– ¡Detente! – grité mientras lloraba con angustia al escuchar los sollozos desesperados de la elfa. – Por favor, detente ¡Déjala en paz! – los gritos de la elfa comenzaron a ser cada vez más fuertes. Más desesperados. Su piel estaba tornándose grisácea. Sus manos estaban perdiendo el control.
Ella estaba desvaneciéndose. Su alma estaba quebrándose.
Lloré con terror en mis huesos al ver de nuevo la barra de hierro adentrándose al fuego mientras agarraba su característico color rojo y el soldado volvía a ponerlo en la espalda de la elfa.
– Detente – susurró ella, pero no pudo decir nada más cuando su cuerpo volvía a colisionar de dolor una vez más.
– Eres un monstruo – grité con más fuerza. Forcejeé con las cadenas que me acaban contra la pared, pero era inútil. Estaba de rodillas, con las manos esposadas en la espalda y estás tocando la pared detrás de mí ¿Qué podía hacer yo? – Pagarás por todo lo que estás haciendo.
– ¡Cállate, reina de nada! – me gritó de vuelta mientras me miraba y luego volvía a poner el hierro caliente en la espalda de la mujer.
Lloré por no poder ayudarla. Sentía que mi cuerpo comenzaba a agrietarse y mis fosas nasales parecían querer cerrarse. Me estaba dando un ataque. – Suéltala, por favor. – lloré con tanta rabia – ¡Suéltala! – pero un silencio sordo me hizo levantar la cabeza.
Su cuerpo estaba inerte. Su respiración ya no estaba. Su piel ahora estaba completamente gris, sus ojos hundidos y su cabello ahora opaco.
Ella no pudo resistir.
Otro elfo se quebró ante mis ojos.
Con ella, ya iban nueve en tres días.
El soldado se rió con fuerza, agarró su cuerpo como si se tratara de un saco de papas y dio marcha para salir de la celda, cerrando la puerta con tanta fuerza que temblé en mi lugar. Solo miré al suelo, no había ventanas, no había claridad y solo abrían esa bendita puerta para darme unas migajas de pan y leche cuarteada. Algunos de los soldados a veces solo jugaban con la comida delante de mí y no me daban nada.
Nunca me imaginé como un prisionero de guerra. No sabía nada de Elörian, solo que aún estaba con vida, pero entre los murmullos de los guardias, supe que que el rey estaba buscando de él la información sobre los amuletos.
El rey creía que Elorian los tenía.
Me agaché en mi sitio, mi frente tocando la tierra y con las lágrimas corriendo por mis mejillas, solo pude recordar lo que me dijo Phoebe si en algún momento necesitaba ayuda, pero parecía que nadie me escuchaba. Esta vez, sin embargo, quise creer en todo, en mí, en Rea, en mi alma, en mi resistencia.
– Por favor, madre tierra – le susurré, tal cual me había dicho ella – Adviértele. Dile que es el momento que estábamos esperando. – lloré con más fuerza al recordar el cuerpo sin vida de la elfa que se habían llevado – Necesito tu ayuda.
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Un impacto de líquido frío me despertó, provocando que soltara un grito. Cuando abrí los ojos, vi al guardia, Lester, frente a mí con una sonrisa sardónica y el tobo que antes tenía agua fría en sus manos.
– Tienes visitas, pequeña.
Temblé en mi sitio al imaginar que sería el Barón. No se ha asomado aquí desde mi captura. Tampoco el rey.
Mi sorpresa llegó cuando vi a la figura encapuchada ante mí y la sorpresa unida a la decepción traspasaron nuevamente mi corazón.
– Veo que te hicimos la suficiente falta como para que vengas aquí, pero lo que me sorprende de sobremanera es que estés intacta de pies a cabeza mientras todos aquí son torturados y masacrados, princesa.
– ¡Oh Willa, basta! Creí que hacía mucho habíamos dejado de lado las formalidades.
– ¿Tu hermano lo sabe? – por su sonrisa engreída, supe que sí. Mi corazón se resquebrajó al imaginar la impresión de mi esposo al saber que su propia familia conspiró en nuestra contra.
– Es muy fácil subestimar a las mujeres solo por ser mujeres. Si creías que Elthïfssir era diferente a Northdark en eso, estás muy equivocada.
– ¿De qué hablas? Elörian valoraba tu opinión tanto como la mía.
– Pero él sigue siendo el rey ¿No? Un rey en vez de una reina, aún cuando yo soy la primogénita. Aún cuando mi madre se revolcó con ese conde de pacotilla, aún cuando me he preparado desde que tengo memoria, ella prefirió que educaran a mi hermanito para reinar.
Es allí cuando lo comprendo.
– Siempre has sido tú ¿No es así? Fisto y tú estuvieron juntos en todo esto. Él tenía sus motivos. Tú tenías los tuyos. Ambos se unieron por el mismo objetivo pero por diferentes razones, él tenía miedo y tú, como cualquiera de estos hombres ridículos, solo buscas poder ¿No? … Por eso no hiciste nada cuando nosotros estábamos en el bosque mientras buscábamos a Hécate, porque si nos enterábamos de tu traición, Fisto estaría en nuestro poder, no en el tuyo.
– Por eso y por el hecho de que Hunter no me quitaba los ojos de encima. – miró sus uñas con desdén – El muy idiota se estaba metiendo en donde no debía.
– Así que decidiste cerrarle la boca.
– Iba a contarles la verdad a ti y a Elörian ¿Qué esperabas? Cuando nos descubrió conspirando, tuvimos que amenazarlo con aniquilar a su familia. Fue muy fácil cerrarle la boca, pero era un reloj roto, en cualquier momento iba a querer hablar.
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Editado: 22.03.2026