar los gritos de los esclavos sin que nadie se dignara a hacer algo.

Todos actuaban como si escuchar esos gritos fuese lo más normal.

Eso me quebró.

– Ranbat otra vez está de guardia. – escuché murmurar a una de las sirvientas cuando ya estábamos cerca de la hora de dormir, dando por finalizado mi último día aquí y aún sin conseguir nada más. Rogaba que Bran siguiera en el bosque siguiendo mis órdenes estrictas de no intervenir ni de ir a informar a Elörian de que ya se me estaba acabando el tiempo – Ese Barón encantador vino con él y todas las mucamas opinan lo mismo sobre su belleza.

– Ese hombre es tan guapo que no me molestaría si me dijera que me convierta en su amante.

– Yo tampoco me rehusaría a ser su querida. – arrugué la nariz con asco de solo pensar en que alguien podía ver a ese hombre despiadado como un ser atractivo. Claro que nadie sabía lo que yo; que toda la imagen agradable del Barón estaba construida por encima de una fría capa de malicia y mezquindad, engañando a todo aquel que se atravesara en su camino.

Él siempre supo jugar.

Siempre supo disfrazarse.

– Dicen que en sus tiempos, era el hombre más codiciado, pero él solo tenía ojos para su actual esposa.

Y aún así, aunque mi madre lo fuese todo para él, la trataba como a un simple objeto, carente de valor y fuerza; mi madre le dio ese poder sobre ella. El Barón se aprovechó de su supuesto amor por él y ahora ella era una especie de esclava diferente a los demás; en vez de estar en una mazmorra, su prisión era estar rodeada de paredes hermosas y los ojos de la sociedad sobre sus actos.

Ella, sin saberlo, era una prisionera de los ojos del mundo.

– Una completa cazafortunas. – comentó otra sacándome de los agujeros formándose en mi cabeza – escuché que se casó con el Barón y luego le fue infiel con un duque. Tuvo una pequeña bastarda con él y el barón fue tan noble que aún así, la aceptó. – sudé frío mientras lavaba algunos sartenes. – ¡Qué escándalo! La pobre niña aún siendo una ilegítima fue presentada en la sociedad, pero aún así, nadie quiso casarse con una bastarda, que además, no poseía siquiera una buena dote. Doble infortunio.

– ¡No me digas eso! – respondió otra con sorpresa. Otras sirvientas se pusieron alrededor de la cotilla.

– Otros dicen que se casó embarazada, pero ¿Quién sabe? Todos dicen que esa historia tiene mucho que desear. Hay diferentes versiones de ella y ninguna parece ser la correcta… Es un misterio incluso para su propia gente. Gente de la alta sociedad ¡Ja! Viven tan metidos en sus vestidos caros que estoy segura de que no piensas en nada más que no sea sus estúpidos bailes.

– Todos en el pueblo dicen que fue un gran escándalo. – mencionó otra, volviendo al tema principal – El duque murió, aunque muchos dicen que en realidad alguien lo asesinó, pero ¿Por qué? No sé y, luego esa mujer hizo negocios turbios para que todo su dinero se quedara con ella, pero al no saber administrar nada, quedó en la quiebra y el Barón fue quien la sacó de la pobreza.

– Estás cambiando la historia otra vez, Matilde.

– ¿Qué importa? Lo que importa es que esa mujer ahora tiene a una hija más que parece que está comprometida ahora con un vizconde, Eva, creo que se llama así, no lo sé y la hija mayor del Barón se casó hace años. Otra demostración de que ese buen hombre sabe lo que hace, su hija Olvia, creo, si supo cómo hacerlo. Se casó con un gran señor. – argumentó con aire soñador, pero luego de eso, volvió a soltar su veneno – La única que quedó a la deriva es la hija bastarda de esa mujer, que se casó con un conde y resultó ser el rey enemigo.

– Todo es culpa de esa mujer ¡Qué cinismo! ¿Cómo deja que su hija se case con ese monstruo?

– Ahora ella también es una traidora de la Corona ¡Más desolada no podría estar la esposa del Barón!

– ¿Y qué más se dice de ella?

– ¿De la hija? ¡Una escoria! – exclamó con repulsión – Escuché decir a Ranbat que esa mocosa ahora está cautiva en ese horrible lugar ¡La muy tonta jugó mal sus cartas! Tan diferente de su madre. Ese horrible rey seguro que ya la asesinó.

– ¿Estás segura de eso, Ingrid?

– Claro que lo estoy. Si el río suena es porque trae piedras, Claudia. No me sorprendería que ya estuviera muerta. – culminó con desdén para seguir con sus labores.

Las cosas que decían de Elörian me causaban tanta indignación que por un segundo quise hacer cosas cuestionables, pero tenía una tarea que cumplir y poco tiempo para llevarla a cabo.

Tal vez enfrentarme al rey Arturo no sería la mejor idea, pero al menos tenía la certeza de que con esto podría ayudar a mi amado esposo. Aunque muchas veces pensaba en clavarles un cuchillo a las mucamas, comprendía que hablaban a través de su propia ignorancia, haciendo caso a su rey, que para ellas, era solo un hombre sabio y poderoso.




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