La Razón Moral de Willa Thrimey

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– Eso no está bien.

– Mi reina, pero él merece la pena de muerte.

– Sigue siendo un ser digno de vivir, asesinarlo solo nos hará iguales a él.

– Ese hombre carece de buena voluntad, sus principios y valores equivalen a caos y destrucción.

– Con todo respeto sus majestades – está vez fue Tadeo quien habló – y lamento mucho lo que diré, rey Elörian, pero los tres son traidores a la vida. Arturo, Smith y la señorita Dorothea. Los tres contribuyeron a masacres sistemáticas de los nuestros. Dejarlos vivir es un riesgo para todos.

– ¿Y qué diría eso de nosotros? Si les aplicamos pena de muerte ¿En qué nos estamos convirtiendo?

– Sé que mi hermana está en ese grupo, Kael, así que lo más probable es que para muchos yo me deje guiar por mi amor a ella, pero comparto la misma opinión que mi esposa. Queremos que esta nueva era represente la justicia, no la opresión o aplicar la pena de muerte por errores catástroficos. Eso significa seguir una línea de masacre. Nos prometimos no llegar a eso.

– Nunca quisimos eso para nuestro reinado.

– Pero prometemos que se obtendrá la justicia – en un gesto corto, Elörian tomó mi mano y la besó, luego la dejó en su sitio y siguió hablando – No dejaremos que ellos vuelvan a hacer daño. Cada ser que falleció por todos sus actos merece obtener justicia y la tendrá.

– Ellos se condenaron a la soledad de una prisión con sus acciones erróneas y destructivas. – los miré a todos, uno por uno para profundizar la magnitud de la situación – Y al igual que ellos, también mi madre, quién fue la asesina del que alguna vez creí que fue mi padre, obtendrá un destino parecido al de ellos. Debido a los testigos y a un llamado a los forenses, se descubrió que la ex baronesa fue la causante del envenenamiento del Duque Thrimey. Sus hijas no tienen nada que ver con las acciones de su padre, así que ellas quedan libres pero alejadas de la Corona.

– ¿Estamos todos de acuerdo? – Elörian sostuvo mi mano de nuevo. Todos se miraron entre sí mientras asentía con la cabeza. Uno de ellos habló:

– Se entiende el hecho de eliminar la pena de muerte para no crear un nuevo temor. – argumentó Kael desde su posición. Dándome un pellizquito juguetón en el hombro que pasó desapercibido pero que me hizo rodar los ojos con una sonrisa.

– Y lo aceptamos con honor. – Kaesar, quien había dejado su trabajo en el castillo, me miró con una esperanza que me descolocó. Comprendía entonces que muchos se habían acostumbrado a un mundo corrupto. Ver esta nueva oportunidad era un gran cambio.

Un nuevo comienzo.

Mi corazón me gritaba que Kael tenía un punto, yo también anhelaba la justicia, pero ¿Qué es la justicia, si no se da siquiera un mísera oportunidad para redimirse? Mi mente grita que él sigue siendo digno de respirar a pesar de todo el daño que ha hecho, merece vivir solo por el hecho de existir. No puedo arrebatarle eso y luego fingir que no merecía respirar el mismo aire que el mío.

Esa no soy yo.

Lo importante era que, a pesar de todos los horrores, todos los tiranos recibieron lo que merecían. Mi madre, mi padre, Arturo, Dorothea… cada ser que utilizaron y rompieron recibió lo que merecía y a falta de su poder, ya no dañarían a nadie más.

Cada uno había contribuido a ello y el hecho de que entregaran su inmortalidad o cambiaran sus costumbres no los hacía vulnerables, sino conscientes de que cada cambio trajo consigo un método de transformación en el que su alma se perfeccionaba, a su manera, a su ritmo. De esa manera, existía ese equilibrio del alma tripartita en el que todos construimos nuevas bases para una vida justa.

Así que negarle la posibilidad a estás personas de restaurarse, para mí, es como si tirase todas mis creencias hacia una carreta para que sean machacadas por sus ruedas.

Mi corazón me grita una cosa y mi mente me grita otra, pero hay algo con lo que siempre decidí vivir: mi brújula interna siempre apuntaría hacia el Norte y mi Norte siempre se trató de mi razón, mi deber, no por obligación sino por voluntad propia.

No cambiaré eso ahora.

Y es en ese preciso momento en el que mi corazón y mi mente están de acuerdo.

Ya no se separan y ambos gritan al mismo tiempo corriendo hacia la misma dirección.

No fallaré a mis convicciones, solo por temor a no volver a ser escuchada.

Él estaba sentado como si nada le importara, como si dos pueblos enteros no le odiaran.

– Estás haciendo lo correcto – Phoebe me susurró sin apartar la mirada del antigüo rey Arturo.

Y aún así, en su mirada se le veía el miedo a morir.

Y el miedo es el que a veces impulsa nuestras acciones.

*--†--*--*--*--*--†--*--*--*--*--†--*

Después del juicio, Phoebe se había marchado a su hogar junto con su esposo, mientras que todos se reunían con sus familias y seres queridos, Elörian se mantuvo firmemente callado y yo no me atreví a articular palabra alguna en la privacidad de nuestra habitación, aunque mi mente seguía pululando, pues la certeza es un cristal, entonces la transformación sería una grieta que se esparce hasta que ese cristal se rompe en miles de fragmentos de diferentes formas y tamaños.




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