Caelum
Me levanto como todos los días sobre las siete de la mañana y me voy directo al gimnasio para hacer mi rutina diaria de ejercicio, mientras bajo las escaleras que conducen al sótano donde está el gimnasio no dejo de pensar en la tenue luz que se podía ver desde mi habitación en la ciudad en ruinas del antiguo reino.
Decido que es mejor no darle más importancia y me dirijo allí sin más pensamientos en la cabeza. Cuando llego lo primero que hago es preparar la música sin que esté muy alta para no despertar a nadie y empiezo mi rutina.
Un rato después acabo con la rutina y me dirijo a darme una ducha para empezar el día que tiene pinta de que va a ser largo y un coñazo.
Bajo las escaleras después de una buena ducha y me encuentro como todas las mañanas a mis padres en la cocina haciendo el desayuno y preparándose para ir a trabajar.
-Buenos días- digo sin mucha alegría ya que hoy no estoy de buen humor.
-Buenos días, ¿estás bien hijo?- preguntan a la vez, preocupados.
-Sí, solo estoy algo cansado y me da que va a ser un día largo.- no miento, no he dormido bien porque hay una pelirroja que no sale de mi cabeza últimamente, y por la puñetera luz que me sigue preocupando.
-Intenta no exigirte demasiado, aunque se te pueda hacer algo difícil, no te olvides de que, aunque eres un guardián no debes dejar de preocuparte por ti también.
-Tranquilos, solo ha sido una mala noche.
Sin más explicaciones por mi parte decido que es buena hora para irme de la cocina y empezar mi rutina como guardián. Cuando llego a la fuente está todo en orden como regularmente debería estar, lo único que sí que encuentro es al sabio de las runas que es el único de los sabios mayores que por sus poderes o conocimiento no sé muy bien cuál de las dos es puede entrar.
-¿Que te trae por aquí sabio?- pregunto ya que no es usual verlo y menos por las fuentes de energía.
-No sé si viste la luz que salió ayer de la ciudad antigua de la capital del bosque prohibido, pero allí se albergaba la fuente de tu clan antiguamente- esa explicación hace que se pongan los pelos de punta y me pregunte si es que le ha pasado algo al flujo de magia- pero no te preocupes, el flujo de magia está intacto, lo que confirma que la extracción no dejo rastros que se pudieran contaminar.
-¿Es cierto que fuiste tú el de la luz tenue de anoche?-pregunto con algo de nerviosismo y con un nudo en el estómago.
-No es que fuera yo mismo, al ver la luz procedente de allí intuí que algo no iba bien y por tanto fui a mirar que era lo que estaba pasando, entonces vi lo que precisamente esconde la barrera, a los " Nhar'Vhul ".- no entendía a que se estaba refiriendo y tampoco sabía lo que era eso.
-Dentro de una hora, cuando acabes de revisar el flujo reúnete con los otros guardianes en el Claro de la Noche Eterna para una reunión urgente.- no dice nada más y desaparece.
Como no podía ser de otra forma una hora después estaba en el Claro de la Noche Eterna, y estaban todos allí, sin embargo, me di cuenta de que no sabía porque estaban allí y eso me ponía más nervioso e hizo que me preguntara porque nos estaba tocando toda esta situación a nosotros solo tres meses después de convertirnos en guardianes.
El sabio de las runas fue el último en llegar y no solo vino el, sino que vino el sabio mayor de cada uno de nuestros clanes, eso no era normal y fue entonces cuando todos nos pusimos tensos y nos empezamos a preguntar qué era lo que estaba pasando, ya que, aunque había nombrado algo en lengua muerta no había entendido nada de lo que les había dicho el anciano antes cuando vino a verme.
-Os he hecho llamar porque hay algo que debéis saber, Egiras no es ahora nuestra mayor amenaza, en la ciudad del bosque prohibido, o lo que era, antes de la gran caída el reino de Elariron, han surgido los Nhar'Vhul, criaturas ancestrales peligrosas corruptas que arrasan todo a su paso sin importar que sea.- me quedé helado, no había palabras para describir la sensación helada que recorría mis venas.
-Espera, como es posible, mis predecesores se encargaron de eliminarlos.- dijo la guardiana y la ira me invadió.
-¡CÓMO ES QUE SABES QUE SON ESAS COSAS!- la ira nos engulló a Keixas, el elfo de agua y a mí.
-¡COMO PUEDE SER QUE UNA GUARDIANA SUPIERA DE LA EXISTENCIA DE SERES PELIGROSOS Y ANCESTRALES Y NO NOS HAYA DICHO NADA AL RESTO!- Keixas estaba furioso y lo entendía, pero los guardianes no guardamos secretos por voluntad propia.
-Lo primero, no hace falta que me gritéis, no estoy sorda; lo segundo, ya sé que debería habéroslo contado, pero nos encargamos e exterminarlos hace décadas, no veo porque era relevante avisar sobre algo que ya estaba muerto.- la calma con la que habla no es normal en ella, no sé si es que está pensando en cómo deshacerse nuevamente de esas cosas o es que no tiene ni idea de cómo hacerlo.
-Bien ya basta, lo primero es que no hay que echarle culpas a nadie, ya sabes que las cosas siempre suceden como tiene que ser y no sé cuál es exactamente la razón por la que esas criaturas ha vuelto- el sabio de las runas sabe más de lo que está contando y puede que esto haya sido obra del renegado de Egiras y no quiere preocuparnos más de lo que ya estamos- pero se cómo sea hay que acabar con ellos.