La Razón Moral de Willa Thrimey

22

El camino de regreso estuvo tan lleno de cantos desafinados que por un segundo consideré tentadora la idea de arrancarme las orejas.

Nos tuvimos que detener cada tanto para ocuparnos de Kael, pero por todo lo demás, él estaba bien y nosotros también. Aunque mis oídos no tuvieron la misma suerte. Entre Reiyán, Theo y Bran se las ingeniaron para soltar entre gritos una canción que habían aprendido en una cantina, era lo más desafinado posible, con un horrible acento en el que parecían estar drogados y por un segundo temí por sus gargantas. Fisto, Lucas y Tadeo se unieron después de dos horas y Elörian se les unió cuando se dio cuenta que la canción era muy pegadiza.

El resto del grupo estaba atormentado por los cantos que, para este punto, parecían ser más gritos de mula, otros se reían e incluso otros bailaban.

Eran pocos los momentos de calma que teníamos, así que valió la pena cada segundo.

– … Y ahí viene la carabina… sus ojos no son de loca, le dice que quiere sangre y que le gusta clavar el diente… sshh… resulta que es un vampiro y viene a por su alma… al hombre se le abalanza, le mete dientes y saca garras… sshh… al hombre se le abalanza, le mete dientes y saca garras…

Ni siquiera puedo decir que tiene sentido, pero admito que es muy gracioso ver a Elörian cantando una canción de cantina y que sus hombres solo lo miran con una sonrisa de oreja a oreja. Es bueno verlo así. Verlo reír es tan… refrescante.

Y solo quisiera que toda esta alegría durara un poco más. Que fuésemos felices, pero sé que aún falta demasiado camino por recorrer cuando veo la tensión en los hombros de mi esposo apenas comenzamos a cruzar las puertas de Elthifssir.

Está tan agotado de esto que me aterra pensar que en algún momento puede perder permanentemente su hermosa sonrisa.

Esa sonrisa que a pesar de todo, brinda tanta calma.

Y aún así, veo como se apaga junto al brillo juguetón de sus ojos.

Sus hermosos ojos verde musgo.

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Pego un brinco en mi lugar cuando escucho un fuerte sonido de una puerta cerrándose en la parte de arriba del palacio. Suelto el aire que había retenido. No he podido dormir bien desde hace un mes, cuando ocurrió toda la situación en el bosque, pensando en el próximo movimiento de Arturo.

Los momentos de tensión se han vuelto más largos. Nuestros informantes no han dicho nada. No hay movimientos de nada, ni siquiera hemos escuchado sobre… nada. No han dicho nada.

Algunos dicen que ya se acabó, pero sé que no. Lo sé porque no puedo olvidar su mirada sobre mí. Era una mirada que prometía volver. Sé que aún está haciendo algo en nuestra contra y parece que Elörian y yo somos los únicos que opinamos lo mismo. El consejo cree que podemos estar paranoicos porque el silencio de todo esto debe ser respuesta suficiente para que el rey Arturo se haya cansado de jugar con nosotros al gato y el ratón.

A pesar de todo, ellos no nos creen. Dicen que lo que necesitamos es un descanso.

Y todo estaba… medianamente bien, hasta que esa niña elfa se acercó a mí, preguntándome la cosa más sencilla del mundo y en la que, de todas maneras, no supe qué decir por miedo a que yo tampoco supiera la respuesta.

– Mi reina ¿Qué es la felicidad?

Porque sé que últimamente no he estado del todo cuerda, sé que he fallado antes de intentarlo todo y sé que justo ahora no soy la más indicada para hablar sobre lo que es o lo que no es ser feliz, pero el hecho de que esta niña élfica me esté mirando fijamente después de semejante pregunta, hace que también me replantee sobre qué es lo que busco cuando hablo de la felicidad.

– La felicidad es ese estado en el que todo está en calma ¿sabes? cuando no tienes miedo, cuando aprendes a vivir con el dolor sin dejar de respirar tranquilamente, sabiendo que todo estará bien.

– ¿Crees que podemos vivir felices para siempre? – no puedo negar que su inocencia me estaba matando, pero tampoco negaré que prefiero ser cruel con lo que yo considero real a tener que mentir tan descaradamente.

Igual nunca se me ha dado bien interactuar con los niños.

– Creo que la felicidad viene de todo aquello que hace de corazón y que vas regando día a día como si se tratara de un árbol que necesita crecer con todas aquellas buenas acciones; no lo controlas todo, pero vas regando ese árbol en el que trabajas cada segundo; algunas veces se marchita, otras veces florece y otras veces está tan fuerte que ni miles de tormentas lo podrían derrumbar. No se trata del lugar al que llegues, sino de lo que cultivas… cada gesto, cada acto, cada verdad es el agua con el que riegas ese árbol, cuidas de sus raíces y la luz del sol bordea sus hojas. La felicidad sería ese proceso con el que, con tanto esmero, amor y dedicación cuidas tu árbol, ese pedacito que se convierte en tu mundo entero.

Y pensándolo así, día a día he trabajado en ese árbol… Siempre se trató de mis acciones y no solo de hasta dónde éstas me llevarían. Así que no solo recuerdo lo que mi alma ya sabía, sino que todo lo que he vivido también forma parte de las partes más profundas de mí y creo que, después de un largo sueño, acabo de despertar.

Conozco lo que conozco no solo porque lo recuerdo de alguna vida anterior a ésta, sino también por todas las cosas que he visto, las que he hecho y, que de alguna manera, me han llevado hasta donde ahora estoy.




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