La Razón Moral de Willa Thrimey

29

Llegamos al salón donde se suponía que teníamos que reunirnos, Elörian y sus hombres ya estaban en la posición acordada, al igual que Karl y Reiyán… y saber que nos estamos enfrentando a una muerte segura.

– ¡Detengan todo! – Bran y yo llegamos justo a tiempo. Todos se quedan en un silencio atónito, esperando por lo que tengo que decir mientras Bran cierra la puerta de la entrada de las mazmorras para bloquearles el paso a los hombres de Arturo – ¡Esto es una trampa! Tenemos que irnos ya. – veo como mi esposo se baja de su lugar y corre hacia mí para tomarme la cara y revisarme la mejilla con los ojos llenos de desesperación – Elörian, Fisto… él era el traidor. Se lo dijo. El rey y el Barón saben que estamos aquí.

– ¿Qué hacemos, mi rey? – la voz de Bran llegó hasta nosotros de manera atronadora, pero en sus ojos se veía la clara traición, tan arrolladora.

– ¿Cómo se lo diremos a Dorothea? – quise llorar por la desesperación apenas expresada – Ella no lo soportará.

– Justo ahora no podemos salirnos del plan, mi reina. – Reiyán llega hasta nosotros con Kael y sus hombres pisándole los talones – El rey ya viene.

– Y sus hombres ya están en las puertas. Estamos rodeados.

– No. Aún no. – fui hasta el pasillo en el que me escondí varias veces cuando me infiltré. Eran los pasillos que daban hasta el despacho del rey – Quiero que se vayan de aquí.

– ¿Qué? – todos comienzan a murmurar y a contradecirme, pero no dejaré que se sacrifiquen. No lo permitiré – No la dejaremos, Majestad. No nos rendiremos. – los ojos de Reiyán comienzan a llenarse de lágrimas, pero mi decisión ya está tomada. Elörian y yo sabíamos los riesgos. No pensábamos dejar que más gente inocente muriese.

– No está a discusión. Ustedes vayan por allí, llegarán a uno de los cuartos cercanos al despacho del rey. Él estará aquí para vernos a nosotros. Los quiere a todos, así que no tendrán mucho tiempo. Hay un balcón en su despacho, pero como el Barón y sus guardias estarán pendiente de este lado, tienen chance de quince minutos a partir del momento en que nos atrape. – veía la reticencia de Reiyán de seguir mi orden, pero después de mirar hacia sus compañeros, solo asintió, aceptando la derrota – Protéjanse unos a otros. Les conseguiré tiempo.

– Pero mi reina… – Bran parecía reacio a seguir mi orden. Con toda la razón, sinceramente. Sus líderes se iban a sacrificar por ellos, pero como dije, Elörian y yo conocíamos los riesgos. Habíamos repasado esto un millón de veces – No hay un plan fijo.

– Tendremos que improvisar.

– No tenemos una estrategia.

– No. No la tenemos. Bran, trata de llevarte a todos los que puedas. Quiero que nos dejes.

– Mi reina…

– No vamos a arriesgar sus vidas, Bran. – Elörian y yo estábamos preparados para esto. Lo habíamos repasado muchas veces. Necesitábamos ganarles tiempo.

– Pero…

– Corre, Bran ¡Ahora! – al igual que Reiyán, asintió con derrota. Antes de irse con todo el grupo mientras escuchábamos a los soldados de Arturo detrás de las puertas, tomé su hombro y lo apreté.

– ¿Y Bran?

– ¿Si, señora?

– Fue un placer tenerte a mi lado.

– Ahora, vete.

*--†--*--*--*--*--†--*--*--*--*--†--*

Al momento en que el último hombre cruzó el pasillo, Elörian utilizó su poder para bloquearlo con ramas gruesas para que no pudieran pasar y capturarlos.

Segundos antes de ir a su posición, agarró mi mano y me dio un beso en los labios – Jamás olvides lo mucho que te amo – susurró mientras apoyaba su frente en la mía y escuchábamos como empezaban a golpear las grandes puertas.

– Siempre fuiste mi refugio, Elörian – le devolví el beso mientras mi vista comenzaba a nublarse y comenzaban a correr las lágrimas – Te amo.

Y después de un beso breve pero que lo significó todo, comenzamos a alistarnos según nuestro plan. No sabíamos si iba a funcionar, pero sabíamos que no estaba demás intentarlo.

Elörian se puso en la parte de arriba, camuflándose con la oscuridad mientras yo me quedaba en medio del salón. Derribaron la puerta y yo sólo levanté los brazos a modo de rendición, mientras miraba, esta vez más cerca, más real, la llegada de Arturo. Su porte regio y autoritario. Su semblante victorioso mientras mi alma estaba temblando.

– No trato de justificar tus acciones y tampoco busco comprenderte porque por más que intente hacerte entrar en razón, dudo que de verdad quieras escucharme. – dije apenas lo suficientemente alto como para que él me escuchara.

– En eso tienes razón, pequeña, no quiero escucharte – veo hacia el frente, hacia su mirada macabra y calculadora, mientras trato de ignorar el movimiento de Elörian desde las sombras. Los soldados del rey se quedaron muy atrás, viéndome como alguien inofensivo para su regente.

– Pero solo te pido que pienses en el daño que estás haciendo, en todas las vidas que has estado consumiendo por tu búsqueda de poder. – no me moví de mi lugar. Mis manos temblaban. Mi corazón estaba en plena guerra contra mi cuerpo, queriendo salir de mi pecho.

– Todos ellos deberían agradecerme; sin mí no existiría la esperanza de un mundo mejor.




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