La Razón Moral de Willa Thrimey

32

El pueblo había capturado al Rey.

¿Cómo fue posible?

No fue Dorothea.

No fue Smith.

Fue el pueblo. Decidió salir de la cueva y luchar por sus derechos. Logramos todo esto.

Y aún no podía creerlo.

– ¿Hablas en serio cuando dices que lo tienen? – aún estaban posicionados en el bosque. Habían montado una defensiva y ahora estaban armados casi que hasta los dientes para enfrentarse a Smith, Dorothea y sus soldados.

Después de tanta incertidumbre. Miedo. Decepción. Al fin teníamos ese rayo de esperanza que tanto habíamos estado buscando.

Con Arturo capturado y teniendo un plan de ataque hacia los dos traidores que nos faltaban, todo esto iba a terminar.

Y fue gracias a que el reino abrió los ojos. Al ver a todos ellos montando la ofensiva, supe que lo hacían por un cambio, por algo bueno para todos.

Habían decidido salir de la caverna, después de todo.

– Lo hicimos, mi reina. – quise abrazar a Bran, realmente lo quise. Habían enfrentado sus miedos.

Miré a todos y cada uno de mis aliados, valorando su fortaleza, comprendiendo sus esfuerzos, entendiendo sus miedos y ahora su convicción para crear algo nuevo.

Después de esto no se iban a dejar intimidar por nadie más. Habían demostrado su valía y firmeza ante una gran adversidad.

Ellos habían decidido cultivar su propio árbol.

Estaba tan orgullosa.

– ¿Willa? – por fin pude escuchar su voz. Mi pecho comenzó a acelerarse a cada segundo mientras comenzaba a mirar a mi alrededor con ansiedad.

Me detuve en seco cuando lo vi a lo lejos. Mi corazón se volvió loco. Mis piernas reaccionaron por sí solas. Comencé a correr hacía él. Él comenzó a correr hacía mí. Nos encontramos casi a mitad de camino.

– Elörian – mi voz comenzó a agrietarse cuando lo abracé con desesperación. Él me tomó con fuerza y me atrajo hacia él, viendo el anhelo en sus ojos, sintiendo que nuestro amor crecía con cada respiración.

– ¿Estás bien? Willa, déjame verte – revisó cada parte de mi cuerpo a través de la ropa, sin importar que nos estuvieran viendo. Sin importarle demostrar su miedo por si yo estaba herida de gravedad.

– Estoy bien, Elörian. No me hicieron nada que no pudiese soportar.

– Sé que eres fuerte, siempre lo has sido, preciosa. – vi como sus ojos me dirigieron tanto amor y cariño – Estás bien – susurró, volviendo a abrazarme – Estás bien.

– ¿Tú estás bien? – salí de mi estupor por su atención a mí, centrándome en sus heridas. Tomé sus mejillas, su ojo izquierdo estaba morado, su labio partido y su ceja rota. Había más moretones en la mandíbula y algunos trozos que pude ver estaban del mismo color. Sentí tanta rabia. Quise justicia y, tenía la esperanza, de que después de todo, esa justicia llegaría.

– Estoy bien – susurró – Te extrañé tanto, amor mío. – recorrió mi cara con sus manos. Pude ver la ira y el dolor atravesar sus rasgos cuándo miró nuevamente mis moretones en el rostro.

– Te amo, Elörian. Te amo tanto. – lloré en sus brazos, sin siquiera importarme que nuestros hombres nos estaban mirando. – Ha sido una tortura… todo este tiempo. Temí que te asesinaran… temí… – me corté cuando dejé salir un sollozo.

– También te amo, Willa. Te amo tanto que dolió no haber sabido nada de ti en todo este tiempo. Terminaremos la guerra, el pueblo está con nosotros. – juntó su frente con la mía – Todo esto ha sido gracias a ti.

– Gracias a los dos, Elörian. Ambos trabajamos para esto.

– Y seguiremos adelante. – besó mi frente con ahínco – Juntos.

– Juntos.




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