El aire de la noche estaba helado, pero más que mis huesos agarrotados, mi corazón estaba a un latido de dejarse caer por un acantilado con púas en el fondo.
El Barón estaba aquí. Después de todo, si era el informante del rey, una vez más, me demostró hasta dónde puede llegar su profunda ambición. Siempre supo que Charles era Elörian, tal vez por eso a veces se mostraba tan reacio de que Ava soñara despierta con él y al momento en el que yo me casara con Elörian, su oportunidad de venderlo llegó junto con la oportunidad de entregar mi cabeza.
Todo este tiempo.
Y aquí estaba mi mayor enemigo, aliándose con mi enemigo.
– Mi rey, pero usted mató a Sÿlara hace años ¿No cree que esos talismanes ya debieron aparecer?
– Los tiene ese insulso rey. Profetizando la paz como si fuera un derecho. Deberían agradecerme. Sus vidas sin mis argumentos carecería de sentido. – bufó con rabia contenida – ¿Crees que hago todo esto por eso? ¡Oh, mi leal amigo! estás muy alejado de la realidad. Si les dijera a esos mediocres de mis hombres el porqué hago todo esto, no verían la necesidad de llevar este plan a cabo.
– ¿Qué quiere decir con eso, mi señor?
– ¿Por qué lo hago? No pude tener hijos, mi esposa murió cuando por fin pudo salir embarazada. – su voz, más que reflejar dolor, manifestaba ira contenida – Eso me destruyó – traté de mantenerme firme en mi lugar, la sombra siendo mi gran aliada – Después de la muerte de mi amor, ya era muy tarde para mí buscar otra esposa y al pasar el tiempo, no niego que me he obsesionado con ir detrás de los elfos ¿Sabes por qué? Porque son plaga. Tan inútiles. Tan prósperos. Como si toda su vida no fuese una mentira alimentada por Sÿlara y los demás reyes. Mintiendoles a su pueblo de alimañas que todo lo que estaban construyendo era para que todo fuera perfecto ¡Gran mentira! Sÿlara era tan egoísta como tú o como yo. – Una pausa, luego suspiró y siguió – Esta guerra me traerá sus cabezas. Veamos qué tan perfectos son después caer por las mentiras de sus líderes. Todos merecen ser extintos. Se reproducen como cucarachas. Se multiplican y yo estoy aquí, seco, sin hijos, sin linaje, perdiendo el poder solo porque no tengo un heredero.
Es posible entonces que el verdadero peligro para el rey no es la guerra, él no tiene que luchar en ella así que eso no le es relevante, el problema podría ser más sobre la pérdida de autoridad. Si no tiene descendencia, entonces su linaje se pierde en el momento en el que él muera. En su mente, él quedaría en la ruina, pues le gusta el poder y ser superior a los demás. El lobo de su propia especie y todos estos años estuvo por el mundo disfrazado de borrego.
– Entiendo, mi rey. – me sorprendió de sobremanera escuchar la voz tan complaciente del Barón, sabiendo que conmigo siempre utilizó la fuerza macabra e irónica para amedrentarme. Escucharlo tan pasivo, más que regocijo, me produjo escalofríos.
Él siempre supo jugar un buen papel.
Ahora está jugando uno muy importante, aunque me temo que no sé con exactitud cuál es ese papel.
– Aún no lo entiendes, muchacho. Ellos fueron bendecidos con un don que jamás debió corresponderles. Esa tonta de Sÿlara y su estúpido esposo conde lo sabían, pero el muy inútil falleció antes de soltar toda la verdad, llevándose consigo la ubicación del amuleto humano, mientras su esposa tenía el de los elfos. Cuando lo robó, creí que todo se acabaría, pero aún me sorprende saber que no unió los pedazos. Con eso hubiese dado fin a la guerra. Y no lo hizo. Los dos se fueron con el secreto.
– Ambos tuvieron su merecido.
– Pero no fue suficiente. Los amuletos siguen desaparecidos y yo los quiero. Los necesito destruidos.
– Los tendrá. He hablado con Ranbat en su nombre, mi rey. No dejarán ni una sola piedra sin voltear.
– Por eso he comenzado a confiar en ti. – hizo una pausa que me hizo querer correr de mi sitio – Eres más eficiente que cualquiera de los tontos que tengo a mi lado. Gracias a ti ahora sé que tengo aliados en ese reino de pacotilla y pronto junto a su pueblo, me darán a su rey. Los destruiré a todos por el don que a mí no se me concedió.
Hobbes una vez dijo que los seres humanos están en constante conflicto debido a sus deseos egoístas y la búsqueda de poder. También dijo que existían tres causas principales de la discordia: Competencia, desconfianza y gloria.
He aquí su representación.
He aquí el mal de todas las cosas.
– ¿Puedo saber que don es ese, majestad?
Escuché pasos de un lugar a otro. Tragué saliva al darme cuenta que seguramente daba pequeños paseos por el despacho. – El deseo más grande del hombre es su propia conservación. Toda guerra se ocasiona por el simple hecho de no aceptar que vivimos para morir, dejamos huellas y luego el camino se acaba ¿Qué nos queda? Nada. No nos queda nada. – mi pecho comenzó a bombear con ira, con temor – La paz no es la solución a los problemas, no elimina la guerra ni nos libera de las frías garras de la muerte. Con la paz entre los reinos habría seguridad, control e incluso conquista ¿Imaginas que tan poderoso sería? Y aún así, no me sirve. No. Solo es algo pequeño, un detalle insignificante para la verdadera oportunidad que me trae todo esto.
Entonces, la mayor competencia del rey Arturo son los elfos, en específico, su rey. Algo que él y probablemente todos ellos, poseen.
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Editado: 22.03.2026