La Razón Moral de Willa Thrimey

28

El bosque parecía saber lo que estábamos haciendo. Su silencio era tan denso que probablemente escuchábamos lo que la tierra susurraba a nuestros pasos.

Todos estábamos avanzando con cuidado, buscando la manera de soltar todas nuestras preocupaciones antes de infiltrarnos en el territorio enemigo en el que probablemente no saldríamos con vida.

A pesar de que todos nos seguían con sigilo, Elörian se rehusaba a soltarme la mano. Me sostenía con fuerza mientras su pulgar danzaba sobre ella, dándome el apoyo que necesitaba. A lo lejos vimos el inmenso castillo, el gran espacio rodeado por guardias, tal vez más hombres que la última vez que vinimos aquí.

Tomé a Elörian con más fuerza y nos alejé un poco del grupo – Ya hablé con Rogers – le susurré, mirando por encima de su hombro para ver si alguien nos escuchaba, pero todos estaban ocupados en sus asuntos. Aún así, no me confié. – Sabe qué hacer y estaremos listos por si algo falla.

– ¿De verdad crees que el traidor mostrará su cara?

– Es la única manera para que lo haga. Al ver nuestra resolución, sabe que ya no queda tiempo para traicionarnos. Tiene que hacerlo hoy.

– Sé que confías en Fisto y Bran, pero trata de cuidarte tú ¿Si? Yo tengo a más personas y más oportunidades de que el traidor esté conmigo pero tengo a otros que son mis aliados. Tú estarás allí abajo sola.

– Me mantendré alerta. Tú también, Elörian. Ten cuidado.

– Lo tendré.

Retomamos el paso junto a los demás como si nada, como si hubiésemos estado hablando de nosotros y no de un posible traidor. Era momento de que comenzáramos a adentrarnos a los túneles desde la entrada oculta que estaba en el bosque. Algunos de los hombres del grupo de Elörian comenzaron a abrirla mientras Bran, Fisto y yo nos ajustábamos la ropa, armas y botas.

Cuando estábamos por entrar, Elörian me detuvo y besó mis labios en un gesto rápido.

– Vuelve a mí, amor mío.

Besé sus labios con ahínco antes de soltarlo a regañadientes para comenzar a bajar por la portezuela redonda del túnel.

– Lo haré.

*--†--*--*--*--*--†--*--*--*--*--†–*

Los túneles estaban silenciosos. Hacía un par de meses que dimos con la entrada de ellos en el bosque, de ahí en adelante pudimos explorarlos y crear una estrategia en base a eso. Aunque a veces no todo sale como queremos, mi esperanza estaba al galope. Necesitaba terminar con todo esto de una vez por todas.

Era un bien necesario.

El silencio nos cobijaba en la oscuridad. Bran era el que tenía la antorcha e iba adelante, Fisto le seguía de cerca mientras miraba a cada rato por encims de su hombro para ver si yo los seguía. Me había repetido casi que a cada segundo que tuviese cuidado por dónde pasaba, que no me alejara demasiado, que no me quedara atrás porque no sabíamos quién estaría rondando.

Parecía algún tipo de hermano sobreprotector, más que un soldado.

En sus ojos se veía el terror de lo que se avecinaba, Bran no había dicho ni una palabra desde que salimos. Estábamos algo preocupados por él y su aire tan meditabundo, como si de alguna manera estuviera bloqueando sus sentimientos ante nosotros.

Me preocupaba que no quisiera hablar con nosotros, pero dejamos que siguiera su marcha en paz, aunque no quisimos alejarnos demasiado.

– ¿Has hablado con Dorothea estos días? – por su resoplido, supe que no.

– A veces creo que detesta mirarme.

– No te angusties, Fisto. – Tomé su hombro en mi mano y lo apreté – Para ese punto es normal que tu esposa deteste hasta la manera en la que respiras. Yo no me lo tomaría tan personal. – supe que mi comentario le hizo sentir mejor cuando sus hombros perdieron tensión.

– Ella es un caos desatado, pero si, digamos que estos días solo se ha quedado por todo, llorado por nada y me tira las cosas si digo algo que no le agrada.

En un punto dado, perdimos de vista a Bran, ya que todo se quedó oscuro repentinamente – ¿Bran? – llamé comenzando a mirar hacia todos lados para ver si distinguía su silueta, pero solo ví agua y paredes resbalosas. La única señal de Bran era la antorcha que estaba sosteniendo, ahora estaba en el agua.

– ¿Bran? – está vez, fue Fisto quien habló.

Pero no hubo respuesta. Bran no contestó.

– Fisto ¿Dónde está él? – en cuanto volteo hacia él, escucho un sonido de metal a lo lejos – ¿Qué es…? – pero antes de terminar la pregunta, siento un cuerpo derribándome mediante un golpe en las piernas. Mi espalda golpea la pared con un sonido sordo. – ¿Fisto? ¿Qué… Qué haces? – está de pie ante mí. Golpea mi mejilla con su guante de hierro, escupo sangre. – ¿P-por qué?

– ¿Por qué? Porque es mi deber.

– ¿Cómo se te ocurre hacernos esto? ¿A Elörian? ¿A Thea? ¿A tu pueblo? Confiábamos en ti.

– Por favor, Willa. Abre los ojos. ¿De verdad crees que todo esto es justo? Ellos no tienen ni idea de a lo que nos enfrentamos y ahí vienes tú, diciendo que podemos ser mejores cuando solo es pura palabrería barata sobre la paz y la bondad. ¡No existe, Willa! La vida es cruel, siempre lo ha sido y el hecho de que sigas confiando en todo esto te hace más ciega que cualquiera. El hecho de que le des falsas esperanzas a nuestro pueblo, siendo solo una extranjera y que ellos te digan como si tú tuvieses todas las respuestas cuando yo apenas comenzaba a ser notado ¡Lo arruinaste todo!




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.