La Razón Moral de Willa Thrimey

31

Otro grito sale de la garganta del elfo. Es el número cuatro en este día. Por ese último grito, sé que ya no puede seguir luchando.

Él se está desvaneciendo.

– Te juro que pagarás por esto. – susurré con cansancio al ver cómo el soldado de hoy se detenía finalmente con una sonrisa plasmada en el rostro.

– Rambat hubiese estado orgulloso, pero ahora que está muerto, me toca impresionar a Smith ¿Qué dices? Me está saliendo muy bien el dar miedo ¿No? – lo miré sin poder creer la magnitud de su mezquindad y antipatía.

– ¿Realmente estás preguntando eso? Debes estar bromeando ¿Qué tan retorcido debes estar para disfrutar el sufrimiento de otro? Me das lástima. – un golpe en la mejilla me hizo soltar una risa nasal. – Aparte de ser un completo cobarde ¿Quieres saber si das miedo? No, no lo das, porque lo único que produce tu actitud estúpida es pena. – otro golpe, bufé.

– Eso te ayudará a mantener la boca cerradita. – su voz salió amenazante. Supe entonces que le había tocado un nervio.

– ¿Qué? – me burlé después de escupir sangre cerca de sus botas – ¿Tanto te duele saber que a los ojos de ellos eres sólo un ser insignificante? ¡Qué dolor! Saber que estás demostrando tu supuesta valía y que en cualquier momento solo te reemplazarán – su mandíbula apretada me respondió más de lo que pudo haber hecho sus palabras – ¿Es así cómo quieres vivir? Tratando de compensar a todos con acciones que jamás serán valoradas porque a sus ojos solo eres una plaga insignificante y carente de inteligencia ¡Y aquí estás, preguntándome si con esto me das miedo! – grité, comenzando a sacar toda la rabia de mi sistema, recordando a cada elfo que vi ser torturado hasta la muerte, recordando mi frustración y mi dolor. – No eres nada para ellos y aún así, intentas impresionarlos con acciones que sabes que te llevarán a la perdición – me reí más fuerte, sin humor, pero valió la pena ver la ira en sus ojos. Saber que lo herí me otorgó la satisfacción que necesitaba. – Solo por eso no puedo sentir nada más por ti que no sea lástima, porque no solo eres un hombre malo, despiadado y desleal… sino que con todo esto me demuestras que no tienes la capacidad ni la valentía para luchar por lo que realmente es correcto. Prefieres refugiarte como un completo cobarde, creyendo que das miedo mientras solo dejas ver tu completa incompetencia.

Vino hacia mí para darme otro bofetón, pero en eso, su rostro se transformó en completa frustración y se echó hacia atrás.

– No sabes lo que dices. Solo eres escoria.

Me dio la espalda mientras comenzaba a dar pasos largos y enojados.

Cuando cerró la puerta de un golpe, pude respirar con tranquilidad, procesando el hecho de que no tenía que haberlo provocado, pero había dicho hace mucho que no volvería a quedarme callada.

– Sigo esperando tu respuesta, madre tierra – susurré mientras me inclinaba hacia el piso, siendo este mi ritual en todo el tiempo silencioso y oscuro que ahora era mi compañía – No pienso rendirme.

Tampoco pienso quedarme callada.

Aunque eso me llevara a mi fin, seguiría luchando por lo que creía.

Eso no lo cambiaría, ni por muy rota que estuviera.

*--†--*--*--*--*--†--*--*--*--*--†–*

Un estruendo en la puerta hizo que me despertara de golpe. Alcé la vista hacia esa dirección, soprendiéndome al encontrarme con unos peculiares ojos grises.

– Llegas tarde – dije con mofa, mientras veía como ella se acercaba a mí y comenzaba quitarme las ataduras con los hilos plateados saliendo de sus dedos.

– Estás de suerte de que la madre tierra hizo su mejor intento de advertir con tiempo… por cierto, luego me contarás los detalles – dijo como si nada mientras tomaba mis mejillas entre sus manos para revisar mis magulladuras – ¡Ese desquiciado! Tenía que haberlo hecho sufrir más.

– ¿Dónde está Elörian?

– Creo que está bien.

– ¿Crees? ¿Dónde está él, Phoebe?

– Aún no lo sé – suspiró – lo último que supe fue que están buscándolo y yo quise venir por ti. Han pasado muchas cosas en una semana, Willa. Cuando se enteraron de que tú y Elörian habían sido capturados, todos hicieron cosas muy locas – me informa mientras me da una cubeta para limpiarme apresuradamente.

– No sabía que había pasado una semana. – el desgaste que siento en mi cuerpo se siente como si en algún punto fuese a partirme como una porcelana. – ¿Qué sucede con Dorothea? ¿Sabe el pueblo que es una traidora? – me comencé a quitar la bata asquerosa y comencé a deslizar por mi cuerpo la ropa que ella había traído para mí.

– No, no sabía que ella era la traidora, aunque lo sospeché cuando tus hombres dijeron lo que Fisto había hecho. Ahora me lo confirmas, gracias. La manzana podrida no se aleja mucho del árbol y por lo que sé, los dos eran de esos esposo inseparables que causan diabetes. Era imposible que uno fuese el traidor sin que el otro lo sospechara… solo digo – se encogió de hombros como si lo que estuviese diciendo se tratara del clima y no de dos traidores a la corona élfica.

– ¿Y ahora qué? ¿Qué piensan hacer?

– Eh… sobre eso, puede que ella se haya auto posicionado como líder en tiempos de crisis y le haya dicho al pueblo que ella y Smith planean unir fuerzas para derrotar al rey Arturo. Dieron un discurso escueto sobre terminar la guerra y unificar los amuletos para asegurar la paz. Lo más lógico es que ambos traidores lo tenían todo este tiempo. Smith se lo quitó al conde, después de todo, fue él quien lo traicionó y por lo que deduzco, el otro pedazo del amuleto estaba en el palacio y Dorothea lo consiguió y escondió.




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