La Razón Moral de Willa Thrimey

17

Mientras corro por mi vida, solo puedo pensar en una cosa: Alguien sabía que estaba allí.

Quisiera detenerme a pensar en eso, pero me es imposible sabiendo que me persiguen por el bosque y que aún no he encontrado un sitio en el que esconderme.

Escucho el ladrido furioso de los perros. Vienen detrás de mí y no puedo echarme en la raíz de un árbol a llorar porque entonces me cazarán y me matarán.

Tengo que seguir corriendo.

La oscuridad de la noche sería una gran aliada si pudiese ver a través de ella, pero no lo hago. No puedo. Tengo mucho miedo. Me caigo al tropezar con una rama y mi cara se golpea contra una raíz, cortándome parte de la ceja, vuelvo a levantarme, sin siquiera preocuparme por haberme llenado de barro. Tengo que seguir.

No puedo quitar la imagen de esa sirvienta Sofía cuando logré salir de las cocinas despavorida. Su cuerpo guindado en la parte de atrás del castillo como una advertencia para todos los sirvientes y soldados que se atrevieran a mencionar algo en contra del rey.

Su novio Landon corrió con la misma suerte. Su rostro masacrado, su pecho destrozado. Nadie se atrevió a llorarlos. Y yo no pude detenerme a comprobar si había un pequeño rastro de vida. No pude hacerlo..

Apenas y me alcanzó el tiempo para salir de ahí, pero justo cuando cruzaba las inmensas puertas, con las manos temblando en la canasta de frutas podridas que llevaba a la basura detrás del palacio, los guardias seguían lanzando órdenes a todos sobre haber un infiltrado y yo tenía la ventaja de estar cerca del bosque para ese entonces, pero supieron que yo estaba allí.

Comenzaron a buscarme porque alguien les dijo que el infiltrado había sido una mujer, una sirviente. Alguien me delató.

Ahora no sabía si llegar hasta el punto de encuentro que había concretado con Bran porque simplemente no sabía si él fue quien dio mi ubicación ¿Cómo confiar cuando él era el único que sabía sobre mi paradero? La traición comenzó a asentarse en mi pecho, comenzando a desgarrar tejido por tejido. Y aunque mi corazón estuviera destrozándose con cada paso urgente de mis pies, no podía detenerme en ningún momento.

Me están cazando. Me… están cazando. Me están… cazando.

Los gritos se escuchaban cada vez más lejanos, pero si me detenía por un segundo, comenzaban a ser más ruidosos y tenía que seguir andando.

– Mi reina – escuché un susurro por encima de mi cabeza. Con temor miré hacia arriba para ver al hombre en cuestión saltando para llegar hasta mi lugar. Me eché para atrás con desconfianza. – Juro que no he hecho nada que no sea digno de usted. Tenemos que salir de aquí.

¿Cómo confiar? ¿Cómo?

– ¿Cómo supiste que me estaban persiguiendo?

– Mi reina – habló con ansiedad. Mirando por encima de mi cabeza para ver si alguien ya estaba cerca. Sus ojos se transformaron de miedosos a una resolución que me hizo tragar saliva con fuerza – Lo lamento por esto – me empujó en mi sitio y se puso encima de mí.

– ¿Qué estás haciendo? – grité en un susurro mientras la capa de miedo se extendía sobre mi cuerpo.

– Mi deber. – vi como sus manos pasaron por encima de mi cabeza, ambas asentándose en la tierra y en un susurro a ella, soltó – Madre tierra, ayúdanos a que no nos vean.

El silencio entre nosotros se hizo espeso y mi miedo se redujo a un solo latido, no pudiendo apartar la mirada de lo que se estaba formando a nuestro alrededor. Las enredaderas comenzaron a formarse de manera rápida y furiosa, creando una barrera con nosotros dentro de ella y notando como se apagaban los gritos del exterior.

Bran seguía sobre mí, pero su mirada permaneció intacta en la tierra y soltando un suspiro tembloroso cuando todo se apagó allá afuera, comenzó a llorar en silencio, aún sin alejar sus manos de mi cuerpo y su cabeza refugiándose en torno a mi cuello.

Mi pecho se hundió.

– Lo lamento, Bran. – tragué el nudo de mi garganta y pasé mis manos por debajo de sus brazos para darle un abrazo en apoyo – Lamento tanto haber desconfiado de ti. – Mi voz se rompió.

– No la culpo, mi reina. Yo también lo habría hecho. – murmuró, aún escondiéndose en mi cuello. – Los guardias la estaban persiguiendo. Me había quedado donde usted me dijo, pero veía que ya no regresaba y me aterré. Tenía que encontrarla, asegurarme que estaba bien. No iba a dejarla, perdón por no hacerle caso en eso, pero no iba a volver sin usted. – su voz rota me hizo afianzar mis brazos en su cuerpo y poco a poco me fui sentando en mi lugar mientras seguía manteniéndolo cerca de mí. Comencé a frotar sus brazos en señal de apoyo y sentía pequeñas esquirlas en mi corazón cuando comenzó a hipear, haciendo que el hueco en mi pecho se hiciera más grande al ver el miedo de uno de los soldados que me ha demostrado ser fuerte ante sus hombres.

Me dolió en el alma saber que esta guerra nos estaba consumiendo y me retorció de sobremanera saber que aún nos faltaba tanto para terminarla.

Él quería, tanto como yo, darle fin a la guerra. Y esta, al igual que a todos, lo estaba quebrando por completo.

– Saldremos de esto. Lo prometo. – pero la incertidumbre taladraba los engranajes de mi cabeza. La barrera que hizo Bran era tan poderosa y resistente que probablemente nadie nos escuchaba y los perros no podían oler dónde estábamos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.