La Razón Moral de Willa Thrimey

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He estado evitándolo toda la mañana.

No he podido sostenerle la mirada por más de dos segundos y eso me hace querer gritar de frustración. Se supone que confiamos el uno en el otro, pero me aterra el daño que esto pueda ocasionarle.

¿Cómo decirle que el rey Arturo estuvo enamorado de su madre? ¿Cómo decirle que por ella es que Arturo sabe sobre la inmortalidad de los elfos? ¿Cómo decirle que su padre fue el que escondió el amuleto por el que su madre dió la vida y que probablemente ahora lo tiene un traidor? ¿Cómo decirle que sé todo esto y aún así, no se lo dije en el momento en que me enteré?

No puedo soportarlo mucho.

Porque el tener una verdad que otro no posee genera mucho peso.

Sobre todo si esa verdad le concierne a él y no a mí.

La omisión a veces genera más peso que el decir una mentira.

Entonces allí está el debate entre hacer lo que es correcto o lo incorrecto. Si le digo, indirectamente seré la causa de una cicatriz de su paso al revelarte la muerte de sus padres. Si no se lo digo, corro el riesgo de que lo descubra por sí mismo y en vez de ver que trato de proteger sus sentimientos, lo vea más como un acto de traición que cualquier otra cosa.

Y no sé ahora cómo enfrentarlo ¿Será correcto decírselo? Si la verdadera libertad no es hacer lo que deseo, sino actuar conforme a lo que me impone mi razón moral ¿Seguiré siendo libre?

¿Seguiré siendo libre cuando le diga algo que no quiero, pero aún sabiendo que es lo correcto? Si no se lo digo estaría actuando por conveniencia; estaría refugiando todo ese peso que podría, incluso, aplastarme a mí en consecuencia, pero, si decido ser fiel a lo que creo y se lo digo a pesar del daño que puede causarle… Esto me deja en un gran dilema. Y aún así, ya tengo mi respuesta, que aunque no me guste, sé que es la decisión correcta porque… Sé en lo más profundo de mí que la razón moral es la que nos hace humanos y, por lo tanto, debe ser cultivada en todos, sin distinción de género o clase. No se trata del dominio de la mujer sobre el hombre, ni viceversa, sino del respeto mutuo. Puedo proteger a Elörian y a sus sentimientos, pero no puedo protegerlo de todo lo que nos rodea porque no soy indestructible. Solo soy yo. Y creí que con eso basta.

Entonces también debo comprender y aceptar que he estado equivocada todo este tiempo, creyendo que Elthïfssir, Northdark o cualquier otro lugar iba a darme la perfección cuando ésta no existe. Elörian no es perfecto. Yo tampoco lo soy. No hay tal mundo inteligible, pero puede que la idea no esté del todo desviada, solo mal formulada.

Y tengo que admitirlo. Estoy rechazando una línea filosófica al decirlo, pero no tengo que negar sus demás ideologías por completo. Sigo creyendo que vivimos en una caverna, pero me niego a creer que existe la perfección de algo, porque por mucho que quiero ser perfecta ante los ojos del mundo, comprendo que no puedo tenerlo todo para salvarlo. He estado tan cegada creyendo en el mundo sensible y el inteligible, que por mucho que sueñe, tengo que ser consciente de que no es toda la verdad que existe. No es el único camino. Tampoco la única interpretación.

Así que no puedo proteger a Elörian del pasado, pero puedo acompañarlo a construir su futuro, porque se supone que soy su puente en esta alianza y negarle la verdad sería negar todo por lo que hemos trabajado para conseguir una posible vida que sea digna para todos.

Y siendo esto así ¿Cómo puedo guiar a las personas hacia la paz en un mundo maravillosamente imperfecto, si están rodeados de mentiras? No es justo. Northdark no es el mundo perfecto. Elthifssir no es el mundo perfecto.

Ambos son perfectos siendo imperfectos, porque incluso dentro de la perfección se oculta la imperfección y solo por ese hecho, es perfecto ¿Qué sentido tendría que todo fuese igual? El mismo molde, las mismas formas, los mismos pensamientos, las mismas creencias, las mismas soluciones, las mismas mentiras ¿Qué sentido tendría actuar igual que ellos? ¿Ocultando información para protegerlo? ¿De qué, de la verdad? ¿Y no es eso acaso lo que todos estamos buscando? No tiene lógica ocultárselo. Tampoco moral. Él merece saberlo y por mucho que le duela, al menos yo habré hecho lo que consideré correcto. Lo apoyaré. Lo sostendré. Seré su puente.

Lo encuentro sentado afilando una de sus dagas, lejos del grupo, como si nada más lo perturbara, aunque sé que eso no es verdad. No puedo creer lo regio y hermoso que se ve haciendo eso, pero ahora no es momento de contemplar la belleza de mi esposo, sino de enfrentar la realidad.

Nunca me gustó el hecho de considerarme cobarde.

– Elörian, creo que es momento de contarte algo importante.

Pero en situaciones como esta, siempre hay alguien al acecho que impide que las cosas necesarias sean dichas. Maldigo por lo bajo cuando viene Reiyán hasta nosotros en un paso muy apresurado.

– Ya están aquí.

Y en serio quiero gritar, sé que no es el momento pero aún así quiero hacerlo. Sobre todo, cuando Elörian me besó la coronilla de la cabeza y antes de marcharse me susurra de una manera para que yo nada más escuche.

– Hablaremos después de esto.

Si es que sobrevivimos.

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Ni siquiera hay un intercambio de palabras cuando los soldados del rey Arturo comienzan a rodearnos y nuestros hombres ya están en posición. En las manos tienen sogas, cadenas y sacos, supongo que para meternos allí una vez que seamos acabados.




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